Cazadores de Pesadillas

Capítulo 8

Sede principal de la balanza dorada.

Estaban todos los miembros de inteligencia moviendo información de un lado a otro de manera irregular, movimiento que solo se veía cuando había una incursión importante contra las pesadillas.

Ahora mismo todo era por una razón diferente, ahora por primera vez todo el movimiento era a causa de un humano, un cazador que cometió uno de los mayores crimenes hasta ahora... Asesinar a un ejecutor no solo dentro de su territorio, sino que dentro de una de sus sedes.

—Lucius Lavani, alias el dragón de fuego Lucifer —decía un hombre de unos cuarenta años de edad, mirando la imagen de Lucius en la pantalla.

Aunque luego su mirada se dirigió a otra imagen, una mujer de cabello castaño.

—Aiko Blaze, la hermana menor de ese hombre —.

Su voz era clara y débil, pero con una intensidad que no podía ocultar su enojo, su intención asesina hacia ambas amenazas.

Lowen Targen, el actual líder de la balanza dorada y un hombre reconocido dentro de la organización de cazadores. Su mirada que normalmente era tranquila y distante, ahora era un faro de un oscuro odio que emanaba mientras veía las grabaciones de seguridad dentro del edificio.

A sus ojos Lucius es un criminal que debía ser ejecutado, por lo que no dudaría en mover todos los recursos disponibles para encontrarlo y eliminarlo con sus propias manos. Y eso no solo se limitaba a encontrar a Lucius, sino que también a su acompañante que era una amenaza mayor que el mismo Lucius.

—Señor, tiene una llamada Tagan Lavani —dijo un miembro de su equipo después de abrir la puerta de su oficina, normalmente sería regañado por esa falta, pero al ser un asunto importante era entendible.

Lowen hizo una señal con su mano para que el joven se fuera, estando ya solo presionó una tecla de su teclado y una pantalla holográfica se encendió en la pared.

Allí un hombre de más o menos 50 o 55 años de edad se reflejó. Cabello bien peinado de color rojo y un par de feroces ojos color fuego que parecían ser capaces de quemarte vivo con solo verte.

—Si vienes a intermediar por tu hijo, no pierdas mí puto tiempo, no estoy de humor —dijo mientras miraba al hombre en la pared con una seriedad pocas veces vistas en este hombre en toda su carrera.

Targan dejó escapar una ligera risa tranquila, le parecía gracioso ver ese carácter tan dañado en un hombre que era reconocido por su calma y bondad.

—¿Intervenir por ese inútil? No me confundas con alguien como tú —respondió con una sonrisa tranquila, pero con una mirada molesta ante la idea de moverse por un hijo que no le servía.

—¿Entonces que demonios quieres? —preguntó Lowen con una ceja levantada y algo de desagrado en su voz, a sus ojos un hombre como el que tenía en frente no era más que una escoria.

Targan mostró una sonrisa más salvaje, podía notar el odio en la mirada de Lowen y le parecía divertido en cierto nivel. —Quiero a la mujer, a Solo Blaze —respondió sin quitar su sonrisa, mientras lo decía como una orden, una petición que no podía ser rechazada.

Lowen se sorprendió un poco, aunque mantuvo su aspecto frío, no pudo evitar pensar que debía haber un traidor entre los suyos, pues la identidad de la mujer debería ser un secreto conocido solo por unos pocos miembros internos de alta importancia.

Soltando un suspiro molesto, se puso de pie y se acercó a la pantalla holográfica mientras dirigía su mirada a los ojos de Targan.

—Son criminales de nuestro territorio, si intervienen habrá una guerra —fue lo que dijo mientras se paraba firme ante los ojos de quién era conocido como el rey dragón.

—Lowen, no te confundas, no era una pregunta —dijo Tragan mientras lo miraba a los ojos con un notorio deseo asesino. —Mandare a mis hombres a buscarla, no dejes que los tuyos interfieran —añadió mientras le daba una sonrisa provocativa.

Lowen se quedó en silencio por unos segundos antes de responder. —Lo diré una sola vez, si mandas a tu gente a mí territorio, asegúrate de que hayan dejado sus testamentos preparados —le respondió antes de cortar la video llamada, dejando escapar un suspiro agotado para luego ver una foto de Aiko en la pantalla holográfica.

Sentía un poco de pena por la joven, después de todo se vio involucrada en un caos interno y seguramente terminaría siendo asesinada o usada como una potencia arma dependiendo de quién la atrape.

—Señor, recibimos informes del escuadrón dos, se encontró rastro de energía en un edificio semi congelado. Se detectó un posible despertar en la zona —dijo su secretaria por un intercomunicador.

Un posible despertar, esa era una noticia que no esperaba en esta situación. Además el edificio semi congelado indica que fue un despertar bastante potente y de energía congelante, entonces volvió a mirar la foto de Aiko y dejó escapar una ligera sonrisa triste.

—Manda al escuadrón uno, que los ejecutores de élite se hagan cargo —respondió volviendo a su asiento, sabía que un caos se acercaba.

******

Mientras tanto, en la sede principal de los dragones de fuego, Targan estaba sentado en su escritorio emanando una cantidad de calor que sería mortal para cualquier humano a menos de diez metros de distancia.

—¿Quieres jugar? Hijo de perra —dijo en voz baja mientras levantaba la mirada, allí había un joven de cabello azul cielo con unos ojos de un celeste oscuro y brillantes.

Ciel Lavani, el hijo más joven de Targan y el hermano menor de Lucius, un joven talentoso reconocido por otros como alguien que podría llegar a superar a desastre andante que era Zero.

—Ve y trae a esa mujer ante mí, no me importa lo que debas hacer para lograrlo —ordenó con una voz severa y una mirada profunda y ardiente.

El joven no mayor de 25 años dio un paso hacia adelante, hablando con una voz tranquila y suave, como si no fuese necesario elevar más sus palabras para ser escuchado. —¿Y si Lucius la protege? —preguntó con una frialdad poco natural para su familia, pero con un brillo peligroso en sus ojos.




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