PoV Lucius
Recuerdo esa noche hace tantos años, era una noche de invierno como las que habían sido las de ahora, noches heladas con nieve que no dejaba de caer del cielo.
Me habían mandado a una misión propia para cazar pesadillas de nivel bajo que se habían escapado a una zona poblada, entonces debía darles muerte antes de que las víctimas fueran mayores.
Estaba cansado y me hacía frío, tenía 15 años y era orgulloso como nadie, supongo que se debía a la influencia que tenía mí familia.
Mis pasos resonaban entre los callejones mientras buscaba a esas malditas alimanias, según los informes no eran más grandes que perros medianos, pero eran más casi una decena por lo que podrían causar una masacre si no se les deba fin rápidamente.
Fue cuando me detuve de repente al sentir un aroma que jamás podría confundir, el profundo aroma a hierro que dejaba la sangre. Puse una sonrisa y comencé a correr por los callejones siguiendo el olor, no me importaba si había víctimas, pero si mataba rápido a esas cosas entonces podría regresar a casa.
Corrí tal vez por treinta segundos antes de finalmente llegar a la fuente, había un hombre adulto destrozado en el suelo mientras su sangre manchaba la nieve. Lo reconocía, era un cazador de nivel bajo que seguramente había perseguido a esas cosas, su cuerpo estaba destrozado pero podía ver el medallón de una cruz y un ojo a su lado, era miembro de la sede religiosa.
Suspiré con molestia al no ver rastros de esas cosas cerca, quizás habían visto algo más para matar y lo siguieron, tomé el medallón y seguí mí camino, no era un asunto mío ese cuerpo.
Al girar por una esa esquina, cerca de la salida a una zona aislada de la ciudad, me quedé petrificado al sentir como si la guadaña de la muerte me tocaste el cuello.
Mí cuerpo se tensó y mí boca se secó al instante, mis manos temblaron y el sudor frío comenzó a bajar por todo mí cuerpo, sentía como si la muerte misma me estuviese viendo.
Cuando dirigí la mirada a dónde estaba la fuente de ese oscuro sentimiento, un par de oscuros ojos de color negro me veían desde un rincón, la intención asesina que emanaba no era normal, por un momento incluso creí que era una pesadilla de nivel alto.
Pero cuando vi más claramente era un joven de más o menos mí edad, quizás 12 o 13 años, que estaba tirado con la espalda apoyada en la pared del callejón. Parecía cargar algo en sus brazos de manera protectora mientras gruñía en voz baja de manera amenazante, luego vi que a su alrededor habían varios cuerpos que ya no se movían.
Tragué saliva al darme cuenta de que se trataban de las pesadillas que había estado buscando, todas habían sido cortadas en diferentes partes. Entonces algo más llamó mí atención, un brillo ligero desde la mano del joven, una espada rota que aún goteaba la espesa sangre negra de las pesadillas.
Fue la primera vez que lo vi, el día en que nos conocimos, el día en que entendí que mí orgullo no tenía sentido frente a la muerte misma, frente a alguien que estaba dispuesto a romper la leyes naturales de su cuerpo para lograr su objetivo.
Sin energía, sin poderes, sin la fuerza de un cazador, solo con una espada pesada y dañada logró asesinar a casi una decena de pesadillas miemtras parecía proteger a alguien en sus brazos de manera agresiva.
Cuando di un paso en si dirección la intención asesina se hizo más pesada, pero pude ver qué abrazaba con tanto anhelo, una pequeña niña de unos 3 o 4 años que estaba dormida y pálida.
*********
Al abrir los ojos me sentí un poco adolorido, creo que me quedé inconciente después de la pelea, debí haberme esforzado más de lo que pensé.
Al mirar a los lados noté que estábamos dentro de una habitación algo poco decente, y a mí lado estaba sentada Aiko mientras dormía, no pude evitar poner una sonrisa al verla así.
—Muchas emociones por un día —dije entre susurros mientras me sentaba en el borde de la cama, aún me sentía un poco agotado, pero no estábamos en una situación en la que pueda dormir mucho.
Cuando la miré nuevamente me llegó una imagen del pasado, cuando cierto idiota estaba dormido al lado de mí cama después de una batalla en la que casi muero, pero sin los mocos.
Suspiré un poco y la desperté. —Oye, despierta, tenemos cosas por hacer —le dije mientras ella abría los ojos.
—mmm~ despertaste —fue lo que respondió mientras estiraba los brazos hacia arriba a la vez que bostezaba, creo que este fue su primer verdadero descanso después de mucho tiempo.
—¿Donde estamos? —le pregunté mientras me ponía de pie y me acercaba a la ventana, al abrirla no había muchas personas y quizás podría decirse que era un lugar algo alejado.
Suspiré aliviado, quizás sea un buen momento para descansar un poco antes de seguir nuestro viaje, ellos no buscarían una pelea en una zona habitada.
—Un hotel de mala muerte, te desmayaste y no podría cargarte todo el día, así que pagué por un día más un extra para que no hagan preguntas —respondió como si fuese su buena acción del día, quizás si no la conociera pensaría que es algo adorable, pero...
—¿De dónde sacaste el dinero? —
—Un idiota quiso pasarse de listo y robarnos, le rompió un brazo y le quité lo que tenía —respondió con una sonrisa algo sádica mientras parecía recordar su hazaña... Se parece tanto a su hermano.
Negué un poco con la cabeza y me senté en el borde de la cama nuevamente.
—Olvida que pregunté —dije con resignación mientras la miraba. —Dime, pudiste sentir como se movía la energía dentro de ti estando en esa barrera verdad —le pregunté de manera directa mientras recordaba cómo se me pasó la mano con el purgatorio y ella terminó congelando un poco su cuerpo para aguantar.
—Si, un que no se bien que era —respondió mientras se miraba las manos, cerrando y abriendo los puños como si tratase de recordar algo. —Se sentía como un líquido extraño que se movía detro de mí cuerpo, por mis venas, incluso por mi piel —.