Cazadores de Sombras: Ciudad de Cristal (yeongyu)

Capítulo 10: Fuego y espada

- Es tarde. - Dijo Niki, volviendo a correr con ansiedad la cortina de encaje sobre el alto ventanal de la salita. - Debería estar ya de vuelta. 

- Sé razonable, Niki. - Indicó Kai, con aquel tono de superioridad de hermano mayor que parecía dar a entender que mientras que él, Niki, podía ser propenso a la histeria, él, Kai, permanecía siempre totalmente tranquilo.

Incluso la postura de su hermano -estaba repantigado en uno de los rehenchidos sillones situados junto a la chimenea de los Park como si no tuviese ni una sola preocupación en el mundo- parecía diseñada para exhibir su despreocupación. 

- Yeonjun responde así cuando está alterado: se va y deambula por ahí. Ha dicho que iba a dar una vuelta. Regresará.

Niki suspiró. Casi deseó que sus padres estuviesen allí, pero seguían en el Gard. La reunión del consejo se estaba prolongando hasta una hora brutalmente tardía. 

- Pero él conoce Seúl. No conoce Alacante...

- Probablemente la conoce mejor que vosotros.

Felix estaba sentado en el sofá leyendo un libro, cuyas páginas estaban encuadernadas en cuero rojo. Tenía los ojos clavados en el tomo abierto sobre el regazo. Niki, que jamás había sido demasiado amante de la lectura, envidiaba la capacidad de otras personas para abstraerse en un libro. Había gran cantidad de cosas que en otro momento habría envidiado en Felix: ser menudo y delicadamente bonito, para empezar. Pero, sin embargo, no hace mucho, Niki había comprendido que los otros chicos no existían simplemente para ser envidiados, evitados o para provocar antipatía. 

- Vivió aquí hasta los diez años. Vosotros, chicos, sólo habéis venido de visita unas cuantas veces. 

Niki se llevó la mano a la garganta torciendo el gesto. El colgante sujeto a una cadena que llevaba al cuello había emitido un repentino y agudo latido... aunque normalmente sólo lo hacía en presencia de demonios, y estaban en Alacante. No había modo de que pudiera haber demonios cerca. A lo mejor el colgante no funcionaba bien. 

- No creo que esté vagando por ahí, de todos modos. Creo que resulta del todo evidente a dónde ha ido. - Respondió Niki. 

- ¿Crees que ha ido a ver a Beomgyu? - Inquirió Kai, alzando los ojos. 

- ¿Aún sigue aquí? Pensaba que iba a regresar a Seúl. - Felix dejó que el libro se cerrara. - ¿Dónde se aloja el hermano de Yeonjun, a todo esto?

Niki se encogió de hombros. 

- Pregúntale a él. - Dijo, moviendo los ojos hacia Jisung. 

Jisung estaba despatarrado en el sofá situado frente al de Felix. También él tenía un libro en la mano, y su oscura cabeza estaba inclinada hacia él. Alzó los ojos como si pudiese percibir la mirada de Niki sobre sí. 

- ¿Hablabais de mí? - Preguntó en tono apacible. 

Todo en Jisung era apacible, se dijo Niki con un dejo de fastidio. Se había sentido impresionado por su atractivo al principio, pero su personalidad afable y comprensiva lo crispaba ahora. No le gustaban los chicos que daban la impresión de no enfurecerse nunca por nada. En el mundo de Niki, la cólera significaba pasión y diversión. 

- ¿Qué estás leyendo? - Preguntó, con más acritud de la pretendida. - ¿Es uno de los cómics de Taehyun?

- Pues sí. - Jisung bajó los ojos hacia el cómic manga apoyado sobre el brazo del sofá. - Me gustan las ilustraciones. 

Niki lanzó un suspiro exasperado. Dirigiéndole una mirada reprobatoria, Kai dijo: 

- Jisung, a primera hora de hoy... ¿sabe Yeonjun a dónde has ido?

- ¿Te refieres a que he salido con Beomgyu? - Jisung pareció divertido. - Oíd, no es un secreto. Se lo habría contado a Yeonjun de haberle visto.

- No veo por qué le iba a importar. - Felix dejó su libro a un lado, y su voz tenía un tono cortante. - No es nada malo. ¿Qué pasa si le ha querido mostrar a Beomgyu algo de Idris antes de que él vuelva a casa? Yeonjun debería sentirse complacido de que su hermano no esté ahí sentado aburrido y enojado. 

- Puede ser muy... protector. - Dijo Kai tras una leve vacilación. 

Felix frunció el ceño. 

- Debería mantenerse al margen. No puede ser bueno para él estar tan sobreprotegido. La expresión de su rostro cuando nos cogió por sorpresa fue como si nunca hubiese visto a nadie besarse. Quiero decir, quién sabe, a lo mejor es así. 

- Pues no. - Repuso Niki, recordando el modo en que Yeonjun había besado a Beomgyu en la corte seelie. 

No era algo en lo que le gustase pensar; a Niki no le gustaba regodearse con sus propias penas, y mucho menos con las de los demás. 

- No es eso. 

- ¿Entonces qué es?

Jisung se irguió, apartándose un mechón de cabello oscuro de los ojos. Niki captó una fugaz visión de algo... una línea roja a lo largo de la palma, una especie de cicatriz. 

- ¿O sólo me odia a mí en particular? Porque no sé qué es lo que yo he...

- Ese es mi libro.

Una vocecita interrumpió el discurso de Jisung. Era Taehyun, de pie en la entrada de la sala. Llevaba puesto un pijama gris y sus cabellos estaban alborotados como si acabara de despertarse. Miraba con expresión iracunda el libro de manga que descansaba junto a Jisung. 

- ¿El qué? ¿Esto? - Jisung le alargó el libro. - Aquí tienes, chaval. 

Taehyun cruzó la habitación muy digno y recuperó de un tirón el libro. Dirigió una mirada furibunda a Jisung. 

- No me llames chaval. 

Jisung rió y se puso en pie. 

- Voy a buscar café. - Dijo, y salió en dirección a la cocina. Se detuvo y se volvió en el umbral de la puerta. - ¿Alguien quiere algo?

Hubo un coro de negativas. Jisung se encogió de hombros y desapareció en la cocina, dejando que la puerta se cerrara a su espalda. 

- Taehyun... - Dijo Niki en tono seco. - No seas grosero.

- No me gusta que nadie toque mis cosas. - Taehyun abrazó el cómic contra el pecho.

- Crece un poco, Taehyun. Sólo lo había cogido prestado. 

La voz de Niki surgió más irritada de lo que él habría querido; seguía preocupado por Yeonjun, lo sabía, y se estaba desquitando con su hermano pequeño. 




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