Cazadores de Pesadillas

Capítulo 7

Aiko respiraba de manera agitada mientras descansaba, pues al salir del edificio vio como el quinto piso explotaba de manera salvaje en fuego, por lo que no dudó en irse corriendo lo más que pueda aprovechando la distracción.

Pero había olvidado pensar en algo crucial en ese momento, que había salido con los pies descalzos y vistiendo solo ropa médica.

Ahora el frío la estaba golpeando con fuerza mientras se sentaba en la fría nieve, abrazando sus rodillas tratando de ignorar todo lo que estaba sintiendo.

Sus manos estaban rojas por el frío al igual que sus mejillas, sus pies estaban tan helados que dolían, y sin contar el hecho de que ya había salido con un fuerte dolor en sus costillas debido a las heridas de antes.

Estaba tan cansada de todo que quería gritar, todo su mundo había dado un giro total en menos de 24 horas por una mala decisión, que era tomar esas malditas pastillas.

-Jajaja... Puta madre, todo es una mierda loca jajaja -decía para si misma ocultando su rostro entre sus piernas mientras reía levemente con pesadez y resignación.

Levantando la mirada hacia el cielo, dejando que los copos de nieve caigan sobre su rostro deshaciendose al tocarla.

Entonces todo cambió, los edificios desaparecieron y fueron reemplazadas por un infinito jardín de fuertes blancas como la nieve, el cielo nocturno fue reemplazado por un cielo azul tan pulcro que parecía irreal.

Aiko se puso de pie de inmediato mirando en todas direcciones, ya no sabía cómo reaccionar pues habían pasado tantas cosas que tal vez se había vuelto loca.

Mirando alrededor, no podía ver nada más que las flores blancas en todas direcciones, como un campo infinito.

Aiko se detuvo un momento y miró las flores a sus pies, notando que estaban frías como la nieve de antes, aunque se le hacían algo extrañas pues parecían orquídeas comunes.

-interesante, no esperaba que vinieras -dijo una voz masculina desde atrás suyo, tan calma y fría que daba escalofríos.

Lentamente se giró para ver de quién se trataba, el frío que venía desde allí era tan fuerte que sentía sus huesos congelarse y su respiración cortada, aún así quería ver de quién se trataba.

Al girar por completo lo que vio fueron un par de brillantes ojos color celeste cristalino, un color tan puro y perfecto, pero que emanaba una frialdad intensa y cruel que congelaba el cuerpo con solo mirarlo.

Entonces abrí los ojos de golpe, estaba acostada frente a una fogata mientras su cuerpo estaba cubierto por una gabardina de cuerpo completo, cálida y que mantenía mí temperatura.

-Despertaste -dijo Lucius, que estaba sentado del otro lado de la fogata mirándola.

Al verlo, Aiko notó la herida en su mejilla, pero prefirió mantener el silencio sobre ese asunto. Mirando alrededor podía ver paredes viejas, era un edificio abandonado que ella nunca había visto.

-Aiko, perdóname -dijo mientras miraba la fogata con ojos cansados, como si finalmente hubiese podido liberar algo que le pesaba.

Ella se sentó mientras se cubría con la gabardina, apretando los bordes con algo de fuerza mientras lo miraba, quería gritarle y reclamarle la razón de porque estaba metida en ese asunto, pero al ver sus ojos simplemente perdió las ganas de hacer un escándalo.

-Luci, no quiero que pidas perdón -dijo mientras miraba la fogata con resignación, como si también estuviese cansada de todo. -Solo quiero saber que está pasando... Quiero que me expliques que fue todo eso, que era esa criatura, que era ese edificio y por qué es que usan poderes sacados de libros de fantasía -dijo con seriedad, levantando la mirada para cruzarse con la suya.

Lucius estaba callado, en un estado de total resignación mientras suspiraba un poco, esperaba de corazón que este día nunca llegara.

-la llamamos "pesadilla", una clase de monstruo nacido de miedos y traumas humanos. Un parásito sin forma que invaden el cuerpo de los seres vivos y los muta hasta tomar una forma... Bueno, horrible -dijo ya sin guardar ninguna clase de secreto, como una manera de arruinar su futuro.

Aiko se mantuvo en silencio, quería escuchar todo lo que tenía para decir, aún si sonaba a cuento de hadas pues había visto cosas que solo saldrían en esas historias locas.

-El edificio le pertenece a una organización llamada "Balanza Dorada", una sede que se encarga más que nada en el control interno de las ciudades, cazando a esas cosas antes de que puedan ser una amenaza mayor o al menos rastreando su localización para mandar a cazadores. Los cazadores son personas como yo que poseen poderes o habilidades especiales para matar a las pesadillas -hablaba con calma, aunque sentía su corazón latir con fuerza con cada frase, sentía que estaba rompiendo su promesa al contarle todo.

Lucius extendió su mano hacia el frente y se formó una flama entre sus dados, una señal de que no estaba mintiendo con eso.

-Yo soy un cazador, Jeremías era un ejecutor, así se llaman aquellos encargados de los conflictos causados por cazadores. No te habría llevado allí en primer lugar, pero cuando fuiste golpeada por esa pesadilla tenía que hubieses sido envenenada infectada con su energía -.

Al terminar de hablar, ambos se mantuvieron en silencio por varios segundos, Lucius manteniendo una mirada en la fogata mientras bajaba las manos.

-... ¿Me estás jodiendo? ¡¿Quieres que me crea eso?! -Gritó Aiko con rabia mientras se ponía de pie, negando cada una de esas palabras.

Por más cosas raras que hubiese visto o vivido últimamente, Lucius sabía que esa era información que no cualquiera podría creer, de hecho habría que estar realmente loco para creerlo así nada más.

-Es la verdad, tu hermano, Zero, también era miembro de los cazadores -dijo con seriedad.

Aiko se enojó más y dio una patada a la fogata tirando los palos usados alrededor, causando que una brasa ardiente choque con el rostro de Lucius, pero aún así no parecía afectarle en nada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.