Cazadores de Pesadillas

Capítulo 2

Las luces de los postes estaban palpitando, pasando de prenderse y apagarse constantemente, luchando por iluminar escasamente la oscura calle en la que me encontraba. Me detuve y miré a los costados. Algo me estaba viendo; podía sentirlo por alguna razón y eso me estaba poniendo los nervios de punta.

Entonces sentí un toque detrás de mí. Giré rápidamente para ver de quién se trataba y romperle las manos si era necesario, pero no había nadie allí.

—¡¿Quién eres?! —grité enojada mientras escuchaba pasos alrededor, pasos ligeros, casi silenciosos, pero aun así podía escucharlos en todas direcciones—. ¡Déjate ver! —volví a gritar mirando a todas partes.

Mi respiración estaba agitada, como si hubiese corrido por horas. Mis ojos estaban centrados buscando cualquier señal, mis manos sudorosas por los nervios y mi corazón latía a toda velocidad, casi como si quisiera salir de mí pecho.

—A… i… ko —se escuchó desde la oscuridad, en una parte donde los débiles focos de los postes no podían llegar a iluminar.

Por un momento sentí que el mundo se detuvo, que mi respiración se cortaba de forma abrupta y mis piernas temblaban. Traté de enfocar mejor mi mirada; apenas podía distinguir una figura humana allí de pie, pero sus ojos amarillos brillaban como dos focos de mala calidad en medio de la noche.

—A… i… ko —repitió; su voz rasposa y lenta, como si se esforzara para no toser o quizás tratando de no dejar escapar algo.

Fue cuando se escuchó una especie de líquido caer en su dirección, como un grifo abierto que derramaba agua de manera constante. Pero no era agua: el suelo bajo sus pies comenzó a mostrar una especie de tinta negra formando un charco que no dejaba de crecer. Instintivamente di un paso hacia atrás al ver el charco crecer; algo me decía a gritos que debía correr, que no debía dejar que me tocara.

—Fue… tu… culpa —dijo la voz antes de que yo comenzara a correr, lo que me dejó paralizada en mi lugar—. Tu… culpa… tu… culpa —repetía una y otra vez mientras parecía moverse de forma retorcida en la oscuridad.

Las luces comenzaron a parpadear de manera errática mientras esa cosa se estiraba; aunque no podía ver bien, su cuerpo "humano" dejó de serlo rápidamente. Su cuerpo se estiró de forma anormal, sus extremidades se alargaron mientras se podía escuchar cómo sus huesos se rompían, su carne se desgarraba y un chillido horrible se escapaba de su boca. Entonces estiró una mano fuera de la oscuridad; un brazo pálido y alargado con dedos igualmente largos, con uñas gastadas y manos esqueléticas.

—¡Fue tu culpa! —gritó con fuerza.

Mi respiración era pesada y mi corazón no dejaba de latir, mis piernas no dejaban de temblar y entonces perdí toda la fuerza en ellas, cayendo sentada en el charco de tinta. Entonces cerré los ojos con fuerza mientras me repetía para mí misma: "No es real, no es real, no es real", una y otra vez sin parar, de manera desesperada.

—¡No es real! —grité con fuerza abriendo los ojos, ahora viendo el techo de mi casa.
Rápidamente me senté mirando para todas partes, como si instintivamente necesitara asegurarme de que esto era el mundo real.

Después de un rato me senté nuevamente con las manos en la cara; el miedo aún estaba presente, pero ahora la luz ya no parpadeaba, ya no había tinta y ya no estaba esa cosa. Respiré profundo para poder calmarme por completo; necesitaba calmar mi cabeza para poder pensar con más claridad. Me quité las manos de la cara y… me quedé paralizada.

Allí estaba, mirándome desde el otro sillón. Ojos de un color amarillo oxidado, rostro esquelético que solo mostraba piel. Su cuerpo y extremidades eran alargadas, mientras que sus dedos se posaban en la mesa, mirándome con una sonrisa perturbadora.

—¿Crees que no existo? —fue lo que dijo antes de saltar sobre mí.

—¡NOOOO! —grité con desesperación abriendo los ojos de golpe y levantándome de un salto del sillón.

Tenía la respiración demasiado agitada, mis manos no paraban de temblar, mis ojos estaban llorosos y todo mi cuerpo sudaba como si hubiese corrido una maratón.

—¡Ya déjame en paz! —grité tomando la taza que contenía chocolate frío y la estrellé contra la pared con todas mis fuerzas, un intento absurdo de sentir que retomaba el control.

Quería gritar, quería romper todo, quería simplemente desatar toda la frustración que tenía acumulada en mi pecho. Entonces lo vi: las pastillas en la mesita, supuestamente medicamento diseñado para ayudar a dormir.

—Ese hijo de puta —dije para mí misma, cayendo en la cuenta de que seguramente era un medicamento fallido.

Tomé mi abrigo y salí de la casa con una rabia acumulada de años; ya no me importó el frío que me golpeó con más fuerza el rostro, no me importó que fuesen altas horas de la noche o que los vecinos metiches de mierda me miraran por la ventana de sus casas. Sin perder tiempo, comencé a correr en una sola dirección con una sola idea en mente: matar a ese maldito a golpes.

Me tomó media hora, pero llegué de regreso al viejo edificio maltratado por el tiempo. Esta vez no había un guardia en la entrada, pero ya no me importaba; de hecho, me hacía todo más fácil. Entré al edificio con pasos rápidos y con la bolsa de papel en la mano; llegué hasta las escaleras y bajé rápidamente. Allí tampoco había guardias.

—¡¿Qué mierda me vendiste, cabrón?! —grité mientras abría la puerta de una patada; estaba furiosa ahora mismo.

Jhosep estaba sentado allí como siempre, pero esta vez todas las luces estaban apagadas con excepción de la vieja lámpara en su escritorio que apenas iluminaba un poco las cosas. Jhosep me miró con ojos cansados, su piel pálida seguramente por consumir algo mal preparado y una sonrisa tranquilamente perturbadora en sus labios.

—Aiko… Qué bueno verte —dijo con una voz lenta y apenas fuerte, pero audible en el silencio del lugar.

Debería haberme dado cuenta al llegar: algo no estaba bien y la falta de guardias era una señal de ello.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.