El aire aún estaba ardiente, pesado y difícil de poder respirar. El suelo quemaba los pies aún cuando estaba cubierta por la barrera helada por su protección, aunque parecía apenas poder resistir la temperatura brutal que la rodeaba.
Pero eso se mantenía fuera de su mente, de hecho ni siquiera ocupaba una minúscula porción de sus pensamientos pues todo estaba centrado en aquel hombre que la había estado cuidando los últimos 5 años.
Quería acercarse para ayudarlo, quería ponerse de pie y correr para ponerse frente a él recibiendo cualquier ataque, pero no podía. Aiko sabía que en su estado actual era un estorbo, una carga que Lucius debía aguantar, que su hermano debió cuidar y que ahora entiende que su lugar siempre fue la de una maldita damisela en peligro.
—No te apresures, solo mira con atención, siente la desesperación que causa la impotencia. La frustración que sienten los débiles, siente todo eso ahora para no tener que volver a sufrirlo después —resonó la voz en su cabeza mientras la espada frente a ella tomaba un ligero brillo helado.
Apretando los dientes con fuerza debido a su propia inutilidad, se forzó a mantener los ojos abiertos y no perderse nada. Confiaba en Lucius, lo había hecho desde que lo conoció pues su hermano decía confiarle su vida, así que ella también lo haría.
—Ufff maldita sea, de verdad fue más fuerte de lo que esperaba jaja —dijo Lucius con una risa seca mientras miraba el brazo faltante, había sido desintegrado por la onda expansiva de plasma.
Ciel se puso de pie mientras se limpiaba la boca finalmente pudiendo respirar con más normalidad, centrando sus celestes ojos en su hermano, aunque ya no tenía el frío brillo de antes, ahora era más frustrado, quizás molesto.
—No me mires así, apenas si me dolió —concluyó Lucius mientras le sonreía a su hermano menor, aunque era una farsa demasiado obvia puesto que su balance estaba desequilibrado y se notaba que el dolor en su cuerpo estaba más allá de "apenas sentirlo".
Ciel suspiró un poco negando con la cabeza mientras se reía con asco y molestia, pasándose la mano derecha por el cabello despeinado mientras sonreía. —Luci eres un malparido de mierda —dijo con diversión, pero su sonrisa se tornó una mueca de enojo y sus ojos reflejaban una ira que apenas parecía poder contener. —¡¿Por qué mierda te contuviste?! ¡¿Acaso crees que yo no voy enserio?! ¡¿O es que piensas seguir tratándome con un maldito niño debilucho?! —le gritó con la voz al borde de romperse, una imagen que incluso sorprendió a Lucius.
Ciel se puso las manos en la cabeza mientras lo miraba a los ojos, su fuego se mantenía ondeando a su alrededor, pero se notaban disturbios en su energía que causaban ondas térmicas que se mantenían expandiéndose.
Entonces Ciel se dio cuenta de algo, su mirada de inmediato se dirigió hacia Aiko quien se mantenía de rodillas en el suelo mirando a Lucius con preocupación en sus ojos.
—¿Es por ella? ¿Redujiste la energía de tu ataque para que ella no se vea afectada? —preguntó con voz vacía mientras regresaba la mirada hacia su hermano.
Lucius no respondió la pregunta, pero ese silencio fue la respuesta que Ciel necesitaba.
—¿Por qué?... ¿Por qué estás dispuesto a sufrir por ella?... —
Tras esa pregunta todo el lugar se quedó en silencio, un silencio pesado y denso que se sentía en el aire. Aiko entonces lo notó, una pregunta que salía casi con desesperación, una duda que provenía desde el fondo de su corazón.
Ese "¿Por qué?" le había dolido, no porque este dirigida a ella. Le dolió debido a que ella misma se hizo la misma pregunta miles de veces en los últimos años, la misma duda que invadía su mente desde su corazón y le causaba un dolor inimaginable que la hizo considerar más de una vez cortarse las venas.
No entendía la razón, pero algo en Ciel le resultaba extremadamente familiar, especialmente cuando hizo aquella pregunta tan cercana.
Lucius bajó la mirada por un momento al escucharlo, quizás pensando una respuesta o quizás simplemente tratando de ganar tiempo para recuperarse, aún así le respondió. —Es su hermana —le dijo con firmeza, como si esas tres simples palabras fuesen la respuesta de todo.
El silencio nuevamente llenó el lugar, esta vez más largo y por alguna razón más denso.
—... Ja... Jaja...jajajajajajaja —comenzó a reír Ciel después de unos segundos, comenzando lento hasta que se volvió una risa sonora y casi rayando la histeria.
Aiko lo miraba concentrada y con un dolor en el corazón, entonces pudo entender aquel sentimiento tan cercano, ellos compartían el mismo dolor.
—¡¿Y yo no soy tu hermano?! —gritó Ciel después de reír, ahora con una furia liberada mientras el fuego azul se volvía loco debido a sus emociones. —¡¿Yo que soy?! ¡Dime, Lucius Lavani, ¿Que mierda soy para ti?! —añadió entre un grito roto y desesperado.
Quizás por el intenso calor que emanaba de su cuerpo no lo podía ver, pero por su voz y su mirada, Aiko estaba segura de una cosa mientras lo veía... Estaba llorando.
—¡¿Por qué no mostraste ese puto amor fraternal conmigo?! ¡¿Por qué te esfuerzas tanto por ella cuando tu hermano menor soy yo?! —gritaba mientras su cuerpo comenzaba a temblar un poco.
—Ciel, no es así... —dijo Lucius mientras lo veía, aún así no pudo seguir diciendo nada al darse cuenta de algo mientras pensaba.
—¡Me trataste como una mierda sin talento desde que nací! ¡Me mirabas como un insecto, como a un paria que desperdiciaba su sangre! —le replicó señalandolo con un dedo mientras su voz sonaba más rota que antes. —¡¿Tienes idea de cómo me sentía al verte ser tan amigable con Zero?! ¡¿Tienes idea de lo celoso que estaba cuando se trataban como hermanos?! —apretando los dientes con fuerza mientras recordaba. —¡Maldita sea, cuando te fuiste papá me hizo pasar un infierno con la excusa de superarlos! —añadió mientras su temperatura comenzaba a descender, ahora dejando ver las lágrimas que caían por sus ojos.