Cazadores de Pesadillas

Capítulo 18

Las risas de diversión se hicieron escuchar con fuerza desde todas direcciones mientras un manto oscuro se expandía en el cielo de la barrera, cada segundo que pasaba pareciendo eterno mientras la oscuridad se hacía presente acompañada por la figura de un niño con traje blanco con rayas negras y una especie de marcas de quemadura en el rostro.

Las risas se hicieron más sonoras y los ojos del niño brillaron por un momento causando que las risas desaparecierieran, pronto fueron remplazados por decenas de gritos dolorosos mientras el cuerpo del niño parecía arder y sus ojos se prendían fuego para evaporarse, su piel ardiendo en quemaduras severas mientras era consumido.

Ciel apretó los dientes mientras se preparaba, aunque si atención estaba puesta en Lucius quien ahora estaba tendido en el suelo sin moverse. "Mierda, justo ahora... Justo cuando ya casi no tengo energía" pensó para si mismo mientras se esforzaba en buscar soluciones.

—Luci.... Oye Lucí... ¿Que pasa? —

Entre los gritos desgarradores de los niños, Ciel pudo diferenciar una voz femenina proveniente de no muy lejos de él. La había olvidado, rápidamente dirigió su mirada a la chica que estaba con su hermano, Aiko Blaze.

Aiko estaba arrodillada en el ardiente suelo mientras el aura elada la envolvía protegiéndola del calor causado por su anterior pelea, se podría decir que estaba ilesa... Pero Ciel notó algo, como el brillo en sus ojos comenzaba a desaparecer.

Ignorando los gritos desgarradores, Aiko se puso de pie y comenzó a caminar lentamente hacia el cuerpo de Lucius, cada uno de sus pasos generando escarcha en el suelo mientras la espada giraba a su alrededor como un escudo infranqueable.

Ciel quiso decir algo, pero se giró y dio un salto alejándose de un salto pues unas estacas negras se clavaron donde estaba parado.

—¡Duele, me duele mucho! ¡Mamá ¿Que hice para hacerte enojar?! ¡Mamá perdoname! —comenzarón a resonar los gritos con una voz infantil distorsionada que de ven en cuando se tornaba más gruesa y oscura.

Chasqueando la lengua Ciel trató de fortalecerse absorbiendo energía de la barrera Inferno, pero su sorpresa se hizo visible al darse cuenta de que estaba siendo consumida por algo más. Su mirada se dirigió al "niño" que estaba clavándose los dedos en su cuencas vacías mientras gritaba que lo perdonen.

Levantando los brazos las cuchillas de plasma chocaron contra las estacas que comenzaron a volar contra él desde las sombras, apenas pudiendo mantenerlas a raya. Estaba ayudando bastante, su cuerpo sentía el agotamiento y su mente ya estaba llegando al límite pues había avisado bastante de su poder dentro de esa barrera.

—Oye Luci.... No es hora de dormir, debemos seguir el viaje.... Dijiste que ya casi llegamos... —dijo Aiko mientras se ponía de rodillas frente al cuerpo de Lucius tomando la estaca con las manos que no dejaban de temblar.

Sus labios tiritaban mientras lo miraba y forzaba una sonrisa llena de confianza mientras lo miraba al rostro.

—Luci, no seas exagerado y levántate... Dijiste que estarías conmigo ¿Recuerdas?... Dijiste que me cuidarías ¿Recuerdas?... —decía ella mientras su voz se rompía en cada frase y le daba leves golpes en el pecho asemejando a una niña haciendo un pequeño berrinche.

Lo recordaba perfectamente, ese día soleado en que enterraron a su hermano.

Ella estaba llorando con todas sus fuerzas ese día, sintiendo como todo su mundo se caía a pedazos y al mismo tiempo le dolía como el mundo mismo seguía avanzando como si no le importara su hermano.

Ese día habían personas que no conocía allí, personas que la miraban con lástima, personas que la veían con ojos peligrosos debido a que había quedado sola.

Ella los escuchaba murmurar, supuesta "familia" que apareció de la nada y que estaba presente como animales carroñeros esperando su oportunidad.

"Él ya no está", "Zero no la cuidará", "es nuestra oportunidad", "podemos quedarnos con todo" "él tenía mucho dinero, si nos deshacemos de la mocosa todo sería nuestro". Decían tantas cosas mientras ella seguía llorando frente a la foto de su hermano, ignorando a todos a pesar de saber que su vida ya no sería la misma y que seguramente la usarían.

Pero entonces sintió una mano en el hombro, una mano pesada que firme, pero que transmitía un agarre tan seguro que no daba espacio para confundirlo.

Al levantar la mirada pudo ver un par de ojos carmesí que parecían apagados, pero que a la vez la miraban con un extraño cariño y cuidado. "Te voy a cuidar, así que no temas por nada y llora lo que debas llorar sin miedo" dijo con voz serena.

Ella lloró con fuerzas mientras se abrazaba al cuerpo de Lucius en ese momento, ignorando las miradas molestas de los presentes, desahogando su dolor y tristeza.

Ahora esa persona estaba en sus brazos lleno de heridas, con un brazo faltante y un agujero en el pecho que la aterraba.

Las lágrimas comenzaron a caer nuevamente hasta chocar en el rostro de Lucius.

—Perdóname, por favor perdóname por ser una inútil —dijo abrazando su cuerpo mientras su voz se rompía en su totalidad.

No le importaba el ruido de su alrededor, no le importaba el fuego o las estacas, no le importaba que el paisaje que anteriormente era de puro fuego ahora este siendo consumido por la oscuridad.

Solo le importaba él.

—Me protegiste, siempre me cuidaste mientras yo solo era una estúpida llorona... Tu también estabas roto, tu también querías llorar y gritar, pero nadie te dio esa seguridad que me diste a mí —dijo sin soltarlo, dejando salir sus palabras de forma automática. —Perdóname por nunca haber sido una buena hermana —.

Entonces el grito de agonía se hizo más fuerte acompañado por un "¡Dueleeeee!" desgarrador.

Unas estacas de oscuridad volaron desde las sombras a gran velocidad hacia Aiko y Lucius mientras giraban como taladros en el aire.

Ciel intentó interceptarlas, pero su fuego se terminó por apagar debido al desgaste y no pudo reaccionar a tiempo, por lo que apretó los dientes esperando a ver el resultado inevitable.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.