Cazadores de Pesadillas

Capítulo 16

Manteniendo su postura firme, Ciel extendió los brazos a los lados mientras el fuego azul se extendía a su alrededor de manera fluida y tranquila.

Con esta acción Lucius se puso en alerta máxima, sabía de la capacidad de combate de su hermano y sabía de lo que era capaz con tal de completar una misión dada por su padre, por lo que debía estar más que preparado para lo que sea.

Lucius no esperaba que enviaran a Ciel, después de todo era el "talento más grande de los dragones", o al menos así se lo conocía. No esperaba que su padre lo fuese a enviar personalmente, no contra él.

—Luci, la cagaste en lo grande —dice Ciel con una sonrisa algo burlona mientras se pone una mano en la frente negando de manera divertida. —Tantas cosas que podrías haber hecho, tantas cosas que papá podría haberte perdonado... —deja ver sus ojos a través de sus dedos, sus pupilas con un brillo salvaje y amenazante. —Ocultar la existencia de esa mujer es la más alta muestra de traición —.

Aiko no entendía bien lo que pasaba, pero entendía algo más claramente que antes, ese hombre frente a ellos era peligroso, realmente peligroso.

Lucius suspiró un poco con frustración mientras enderezaba su postura, poniéndose la mano en la nuca mientras se quejaba internamente de que nada salía como deseaba.

—Ciel, regresa a casa, es mejor que no intervengas en este asunto —dijo tratando de mantener la compostura mientras hablaba, aunque era cierto que sería problemático pelear contra él.

Ciel calmó un poco su aura amenazante mientras miraba al cielo con más tranquilidad, aunque a Aiko le pareció muy extraña esa capacidad de cambiar su estado emocional tan fácilmente.

—No —se niega después de dejar que el aire frío de la noche golpee su rostro. —Estoy cansado de que me veas como un niño, sigues creyendo que soy incapaz de enfrentarme a ustedes y eso es estúpido —añadió mientras sacaba algo de su bolsillo, una esfera de color platinado con grabados runicos por toda su extensión.

Lucius chasqueó la lengua al ver la esfera y nuevamente se puso en postura de alerta, conocía ese artefacto y sabía que si tenía esa cosa no se resolvería con unas palabras.

Ciel no pudo evitar sonreír con satisfacción al ver la reacción de su hermano, aunque a la vez le parecía tonta la cara de confusión que mostraba la mujer.

—Luci... ¿Que es eso? —preguntó Aiko notando la postura de Lucius.

—Hagas lo que hagas, no te muevas de dónde estás —fue lo único que respondió.

Entonces Ciel dejó caer la esfera y al tocar el suelo se rompió en cientos de pedazos liberando una onda de energía que se expandió por un par de kilómetros a su alrededor.

—Barrera dimensional tipo inferno —fue lo que dijo Ciel y todo el espacio comenzó a temblar con fuerza.

En segundos las grietas se expandieron sin parar mientras las ráfagas de fuego se levantaban como erupciones volcánicas. Los árboles se incineraron en un instante hasta dejar solo pilares de fuego naranja y azul en una armonía extraña.

Aiko, en un acto de reflejo instintivo, extendió su energía por todo su cuerpo formando capas delgadas de hielo protegiendo su piel de manera constante. El calor era tan alto que la escarcha se evaporaba rápidamente, aunque se formaban nuevamente.

—¡Lucius! —gritó ella mientras veía como todo el paisaje cambiaba a un infierno ardiente en cuestión de segundos.

—Pase lo que pase, no te muevas de dónde estás —respondió Lucius con seriedad mientras centraba su mirada en Ciel, quien seguía de pie siendo consumido por el fuego.

Inferno, una barrera dimensional modificada por los dragones rojos para potenciar el poder de sus miembros, aunque debería seguir en experimentación, no esperaba que su hermano tuviese un prototipo funcional.

Ciel comenzó a reír de manera eufórica, sabía que tenía limitaciones debido a que era un prototipo, pero la cantidad de energía que sentía recorrer su cuerpo era masiva.

—¡BIEN, ESTO ME ENCANTA! —gritó mientras el fuego azul se arremolinaba con él como centro.

Fue rápido, apenas un segundo en el que con un parpadeo se podría haber pedido todo de vista, el primer choque entre los puños de ambos hermanos resonó como un trueno retumbante que hizo temblar a Aiko por el choque de la onda expansiva.

Ambos se miraban a los ojos, el carmesí de Lucius que ardía con ferocidad y el celeste de Ciel que brillaba con confianza.

El primero en retroceder fue el brazo de Lucius pues la fuerza del impacto lo había superado, antes de poder recuperar la postura el puño de Ciel se impactó contra su rostro haciéndolo retroceder como una bala hasta estrellarse contra el suelo destruido por el nuevo paisaje.

—¡Jajaja si, así es como debe de ser! —grita en euforia mientras pasa por al lado de Aiko, la mira de reojo y decide ignorarla pues no la veía como una amenaza y no podría escapar de la barrera.

Por su lado Aiko estaba paralizada, después de haber aprendido a mover un poco su energía fue capaz de sentirla en el exterior y en otros seres aprendiendo que todo el mundo tiene un poco en su cuerpo, pero que habían personas con mayor capacidad.

A sus ojos Lucius era un monstruo sin igual por la cantidad de energía que guardaba en su interior, pero ahora mismo mientras hacía todo lo posible para que el calor insoportable del "infierno" a su alrededor no la consuma, había un ser que podría verdaderamente ser llamado monstruo.

Lucius se puso de pie limpiándose la sangre que comenzó a caer por su boca para luego escupir otro poco al suelo, aunque se evaporaba antes de tocarlo.

—Que molesto —susurró para si mismo mientras veía a Ciel caminar en su dirección mientras el fuego azulado parecía abrirle paso.

Apretando los puños con fuerza, se decidió a no contenerse, aunque eso podría significar causarle verdadero daño a su hermano.

Ya no habían palabras para intercambiar, no habían frases ingeniosas o insultos humillantes, ambos se miraron a los ojos cuáles brillaban con sus intenciones. Los dos miembros de los dragones que habían ganado títulos de otras facciones, el dragón de fuego Lucifer y el dragón celestial Ciel.




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