La figura frente a la iglesia terminó de solidificarse. Ya no era un ciervo. Ya no era humo. Era ella.
Una mujer de cabello negro trenzado, piel casi traslúcida y ojos tan pálidos que parecían hechos de luna. Su vestido, largo y desgarrado, flotaba como si el viento solo la tocara a ella. Caminaba descalza, sin hacer ruido sobre las hojas mojadas.
Borja apretó su arma.
Braxton tensó la mandíbula.
Chase sintió que el corazón se le detenía por un segundo.
—…Maren —susurró, incrédulo.
La bruja sonrió con suavidad. Demasiado suavidad.
—Chase Evander. Sabía que llegarías. Siempre llegas donde no debes —dijo, con una voz que parecía un canto quebrado.
Borja gruñó.
—¿La conoces?
Chase tragó saliva, sin apartar la mirada de la bruja.
—Sí. Es… la misma mujer que vimos en el mercado —dijo Chase, sin apartar la mirada de la figura etérea frente a ellos—. Pero no sabía que era una bruja. Dijo que era aprendiz de Agnes.
Los labios de Maren se curvaron apenas. Era una sonrisa fina, afilada, casi satisfecha.
—Claro que lo dije —susurró, con una voz que parecía arrastrar ecos viejos—. Los envié con Agnes para mantenerlos ocupados. Sabía que ella les contaría la historia de Anders Evander… y de la larga lista de pecados que su abuelo les heredó.
El corazón de Chase dio un vuelco.
—¿Conociste a mi abuelo? —preguntó, casi sin aire.
Maren lo observó como si estuviera contemplando un cuadro al que había visto en muchas vidas distintas.
—Lo conocí mejor de lo que imaginas —respondió con un tono suave, venenoso—. Anders Evander era un cazador formidable, eso es cierto… pero también arrogante. Creía que podía decidir qué bruja vivía y cuál debía morir.
Su sonrisa se quebró en algo más oscuro. Más personal.
—Él mató a mi maestra. La única familia que me quedaba. Y ahora… yo vengo por su venganza .
Braxton dio un paso adelante de inmediato, interponiéndose entre Chase y la bruja.
—Tendrás que pasar sobre nosotros primero —gruñó.
Los ojos de Maren destellaron con un rojo carmesí sobrenatural, un brillo frío que parecía traspasar la piel y llegar hasta los huesos.
—Oh… —susurró, alzando lentamente la mano—. Eso planeo.
Chase respiró hondo, intentando ignorar el temblor que recorría sus dedos.
—Maren… tu maestra, Malva. Ella fue acusada injustamente por el concejo del pueblo. Era otra bruja la que estaba detrás de los crímenes de ese año. —Su mirada se afiló—. ¿Eras tú?
La bruja inclinó la cabeza con una serenidad perturbadora.
—Por supuesto que era yo. —Una sonrisa casi dulce deformó sus labios—. Mi maestra tenía un poder inmenso, pero lo desperdiciaba ayudando a gente que no lo merecía. Yo quería algo distinto. Así que empecé a ganar fuerza con rituales de sangre. El concejo, como los idiotas que siempre fueron, creyeron que era ella. Aunque, en realidad… —sus ojos chispearon— me hicieron un favor.
—Entonces eres una hipócrita —soltó Borja—. No buscas venganza. Solo quieres terminar lo que empezaste, y lo disfrazas con tu supuesta venganza.
Maren sonrió con una frialdad cortante.
—Vaya, qué listos resultaron ser ustedes tres. Anders Evander me frenó hace diez años. Aunque mató a la bruja equivocada, me persiguió por el bosque cuando yo estaba en mi forma de ciervo, y logró herirme… lo suficiente para dejarme debilitada.
Tuve que esconderme, lamer mis heridas y esperar una década entera para poder retomar mi labor.
Braxton frunció el ceño.
—Qué loca. ¿Por qué no nos ilustras y nos dices qué es lo que quieres hacer exactamente?
La bruja rio con fuerza, una risa hueca que hizo temblar las ramas.
—Voy a abrir la brecha entre este mundo y el sobrenatural. Liberaré el poder y la maldad del otro extremo para desatar, por fin, la oscuridad.
Braxton intercambió una mirada rápida con Chase.
Chase apretó los dientes.
—No te vamos a dejar hacerlo.
Maren lo observó como si estuviera escuchando un chiste sencillo.
—No digas tonterías. Solo necesito sacrificar a los niños… y aprovechar el poder espiritual de uno de ustedes tres. Y tu hermana, Chase… —sonrió— es la más indicada.
Chase sintió cómo algo en su pecho se encendía, tenso, afilado.
—No te atrevas a tocar a Diana.
—¿Oh? —Maren ladeó la cabeza—. ¿Y si te digo que el Krampus la huele desde lejos? Que justo ahora está intentando atravesar la casa para llegar a ella.
Braxton dio un paso hacia adelante, arma en mano.
Pero Chase fue más rápido.
Un estallido de luz brotó a su alrededor; brasas vivas se encendieron sobre su piel, reptando por sus brazos hasta envolver sus manos en un resplandor ardiente.