Cazadores de Leyendas - La noche del Krampus

Capitulo 11

La noche estaba cayendo sobre el pueblo con esa lentitud tensa que precede a una batalla que nadie quiere luchar, pero que todos saben inevitable.

En el salón principal, iluminado solo por lámparas de aceite, el grupo se reunió alrededor de una mesa larga. Mapas del pueblo, dibujos torpes hechos con rapidez, notas antiguas de Anders… todo estaba desplegado frente a ellos.

Cyrene, de pie en la cabecera, parecía una sombra imponente envuelta en su abrigo oscuro. Alexander sostenía una taza de café que ya debía estar fría. Diana, Chase y Rigel se mantenían cerca entre sí, aunque ninguno terminaba de mirarse directamente. El ambiente entre los tres era un campo de tensión invisible.

Alexander dio un paso atrás para que todos pudieran ver.

—Bien. Necesitamos un plan claro para esta noche —comenzó, con voz firme pero cansada—. Lo primero es mantener a los niños a salvo. Lili, Jasper, eso queda en sus manos.

Lili asintió de inmediato.

—No se preocupe —dijo—. Cerramos cada entrada y nos quedamos con ellos hasta que esto termine.

Jasper añadió:

—Si la cosas empeoran, los llevaremos al sótano.

Alexander continuó:

—Perfecto. El Krampus aparecerá aquí antes que en cualquier otro lugar. Está buscando a los niños… y ahora sabe que los tenemos. Debemos estar listos para recibirlo.

Griffin bufó.

—No será una noche tranquila.

Barrett lo miro asintiendo.

—Resistiremos, señor.

Cyrene apoyó su bastón contra el suelo. El golpe resonó con fuerza.

—Habrá dos grupos —declaró—. Los que se quedan para distraer a la criatura… y los que irán a la iglesia abandonada.

Borja levantó la mirada, interesado.

—¿La iglesia? ¿Por la vara de abedul?

Cyrene asintió.

—Exacto. Sabemos que es lo único que puede matarlo. Si la bruja lo invocó allí, lo más probable es que la rama esté en ese altar. Recuperarla será nuestra ventaja.

Alexander señaló una ruta específica en el mapa que Diana y Braxton habían dibujado.

—Saldrán por detrás de la casa, justo cuando el Krampus aparezca. Lo distraeremos lo suficiente para que no note su ausencia.

Diana frunció el ceño.

—¿Quiénes van?

Hubo un silencio breve.

Cyrene lo rompió:

—Chase.
—Braxton.
—Y Borja.

Diana parpadeó. Se tensó.

—¿Braxton? —preguntó, tratando de sonar molesta, aunque la nota de preocupación se filtró en su voz—. Yo también conozco el camino. Yo puedo ir.

Braxton la miró sorprendido, con las cejas levantadas. Chase también la observó con un gesto de extrañeza.

Cyrene habló antes de que Alexander pudiera hacerlo.

—Tú no vas, niña. No esta noche.

—¿Por qué no? —insistió Diana, cruzándose de brazos con un gesto que intentaba parecer desafiante.

—Porque te necesito —respondió la anciana—. Tienes una puntería extraordinaria con el arco. Eso nos ayudará a mantener a la criatura a una distancia segura.

Diana apretó la mandíbula, frustrada.

Alexander intervino, suave pero firme:

—Diana, tu abuela tiene razón. Además… ellos tres se mueven más rápido juntos.

Ella bajó la mirada, procesando, aunque no parecía del todo convencida.

Cyrene enderezó la espalda.

—No se discute más el tema —sentenció.

Chase ladeó ligeramente la cabeza hacia su hermana; se notaba que estaba tratando de descifrar su reacción. Diana, sin embargo, evitó su mirada. En cambio, sus ojos se deslizaron hacia Braxton.

El pendiente en la oreja de él captó la luz de las velas. Instintivamente se llevó la mano al suyo. Por un instante fugaz, una punzada de nostalgia —la voz, la risa, el tacto de su madre abrochándole aquel pendiente— la atravesó como una corriente helada.

Griffin habló desde la ventana, rompiendo el momento:

—Yo me quedaré arriba, vigilando. Al primer ruido extraño, doy la alarma para que se preparen.

—Yo estaré abajo con Alexander y Alaric —añadió Barrett.

Cyrene alzó la voz de nuevo, su bastón firme y su mirada decidida.

—Cuando el Krampus llegue, resistiremos. Ustedes —miró a Chase, Braxton y Borja— correrán sin mirar atrás. Sin dudar. Si fallan, moriremos todos. Si lo logran… tendremos la única ventaja que puede salvarnos.

Lili tragó saliva.

—Entonces… solo nos queda esperar.

El viento golpeó la puerta con fuerza, como si algo del otro lado quisiera entrar.

Diana dio un paso hacia Chase sin pensarlo. Él, al verla temblar apenas, tomó su mano y la apretó, cálido, seguro.




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