Cazadores de Pesadillas

Capítulo 13

Hace frío... Todo está muy frío.

De la nada mí visión se volvió blanca y todo a mí alrededor desapareció, se suponía que estaba sentada en el piso frente a Lucius, pero ahora no había nada.

Sentía mi cuerpo flotando en la nada mientras el frío me envolvía, un frío que llegaba hasta los huesos, pero que extrañamente se sentía cómodo.

Mis ojos estaban pesados, el agotamiento me invadía y mi cabeza me daba vueltas, apenas me mantenía consciente mientras el sueño me llevaba.

—Aiko, no deberías dejarte arrastras así —sonó una voz conocida mientras sentía una mano tomar la mía.

Abrí lentamente mis ojos para ver a esa persona nuevamente, sus ojos blancos como la nieve me miraban desde frente mío, seguía transmitiendo una frialdad eterna, pero no era agresivo.

—Si te dejas arrastrar por ese sentimiento te vas a arrepentir —añadió apretando un poco mi mano con las suyas, sus frías manos que me daban ese sentimiento de soledad y distancia que tanto conocía.

Él me señaló en otra dirección con la mirada, dirigí mí atención a ese lugar señalado y no pude evitar temblar un poco, no era el frío envolvente, era el sentimiento de inferioridad y temor que tenemos los humanos, un miedo instintivo hacia lo que sabemos es más fuerte y peligroso.

Allí se veía a un hombre envuelto en aura gélida y azulada, en medio de un infinito jardín de flores de hielo, rodeado de estatuas de criaturas que jamás podría haber llegado a siquiera imaginar y también de otros humanos, tan realistas, parecían haber sido personas o seres vivos, pero congelados al punto de la cristalización mientras las flores de hielo crecían sobre sus cuerpos.

El hombre, ignorando todo lo demás, reía con locura mientras chocaba contra un ser que solo podía describir como una bruma de oscuridad. Cada choque hacia que el mundo entero se sacudiera en fuertes temblores, pero por más sorprendente que se vea, la bruma estaba siendo congelada.

—Si te dejas llevar y no controlas tu poder, tu poder te va a consumir hasta la locura —dijo con una tonalidad que reconocía aún si no lo veía, la tristeza y el dolor de la culpa.

Entonces lo reconocí, al hombre que peleaba de forma salvaje mientras el mundo entero se envolvía en su hielo.

—Eres tu —dije sin apartar la mirada del choque entre ambos seres que serían monstruos entre monstruos, poder sin igual y control nulo.

—Me dejé llevar cuando el miedo a la oscuridad tomó forma, me descontrole tanto que causé un cataclismo de temperaturas bajas, no se cuántas vidas habré tomado en mi descontrol masivo —dijo con pena mientras veía el choque con tristeza y dolor contenido en su voz.

Sentía mi boca secarse con cada segundo que pasaba, al final ambos seres parecían haberse dado fin entre ellos, pero la destrucción consecuente fue tan grande que no sería errado decir que la mitad del continente se quedó en una hera de hielo.

—Pero ganaste... —dije en un burdo intento de darle sentido a la destrucción dejada, pero él se rió un poco mientras me soltaba la mano y caminaba en dirección donde quedó una espada blanca como la nieve.

—No gané nada, solo causé más dolor y sufrimiento que una pesadilla... Aiko, somos cazadores más no somos dioses —dijo mientras tomaba la empuñadura de la espada y me miraba a los ojos con una sonrisa amable, una mirada tranquila, distante como alguien cansado de todo. —Nuestro deber es proteger a las personas de seres atroces, nuestra misión es matar a tantas pesadillas como nos sea posible antes de morir pues cada vez que una muere, salvamos vidas humanas. Pero si nos descontrolamos y causamos la muerte de miles o cientos de miles... ¿Que mierda estamos ganando? —añadió mientras caminaba en mí dirección, a cada paso que daba las flores de hielo crecían detrás suyo.

Yo solo podía mirarlo con extrañeza, no podía entender lo que quería decir realmente.

—¿Proteger? ¿Aún cuando eso significa perder todo lo que amamos? ¡¿O aún si eso es morir en el olvido sin que nadie más nos conozca?! —le grité, no se por qué, no entiendo bien la razón de por que me dejé llevar... Pero siento que no puedo quedarme callada así nada más. —Yuki, el portador del colmillo en la era del caos... ¿Cómo es que se tu nombre? —iba a decir más, pero conocer su identidad tan de repente me hizo perder el impulso por la confusión.

—Eso es porque estamos conectados, como tu hermano lo estaba con otro portador, tu lo estás conmigo a través de tu poder —respondió con calma cuando finalmente llegó hasta quedar a menos de un metro de distancia.

Su altura estaba cercana a los 1.90m de altura, por lo que debía mirarlo hacia arriba.

—Puedo ver que aún estás confundida y en conflicto interno, pero llegará el momento en que lo entiendas —dijo tomando mi mano con cuidado, usando sus fríos dedos con cuidado para abrir los míos, para finalmente entregarme la espada.

—Fria —fue lo único que dije mientras miraba la espada en mi mano, mientras apretaba la empuñadura con fuerza.

—Yo la llamé colmillo blanco, una extensión de mi voluntad y poder, un poder que ahora te pertenece. —dijo mientras me acariciaba la mejilla con cuidado moviendo los mechones de cabello que cubría mí rostro. —Puede que no lo entiendas ahora, pero colmillo blanco y colmillo negro no son simples armas o espadas, son la voluntad de quienes entregaron todo por cumplir su deber —añadió mientras su cuerpo se volvía traslúcido.

La sensación de frío se volvió más tangible en mi cuerpo, sentía como si me estuviese abrazando de manera constante y cuidadosa.

—No puedo prometer que sea una solución a tus problemas actuales, puede que incluso sea una maldición para ti... Pero dese, desde el fondo de mi roto corazón, que no cometas los mismos errores que yo cometí en mi vida... Espero que nos veamos de nuevo algún día, Aiko —.

Tras esas palabras el mundo entero se volvió totalmente blanco mientras volvía a flotar, pero no era todo lo que estaba sintiendo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.