Cazadores de Pesadillas

Prólogo

​ Era un día común y corriente cuando me desperté esta mañana con la luz del sol que pasaba por la ventana y me daba justo en la cara, siendo algo molesto, pero a la vez el mejor despertador que podría haber deseado.

El día transcurrió como de costumbre, sin nada realmente nuevo o diferente. Primero un café caliente para terminar de despertarme, luego una sesión de entrenamiento, meditación y algo de cardio, pues un idiota no dejaba de recordarme que no todo en la vida eran músculos.

Al mediodía un almuerzo tranquilo, algo aburrido ya que hoy estaba particularmente solo. Por la tarde un paseo por la ciudad mientras visitaba algunos lugares nada más porque tenía tiempo.

Pero hasta allí llegó la normalidad. Al regresar fui llamado de inmediato a una reunión urgente en la sede principal; algo grande había ocurrido y eso ameritaba una reunión de todos los miembros disponibles actualmente.

​—Mierda... Mierda —susurraba con frustración en la voz de mi compañero, sentado a mi lado mirando hacia abajo mientras parecía ver algo en su mano.

Suspiré un poco; entendía su molestia, era su día libre y sé que tenía planes importantes para hoy, pero aquí estaba junto a todos los demás de manera obligatoria.

​—¿Algún problema, Zero? —preguntó uno de los miembros de inteligencia quien estaba dando una explicación detallada sobre la situación.

​Detrás suyo había otros dos sujetos con el mismo uniforme limpio de color rojo, con un emblema muy conocido: un dragón rojo disparando fuego por su boca mientras el sol salía por atrás. Un símbolo que representaba orgullo, fuego y una arrogancia que no cualquiera mostraría a la luz del día.

En una pantalla que usaban para explicar, estaba la imagen de una ciudad portuaria llamada Azalia, una pequeña ciudad con unos pocos cientos de habitantes, quizás un par de miles. También marcaban un preocupante gráfico que indicaba el creciente aumento de energía Abis que había en la zona; un aumento tan grande no se había visto desde... la Era del Caos.

Seguramente sería como un faro que llamaba a pesadillas a cientos o miles de kilómetros a la redonda, si es que no llamaba a las pesadillas de todo el mundo; realmente una razón de peso para convocarnos a todos pues algo grande debe estar generando tanta energía, no aparece de la nada.

​—¿A ti qué mierda te importa? Deja de joder y termina tu puta presentación —respondió de manera directa y molesta.

Me sobresalté un poco por su respuesta tan descarada; él jamás había respondido de esa manera, siempre se había mantenido en calma y con una sonrisa medio tonta en la cara.

​—¿Q-qué dijiste? —preguntó el idiota de inteligencia mientras parecía estar a punto de estallar, pero cuando parecía querer decir algo más, Zero lo miró a los ojos. Eso fue más que suficiente para que se quedara callado.

​—Te dije que dejes de joder y termines tu puta presentación, hijo de perra —dijo nuevamente mi compañero, pero ahora era él quien parecía estar al borde de explotar.

​—Oye, deberías calmarte un poco —le susurro para que se tranquilice de una vez; ponerse así en un día como este no era bueno ni para él, ni para nadie de hecho.

​Él me miró por un momento y suspiró ignorando nuevamente al otro idiota que parecía estar a punto de mearse encima, regresando a mirar nuevamente lo que tenía en la mano.

El resto de la reunión pasó sin más problemas; todo era como se esperaba. Equipos de ataque, equipos de defensa y los encargados de curar a tantos como puedan; incluso nos íbamos a unir a otras sedes para esta misión. Al final todos abandonaron la sala para terminar de prepararse, aunque no faltaba el cabrón que miraba a Zero con molestia y hostilidad, pero ninguno con huevos suficientes para acercarse a causar problemas o decirle algo.

​—¿Qué pasó? —le pregunté con seriedad mientras él permanecía sin moverse de su lugar, sin apartar la mirada de lo que sea que tenía en la mano—. Normalmente eres más tranquilo, no te importan las hostilidades de los demás —añadí intentando ver lo que tenía en la mano.

​—Hoy es su cumpleaños —dijo con tristeza en la voz, a la vez que sentía una frustración marcada en su postura—. Le prometí que estaría con ella y saldríamos de compras, pero aquí estoy... en una misión que no tiene sentido, rodeado de idiotas que me quieren muerto.

​—... —No pude decir nada; era verdad que la mayoría de los idiotas lo quieren muerto y que la misión podría ser solo una mala lectura, no sería la primera vez que pasa después de todo.

Entonces me acerqué un poco más y finalmente pude ver lo que tenía en la mano: una foto. Una niña de entre 12 y 13 años, cabello castaño y ojos marrones, una enorme sonrisa eufórica mientras cargaba un enorme oso polar de peluche. La reconocí de inmediato: era su hermanita.

​—Te dije que tengas cuidado con eso, alguien podría verla —le dije haciendo que cierre la mano mientras me aseguraba de que no me vería en la necesidad de silenciar amablemente a alguien después. Menos mal que no había nadie cerca.

​—Tranquilo, nadie la vio, además de que es una foto vieja —dijo con una sonrisa amable, su típica sonrisa de "todo está bien" que ponía cuando me veía alterado.

Suspiré un poco y asentí, aunque la verdad sí me preocupé bastante; sería un gran problema si otros se llegan a enterar de ella.

​—Bueno, debo prepararme. Juro que mataré a los de inteligencia si resulta ser otra misión falsa alarma —dijo mientras se ponía de pie—. Ve a prepararte también, porque me ayudarás quemando los cuerpos —añadió con una sonrisa divertida mientras caminaba a la salida.

Me quedé por un momento mirando su espalda; firme, ancha y que siempre te transmitía una seguridad enorme si estaba frente a ti. Me reí un poco y me puse de pie para seguirlo.

​—Después de quemar sus cuerpos, nos vamos corriendo para que ella no se enoje más de la cuenta —le dije mientras me ponía a su lado. A lo que él solo se rió de buena gana, seguramente imaginando que ella estaría contenta de ver que voy a visitarla, pues fui yo quien le había regalado ese peluche.




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