Cazadores de Pesadillas

Capítulo 6

El fuego se estaba expandiendo por todo el quinto piso como una criatura imparable; aunque se habían activado los sistemas de seguridad anti incendio, no podían hacer más que solo reducir el daño causado por el fuego de Lucius.

Mientras que dentro de la habitación el calor se hacía de a poco insoportable, inconscientemente Lucius lo mantenía a un nivel seguro, pues no quería dañar a Aiko de manera involuntaria.

El fuego recubría sus brazos como una armadura natural, mientras centraba sus ojos en el cuerpo de Jeremías, el ejecutor encargado del asunto sucedido en su sede a causa suya.

—¡Lucius, ¿qué mierda está pasando?! —grita Aiko en una confusión mezclada con sorpresa, pues lo que estaba presenciando era físicamente imposible de hacer. Fuego saliendo del cuerpo y una fuerza sobrehumana vista solo en animaciones de fantasía exagerada; eso no era normal.
Lucius la miró por un momento al darse cuenta de que se dejó llevar por el momento. El escuchar de boca de Jeremías que ella era hermana de "ese hombre" lo había golpeado más de lo que esperaba; cometió un error.

—Aiko, hay que irnos, ahora —diría mientras comienza a caminar hacia la puerta, el fuego dándole espacio para que pase como si de su rey se tratase.

—¡No! —le grita Aiko mientras se queda plantada en su lugar, aguantando el calor que lentamente le estaba siendo difícil de soportar.

—Aiko, no estoy jugando, debemos irnos —le replica Lucius al detener su caminar por la repentina negativa, mirándola con severidad para que se mueva.

—¡Te dije que no! —vuelve a negarse, aunque casi da un paso hacia atrás al ver sus ojos—. ¡No me voy a mover hasta que me digas qué está pasando! —añade con más fuerza mientras las alarmas resonaban de fondo, de esas sonoras y molestas alarmas de emergencia que solo había escuchado en películas.

Las luces se apagaron y fueron reemplazadas por luces rojas de estilo sirenas que iluminaban de manera errática y molestaban a los ojos con su brillo.

—¡Pasa que lo arruiné! —Lucius gritó ya sin poder aguantar más; todo se había ido en picada desde ese día—. ¡Se supone que debía cuidarte! ¡Que te mantuviera segura en una vida común y corriente lejos de este mundo de mierda! —añade mientras se le acerca apretando los dientes, con la voz temblorosa y los ojos inyectados en sangre y cristalinos, como al borde de dejar escapar sus lágrimas—. ¡Pero lo arruiné! ¡Por mi culpa ahora estás metida en esta mierda de mundo caótico!

Aiko se quedó callada mientras lo escuchaba sin apartar la mirada, sin saber cómo responder realmente a esa declaración. Estaba confundida, perdida en una situación que ella nunca pidió y ahora sintiendo que todo fue su culpa por una sola decisión mal tomada ese día.

—¡Ahora vámonos antes de que vengan más! —dijo y la tomó de la muñeca comenzando a jalar de ella para llevársela, pero de inmediato, en un parpadeo, la tiró con fuerza, moviéndola de donde estaba, pues una lanza dorada perforó el suelo donde ella estaba hace un segundo.

Aiko no entendió qué pasó, viendo cómo estuvo tan cerca de morir sin ni siquiera darse cuenta; entonces miró en dirección a donde estaba mirando Lucius mientras la abrazaba contra su cuerpo.

—¡Lucius, maldito! —se escuchó un grito iracundo mientras alguien se mantenía de pie con dificultad.

Jeremías estaba parado, con una herida en la cabeza de la cual bajaba sangre que cubría parte de su rostro. Su cuerpo estaba herido por el impacto contra la pared, con restos de escombros que aún caían junto con el polvo. Entonces, mientras se tambaleaba para no caerse nuevamente debido al daño causado por el golpe y las quemaduras, miró a Aiko con rabia pura.

—¡Esa mujer comparte su sangre, es una amenaza para nosotros, para ti, para todos! —le grita y dos lanzas doradas se forman a su lado mientras apuntan en dirección a Lucius y Aiko—. ¡Protegerla es traición!
Lucius empujó a Aiko hacia atrás mientras mantenía la mirada en Jeremías. La verdad esperaba haberle roto el cráneo cuando lo golpeó, pero parece que no lo había hecho al final.

—Ella es su hermana, una humana común sin habilidades despiertas —dijo Lucius mientras acumulaba fuego a su alrededor causando que la temperatura aumente, a la vez que le hizo una señal en su espalda para que corra en dirección a las escaleras.
Aiko entendió y se tragó su orgullo; se estaba sintiendo débil e impotente, pero sabía bastante bien que allí no podría hacer nada más que estorbar. Así que salió corriendo en dirección a las escaleras, aunque mientras corría pudo ver los cuerpos de los otros dos ejecutores tirados en el piso inconscientes.

Jeremías, al ver que Aiko salía corriendo con la intención de escapar, no se aguantó más y disparó las lanzas doradas con una velocidad casi sónica para interceptarla. Al mismo tiempo, el fuego de Lucius se volvió un remolino concentrado que impactó contra las lanzas generando una explosión de energía y fuego que causó un fuerte temblor en todo el edificio.

Mientras tanto Aiko, cubriéndose con los brazos del fuego que se había expandido por todo el piso y aguantando el dolor en sus costillas con todo lo que podía, comenzó a correr escaleras abajo. Mientras bajaba podía ver a otras personas evacuando igualmente de urgencia, todos con el mismo símbolo de balanza en el pecho, lo que le dio a entender que ese lugar no era un hospital: era una organización.

Tenía curiosidad, pero las explosiones en el quinto piso y los temblores le sirvieron de señal para no detenerse y tratar de llegar al primer piso. Debido a las explosiones del quinto piso, el edificio comenzó a agrietarse dejando caer escombros en algunas partes, aunque no habían logrado herir a nadie aún.

—¡Rápido, corran a la salida, el dragón Lucifer está peleando contra un ejecutor arriba, hay que evacuar! —gritó uno de los guardias cuando ella había llegado al segundo piso, mientras todos bajaban rápido por las escaleras pues nadie se iba a arriesgar a tomar el ascensor.




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