Braxton se asomó con cuidado por la puerta entreabierta. Al comprobar que Sage y Lena no estaban, se animó a entrar en la habitación. Avanzó con pasos lentos, intentando no hacer ruido, pero aun así la madera del piso crujió bajo su peso.
Sus ojos se dirigieron hacia la cama donde Chase y Diana descansaban profundamente. Permaneció allí, inmóvil al pie de la cama, observándolos en silencio.
Intentó recordar un solo día en el que no hubieran estado juntos, pero le resultó imposible. Toda su vida había sido así: los tres, siempre los tres. Durante años había dado por sentado que nada cambiaría.
Y ahora, de pronto, sentía que había llegado el momento de hacer algo distinto.
Algo que debía hacer solo.
Se acercó al lado de Chase y se sentó en el borde de la cama con cuidado.
—No sé si lo que voy a hacer es lo correcto… —murmuró Braxton, mirando hacia la ventana—. Pero voy a intentarlo.
Sus ojos volvieron a Chase.
—Si estuvieras despierto, sé que vendrías conmigo.
Soltó un suspiro largo, cargado de resignación.
—Quizás es mejor así… esto debo hacerlo solo.
Luego se giró hacia Diana.
La contempló en silencio.
Lo que sentía por ella era real. Profundamente real. Pero cada vez que lo pensaba, una parte de él insistía en que no la merecía.
—Lo siento —murmuró apenas—. Lo siento mucho.
—¿Por qué te disculpas?
La voz de Sage lo sobresaltó.
Braxton no giró de inmediato. En realidad, no tenía ningún deseo de hablar con ella.
—No estarás planeando hacer alguna tontería —continuó Sage mientras entraba a la habitación y dejaba algo sobre la mesa con suavidad.
Braxton suspiró.
—¿No estabas enojada conmigo? —se pasó la mano por el rostro, cansado—. Por no decirte lo del vínculo.
Sage se llevó una mano a la barbilla, fingiendo pensarlo.
—Lo estoy —confirmó finalmente—. Bastante, de hecho.
Luego lo miró con atención.
—Pero también estoy preocupada por ti… y por lo que todo esto significa para ti.
—Estoy bien —respondió Braxton con sequedad.
Sage entrecerró los ojos.
—Mientes.
La palabra cayó pesada entre los dos.
—Ustedes tres construyeron un vínculo muy fuerte —continuó ella—. Y les fue arrancado de forma violenta.
Braxton se levantó de la cama.
—Tienes razón —admitió—. Pero era obvio que eso podía pasar.
Sage frunció el ceño, confundida.
Braxton se encogió de hombros.
—Por más unido que estuviera a ellos dos… por más que los amara… siempre existiría otra persona con la que tendrían un vínculo más fuerte.
Sage dio un paso hacia él, pensativa.
—Ellos te aman, Braxton. Y al igual que tú, se sacrificarían por ti.
Los ojos de Braxton se llenaron de una tristeza tranquila.
—Lo sé —dijo—. Pero la sangre es más fuerte.
Entonces Sage lo entendió.
—¿Jasper? —susurró.
Braxton asintió levemente.
—Sage… ¿de verdad crees que ellos son tan débiles como para no luchar contra la influencia de alguien más?
Sage tragó saliva.
—Ellos lo permitieron —continuó Braxton con voz grave—. La lealtad que existe entre ellos tres es… imposible de comprender.
Sus ojos volvieron a Chase y Diana.
—Jasper nunca ha temido perderse a sí mismo si con eso puede salvar a sus hermanos… y a Lily.
Su voz se volvió más baja.
—Porque son las únicas personas que realmente le importan. Porque su amor no conoce límites… y su lealtad es más fuerte que su instinto de supervivencia.
Braxton suspiró otra vez.
Miró a Chase y a Diana una última vez.
La decisión ya estaba tomada.
—Y ellos… —continuó— lo más peligroso de su amor no es su intensidad.
Se volvió hacia Sage.
—Es que están dispuestos a romper cualquier regla para protegerlo.
Sage cruzó los brazos lentamente.
—¿Incluso el código de la Orden? —preguntó—. Esas reglas con las que crecieron.
Braxton sonrió, pero no había alegría en su gesto.
—Especialmente ese maldito código.
Sus ojos se clavaron en los de Sage.
—Para ellos solo existe una regla.
Hizo una breve pausa.
—Un Evander nunca abandona a su hermano.