Cazadores de Leyendas - La noche del Krampus

Capitulo 10

La casa de guardia estaba casi en penumbra cuando Griffin, Jasper y Lili llegaron con los niños. Alexander, Borja y Barret se encontraban reunidos alrededor de la mesa central, revisando mapas y anotaciones. Al oír la puerta abrirse con brusquedad, los tres se pusieron de pie de inmediato.

—¿Qué pasó? —preguntó Alexander, avanzando hacia ellos.

Griffin se pasó una mano por el cabello, aun respirando con fuerza.

—Encontramos el claro —comenzó—. Y al Skuldrik.

Sus ojos se oscurecieron.

—Lo eliminamos.

Jasper dio un paso adelante, inclinando la cabeza hacia los niños que se escondían detrás de Lili.

—Y a los niños. Los tenían atrapados bajo una trampilla… en una especie de cámara oculta bajo tierra.

Los ojos de Alexander se suavizaron apenas, un destello de alivio cruzó su rostro. Barret dejó escapar un bufido de satisfacción y Borja bajó su arma.

Alexander abrió la boca para hablar cuando la puerta volvió a crujir. Todos giraron.

Diana fue la primera en entrar, seguida por Chase, Rigel… y Braxton. La luz del exterior delineó sus figuras un instante antes de que cerraran la puerta.

—Sabemos dónde invocaron al Krampus —anunció Diana sin vacilar.

Una tensión inmediata recorrió la habitación. Jasper la miró sorprendido. Griffin frunció el ceño. Lili dio un paso atrás con los niños.

Pero Diana no apartó la mirada de su padre. Sin embargo, algo más captó su atención un segundo después: los pequeños.

—¿Los… encontraron? —preguntó, incrédula, acercándose a Lili.

La más pequeña corrió a esconderse detrás de las piernas de la cazadora.

Griffin asintió.

—Vivos, por suerte.

Alexander volvió la mirada a Diana.

—¿Cómo encontraste ese lugar? —preguntó con calma.

Ella abrió la boca, pero Braxton la interrumpió:

—Una iglesia vieja —comenzó—, abandonada en medio del bosque.

Sus ojos se deslizaron hacia Alexander, midiendo su reacción.

—Y Diana tuvo… una especie de visión.

El silencio cayó de golpe. Todo el aire de la habitación pareció detenerse mientras Alexander se quedaba inmóvil, como si las palabras de Braxton hubieran confirmado un temor que llevaba tiempo intentando ignorar.

Finalmente, el cazador soltó un largo suspiro y se dejó caer sobre la silla más cercana. Se frotó el puente de la nariz con la mano temblorosa, un gesto que rara vez dejaba ver.

Dones despertando. Una bruja lanzando advertencias. El Krampus acechando desde las sombras. Y sus hijos—sus hijos—en medio de todo.

Todo aquello era una tormenta perfecta. Una que él ya no estaba seguro de poder contener. Aun así, sabía que tendría que hacerlo. Como siempre. Como toda su vida.

Antes de que pudiera responder, la puerta de la casa de guardia se abrió de golpe contra la pared.

Todos, absolutamente todos, giraron para mirar.

Una mujer entró primero: alta, envuelta en capas oscuras, cabello blanco como la nieve caída sobre cedros, ojos filosos como dagas recién afiladas. El bastón tallado que sostenía golpeó el piso con autoridad en cada paso.

—Abuela… Cyrene —murmuró Chase, incrédulo.

Diana sintió un nudo aflojarse en su pecho. Un alivio inesperado.

Y entonces entró él.

Un hombre casi idéntico a Alexander, salvo por la cicatriz que cruzaba su ceja y la sonrisa arrogante que siempre lo caracterizaba.

Alaric. El hermano gemelo que era caos donde Alexander era disciplina.

Griffin soltó un insulto bajo, casi para sí mismo.

Cyrene se plantó en medio de la habitación y apoyó su bastón con un golpe seco.

—Llegamos justo a tiempo —dijo sin rastro de humor—. Y por lo que veo, necesitan más que un poco de apoyo.

Alexander respiró profundo y la tensión en su cuerpo bajó apenas.

—No tienes idea de cuánto me alegra verlos —admitió, sin intentar ocultarlo.

Alaric ladeó la cabeza, su sonrisa medio burlona, medio preocupada.

—Hermano —lo saludó con voz tranquila—. Este pequeño pueblo se transformó en el epicentro del infierno. Ahí afuera la gente está perdiendo la cabeza.

Griffin, inquieto, abrió una ventana apenas lo suficiente como para asomarse.

—Están preparando todo para la Noche del Krampus —gruñó—. Es mañana.

Cyrene desvió la mirada hacia los niños que ahora estaban acurrucados frente a la chimenea, temblando. No por frío. Por miedo.

—Así que los encontraron —observó—. Eso significa que esta noche el Krampus vendrá a buscar lo que considera suyo.

Un escalofrío recorrió a cada persona en la habitación. No habían pensado en eso. Salvar a los niños… había adelantado la cacería.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.