En la sede principal de la balanza dorada, específicamente en la sala de espera, Alison estaba bebiendo una taza de café mientras parecía pérdida en sus pensamientos.
Habían pasado ya algunas horas de su batalla con Lucius y todavía no había podido aclarar del todo su cabeza, más aún por la razón de todo lo que estaba pasando ahora.
—Zero.... —dijo en voz baja mientras recordaba a aquel hombre sonriente que siempre parecía estar de buen humor, con una sonrisa llena de confianza y una mirada que siempre transmitía una calma pura y segura.n
En sus recuerdos él era una fuerza de la naturaleza que no tenía comparación, incluso su sonrisa le daba a entender que no había nada en el mundo que pudiese ser una amenaza.
A sus recuerdos llegó el momento cuando lo conoció por primera vez, durante su primera misión en una zona de guerra en la que había aparecido una pesadilla de clase media baja, debía cazarla antes de que las bajas civiles aumentaran, pero estaba nerviosa.
—¿Por qué no me contaste sobre tu hermana? —vuelve a murmurar dando un sorbo a su café, pero entonces deja la taza en el escritorio y se pone de pie.
Las puertas se abren y el primero en ingresar era Lowen Targues, el líder de la organización de la balanza dorada y un hombre que fue reconocido como el ejecutor más fuerte de su generación.
Lowen se detuvo frente a la mesa, miró la taza a medio terminar y suspiró un poco antes de sentarse en el sillón que estaba vacío, ahora habiendo solo una elegante mesa de cristal separando a ambos.
Alison esperaba que fuesen más personas, pero se sorprendió un poco al darse cuenta de que nadie más entraba.
—Seremos solo nosotros —dijo Lowen al notar su confusión mientras dejaba un informe sobre la mesa. —Explicate —ordenó sin apartar la vista.
Alison miró el informe sin mostrar emoción, sabía que alguien bajo su mando había informado todo lo que había pasado y era natural que no lo dejaran pasar así de simple, hacía tiempo que buscaba al infórmate, pero hasta ahora no lo había identificado.
Dejando salir un suspiro cansado, con un dolor de cabeza constante y aún adolorida por las quemaduras que ya habían sido tratadas, Alison se sentó mientras miraba a Lowen.
—Es como dice el informe, la barrera fue destruida y para evitar una destrucción innecesaria, tomé la decisión de dejar ir a los objetivos —dijo de manera respetuosa, aunque se sentía que cada palabra era dirijida sin ganas.
Lowen no era tonto, conocía perfectamente el temperamento de esa mujer y sabía aún mejor sobre su relación con Lucius, por lo que suspiró un poco molesto, quizás había sido una mala decisión mandarla a ella.
—Alis, dejaste escapar a los criminales que estábamos cazando, prácticamente les diste tiempo para huir a otro territorio —diji acercando el informe hasta dejarlo frente a Alison, mientras la miraba con ojos fríos y carentes de emoción. —¿Por qué lo hiciste? —fue su única pregunta y según la respuesta entonces quizás la condene como una cómplice.
Alison levantó una ceja y extendió su mano, pero en lugar de tomar el informe, tomó la taza de café y le dio un sorboz, aunque ya estaba medio frío.
—Zero salvó nuestras vidas, él es la razón por la que las facciones pueden seguir jugando a quien la tiene más grande —dojo de forma descarada y sin señal alguna del respeto fingido que mostró al inicio, ahora mostrando el desagrado en su mirada. —Usted, yo y cada uno de los cazadores... No, cada uno de los humanos vivos deberían agradecerle por seguir existiendo —añadió corrigiendo la última frase.
Lowen la escuchaba en silencio, sabía perfectamente que interrumpir ahora sería iniciar una discusión innecesaria y sería una pérdida de tiempo.
—¿Y me mandan a cazar a su hermana menor? —diji Alison mientras la taza en su mano se agrieta y la energía a su alrededor se distorsiona, aunque su rostro mostraba un semblante sereno y tranquilo, su energía mostraba su verdadero estado emocional.
Entonces fue que Lowen se había dado cuenta, había sido un tremendo error de cálculo enviarla a ella a pesar de que quizás sea la única capaz de enfrentar a Lucius en su facción, ahora ella también sabía sobre la existencia de esa mujer.
Alison se puso de pie dejando la taza nuevamente en la mesa mientras miraba a su actual líder a los ojos. —Me ocultaron información y me mandaron a cazar a la hermana de la única persona que merecía mis respetos, no espere que le dé una puta sonrisa de agradecimiento o una razón de mierda de porque hice lo que hice —dijo mientras caminaba hacia la puerta con pasos firmes y sonoros. —No esperen que actúe como su perro obediente, y suerte con Lucius... La van a necesitar —añadió antes de salir de la sala cerrando la puerta con fuerza detrás suyo.
Lowen se mantuvo sentado dejando salir un suspiro cansado mientras se masajeaba la frente con una mano, por sus malas decisiones ahora había puesto a su mejor ejecutor en su contra, ya estaba comenzando a lamentar un poco lo que pasaba.
Mientras tanto Alison salió del edificio mientras se cubría con la capucha de su abrigo, quería despejar su mente y tratar de pensar con más claridad, estaba comenzando a dudar incluso de cual era su deber.
Mientras caminaba sintió como era observada desde algún lado, detubo sus pasos y dejó escapar un suspiro de fastidio sonoro. —Si quieres matarme, puedes intentarlo —dijo mientras giraba su cuerpo con una mirada agresiva a quien se encontraba detras suyo.
Habían pasado años desde que lo conoció, pero jamás podría olvidar esos ojos de color celeste que parecían congelar tu alma misma, más una sonrisa llena de superioridad y egocentrismo, como si el mundo entero estuviese bajo sus pies.
—Ciel —nombró al dueño de aquellos ojos mientras su voz resonaba con desprecio.
La nieve comenzó a caer nuevamente a su alrededor tratando de reclamar su dominio invernal, pero cada copo que caía sobre el cuerpo de Ciel se evaporaba antes de poder siquiera tocarlo, como un dominio diferente al que no podía manchar.