El aire invernal era realmente un buen calmante para esos pensamientos molestos o peligrosos, o al menos eso creía Lucius mientras veía la ciudad desde la azotea del edificio de la Balanza Dorada.
Suspirando un poco mientras se encontraba perdido en sus pensamientos, bajó la mirada con pesadez y culpa; para él no había hecho un buen trabajo: rompió su promesa. Mientras pensaba en qué cosas debería hacer ahora, su celular comenzó a vibrar en su bolsillo nuevamente. Al sacarlo y ver el nombre que aparecía en la pantalla, lo pensó por unos segundos antes de aceptar la llamada.
-No estoy de humor ahora, padre -dijo con seriedad mientras contemplaba el paisaje nevado, dejando que el aire frío entrara a sus pulmones.
-[Lucius, fue suficiente juego] -respondió una voz pesada y seca desde el celular, sonando como una orden y manteniendo el control total con cada palabra-. [Regresa al Dragón Rojo, cumple con tu rol como futuro líder] -añadió con severidad.
Lucius se quedó en silencio por un momento antes de negar con la cabeza, aunque sabía que su interlocutor no podía verlo.
-Tú no me quieres de regreso; lo que quieres es que te dé el arma que Zero escondía -dijo con desprecio mientras pensaba en si cortar la llamada o no.
-[Lucius, Colmillo Negro es un arma de clase desastre; debe estar en nuestras manos para mantener el equilibrio de poder] -replicó rápidamente la voz de su padre, pero sin negar ni una sola vez la acusación de solo querer el objeto.
-No quieres equilibrio, lo que quieres es el poder que tenía Zero, pero sin el miedo de que pueda apuntar a tu cuello -respondió mientras se sentaba en el frío piso mirando al cielo-. Colmillo Negro era la espada de Zero y se mantendrá en secreto hasta que su nuevo portador esté preparado.
-[¡Maldita sea, Lucius!] -gritó a través del móvil con un claro enojo remarcado en su tono-. [¿Sabes el poder que tendría el Dragón Rojo si pudiésemos tener a Colmillo Negro? ¡El poder que tenía Zero estaría bajo nuestro control, a nuestra disposición!] -replicaba sin bajar el volumen.
-Conozco mejor que nadie ese poder y conozco tu mentalidad -dijo cortando sus palabras mientras extendía una mano al cielo, dejando que los copos de nieve lo tocaran-. Adiós, padre -se despidió finalizando la llamada sin darle tiempo a hablar nuevamente; entonces apagó el celular y lo guardó.
Su mirada se había apagado un poco mientras seguía observando el firmamento. Por un momento pareció que sus ojos se ponían cristalinos, pero los cerró riendo levemente y de forma seca, como si fuera una risa forzada.
-¿Cuántos problemas me dejaste, idiota? -susurró antes de ponerse de pie. Se frotó los ojos y regresó al interior del edificio.
Al bajar por las escaleras al piso donde descansaba Aiko, encontró a los ejecutores de la Balanza custodiando la puerta, pero solo había dos.
POV Aiko
-Mi nombre es Jeremías Anderson, quiero hacerte unas preguntas -dijo un hombre de poco más de treinta años de edad mientras se sentaba al lado de la camilla, con libreta en mano y una mirada que parecía ser de un veterano.
Me quedé callada por unos pocos segundos mientras lo veía, un poco sorprendida por la poca delicadeza que mostraba. No se molestó siquiera en preguntar cómo estaba o si me sentía bien para dar declaraciones; solo entró y se sentó como si fuese su derecho y mi obligación. Cabello castaño y ojos marrones, un rostro marcado por el paso del tiempo y un traje elegante de color negro con el símbolo de una balanza con una pluma y una espada en el pecho. Suspiré un poco y entendí rápido: no podía negarme, así que asentí con la cabeza y esperé a que siguiera hablando.
-Bien, por favor cuénteme lo que pasó en realidad -dijo mientras se preparaba para tomar apuntes.
Lo miré pensativa y sonreí levemente.
-Me caí por la ventana de un tercer piso; soy algo tonta a veces -dije
sin quitar la sonrisa de mis labios. Él pareció sentirse confundido por un momento hasta que me miró a los ojos; parecía como si le hubiese molestado mi respuesta tan descarada.
-Por favor, no juegue con este asunto -dijo mientras movía el bolígrafo entre sus dedos.
-No estoy jugando, es lo que pasó -le respondí con una falsa seriedad que creo entendió como sarcasmo-. Si no me cree, vaya y pregunte al que me trajo -añadí mientras me acomodaba en la camilla.
Él se molestó y se puso de pie; parecía que no le hizo nada de gracia mi respuesta. ¿Tal vez ya conoce a Lucius y no le cae bien? No me sorprendería; creo que ese sujeto tiene severos problemas a la hora de socializar con otras personas.
-Señorita Aiko Malen, esto no es...
-Blaze -dije cortando sus palabras de forma abrupta. Sin sonrisa ni sarcasmo; fue un corte seco y descarado en todo el sentido de la palabra.
-... ¿Cómo dijo? -preguntó después de haber procesado mi corrección, como si no pudiese entender bien mi queja.
-Me llamó Aiko, pero Malen era el nombre del orfanato donde viví parte de mi infancia con mi hermano -dije con molestia mientras me sentaba al borde de la cama, aguantando el dolor en mis costillas-. Mi nombre es Aiko Blaze; es el apellido que creó mi hermano para nosotros... Así que no vuelva a confundirlos -añadí mientras lo miraba a los ojos de manera amenazante, pero no como lo hacía con otros; esta vez era una clara intención de hacer más que solo mirarlo si no corregía su idiotez.
Él se quedó en silencio mientras me miraba; parecía aturdido o confundido en un extremo que no había visto antes. Su tez se tornó pálida y dio un paso hacia atrás de manera defensiva, aunque no creo que haya sido por mi amenaza.
-Tú... Tú... ¿Cómo se llama tu hermano? -preguntó con dificultad; podía ver el sudor bajar por sus mejillas y notar el temblor en su voz.
Levanté una ceja sin entender bien, pero suspiré con desagrado antes de responder:
-Zero Blaze, así se llamaba mi hermano mayor.
En el momento en que dije el nombre, él dio varios pasos hacia atrás y parecía que quería salir, pero se escuchó una explosión desde fuera de la puerta. Sentí cómo toda la habitación tembló un poco por el estruendo repentino; entonces la puerta se abrió de golpe y pude ver sus ojos carmesí con un brillo salvaje y feroz. Detrás suyo, todo estaba en llamas que parecían querer consumir todo a su paso.