Cazadores de Leyendas ̱ El Guardian de Everwood

Capitulo 11

—Deja de mover esa taza.

Tessa extendió la mano y la apoyó suavemente sobre la de Braxton, deteniendo el movimiento nervioso con el que él pasaba la taza de una mano a otra.

—Me pones nerviosa.

Braxton la miró de reojo.

—Lo siento.

Estaban sentados alrededor de una fogata en medio del claro. Las llamas crepitaban suavemente, iluminando los rostros de los jóvenes que hablaban y reían a pocos metros de ellos. Algunos comían, otros discutían animadamente, como si se tratara de cualquier otra noche.

Braxton no entendía cómo podían estar tan tranquilos.

Faltaban pocas horas para que saliera la luna llena.

Su corazón latía con fuerza dentro de su pecho, demasiado fuerte. Sentía la sangre correr por sus venas como si ardiera, como si algo dentro de él estuviera despertando poco a poco.

Miró de nuevo a los demás.

—¿Por qué no están nerviosos? —preguntó finalmente.

Jude dejó caer la cabeza hacia atrás y soltó una breve carcajada.

—Es la costumbre.

Braxton frunció el ceño.

—Pronto tú también te acostumbrarás —añadió Tessa con tono tranquilizador.

Braxton bajó la mirada hacia la taza entre sus manos, pensativo.

Durante unos segundos guardó silencio.

Luego habló de nuevo.

—¿Tienen idea de quién los mordió?

Jude y Tessa intercambiaron una mirada confundida.

—¿A qué te refieres? —preguntó Jude.

Braxton levantó la vista.

—¿Cómo se convirtieron ustedes en wulvers?

Por un instante ambos se quedaron en silencio… y luego Jude soltó una risa más fuerte. No era una risa burlona, sino sorprendida.

—Ah… —dijo, pasándose una mano por el cabello—. Claro.

Tessa también sonrió, negando con la cabeza.

—Braxton… nadie nos mordió.

Él parpadeó.

—¿Qué?

Jude se inclinó un poco hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas.

—Nosotros nacimos así.

Braxton frunció el ceño, intentando procesarlo.

—¿Nacieron…?

—Siendo wulvers —terminó Tessa.

Las palabras parecían completamente naturales en su voz.

Braxton los miró de uno a otro, desconcertado.

—Nuestra tribu siempre ha tenido este don —explicó Jude—. Desde hace generaciones.

Señaló con la cabeza hacia el resto de los jóvenes que rodeaban la fogata.

—Todos ellos también.

Tessa asintió.

—En nuestra cultura somos algo así como vigilantes.

Hizo una pequeña pausa antes de añadir:

—O, como dicen algunas de las viejas leyendas… los sabuesos de Dios.

Braxton levantó ligeramente las cejas.

El término le resultaba inquietante.

—Nuestro trabajo siempre ha sido proteger —continuó Jude—. Vigilar territorios, mantener alejadas a ciertas criaturas.

Miró a Braxton con una sonrisa tranquila.

—Por eso podemos controlarlo.

Braxton bajó la mirada hacia sus manos.

Sus dedos temblaban ligeramente.

—Pero tú… —dijo Tessa con suavidad.

Braxton volvió a mirarla.

—Tú eres diferente.

—¿Diferente cómo?

Jude inclinó la cabeza, estudiándolo.

—Eres el primero.

—¿El primero qué?

Tessa respondió esta vez.

—El primer wulver que conocemos que fue creado por una mordida.

El silencio cayó entre ellos.

El crepitar de la fogata parecía sonar más fuerte de pronto.

Braxton sintió que el estómago se le encogía.

—Eso… no suena muy alentador.

Jude se encogió de hombros con una media sonrisa.

—No necesariamente es algo malo.

—Solo significa —añadió Tessa— que no sabemos exactamente qué esperar.

Braxton soltó una pequeña risa nerviosa.

—Genial.

Miró hacia el cielo oscuro que se extendía sobre el bosque. La luna aún no había salido. Pero él ya podía sentirla. Algo dentro de él se estaba removiendo.

Braxton permaneció un momento mirando el fuego. Las llamas se reflejaban en la superficie de la taza que aún sostenía entre las manos. El calor de la fogata no lograba disipar la tensión que sentía en el pecho.




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