Las nubes habían ido descendiendo hasta el río, como hacían a veces por las noches, arrastrando con ellas una espesa bruma. No escondía, sin embargo, lo que sucedía en la terraza, sino que simplemente depositaba una especie de tenue niebla sobre todo lo demás. Los edificios que se alzaban alrededor eran tenebrosas columnas de luz, y la luna apenas brillaba, parecía el destello amortiguado de una lámpara a través de las ligeras nubes bajas. Los fragmentos rotos del ataúd de cristal, esparcidos por el suelo enlosado, relucían como pedazos de hielo, y también Asa brillaba, pálida bajo la luz de la luna, observando a Jake inclinado sobre el cuerpo inmóvil de Jisung, bebiendo su sangre.
Beomgyu no soportaba mirar. Sabía que Jake aborrecía lo que estaba haciendo; sabía que estaba haciéndolo por él. Por él e incluso, un poco, también por Yeonjun. Y sabía cuál sería el siguiente paso del ritual. Jake donaría su sangre, voluntariamente, a Jisung, y Jake moriría. Los vampiros morían si se quedaban sin sangre. Jake moriría y él lo perdería para siempre, y sería -absolutamente- por culpa suya.
Sentía a Yeonjun detrás de él, con los brazos tensos rodeándolo y el suave y regular latido de su corazón pegado a sus omóplatos. Recordó cómo lo había abrazado en Idris, en la escalera del Salón de los Acuerdos. El sonido del viento entre las hojas mientras lo besaba, el calor de sus manos sujetándole la cara. Cómo había sentido su corazón latiendo con fuerza y había pensado que ningún otro corazón podía latir como el de él, cómo sus pulsaciones corrían parejas a las de él.
Tenía que estar allí, en alguna parte. Igual que Jisung en el interior de su prisión de cristal. Tenía que haber algún modo de llegar hasta él.
Asa seguía observando a Jake inclinado sobre Jisung, con los ojos oscuros grandes y fijos en ellos. Daba lo mismo que Beomgyu y Yeonjun estuvieran presentes.
- Yeonjun... - Susurró Beomgyu. - Yeonjun, no quiero mirar esto.
Se presionó contra él, como si intentara acurrucarse entre sus brazos; después esbozó una mueca cuando el cuchillo le rozó de nuevo el cuello.
- Por favor, Yeonjun... - Musitó. - No necesitas el cuchillo. Sabes que no puedo hacerte daño.
- Pero, ¿qué...?
- Sólo quiero mirarte. Quiero verte la cara.
Notó el pecho de él ascender y descender una sola vez, muy rápido. Notó también el escalofrío que recorría el cuerpo de Yeonjun, como si estuviera luchando contra alguna cosa, como si combatiera contra él. Y entonces se movió del modo en que sólo él podía moverse, a la velocidad de un destello de luz. Sin disminuir la presión de su brazo derecho, deslizó la mano izquierda y guardó el cuchillo en su cinturón.
El corazón empezó a latirle con fuerza. "Podría echar a correr", pensó, pero él lo atraparia, y había sido sólo un instante. Segundos después, volvía a rodearlo con ambos brazos, las manos del mayor sobre él, obligándolo a volverse. Beomgyu sintió los dedos de Yeonjun recorriéndole la espalda, sus brazos temblando cuando lo volvió de cara a él.
Estaba de espaldas a Jake, de espaldas a la mujer demonio, aunque seguía sintiendo su presencia, provocándole estremecimientos que le recorrían la columna entera. Levantó la vista hacia Yeonjun. Su rostro era el de siempre. Sus arrugas de expresión, el pelo cayéndole sobre la frente, la débil cicatriz en el pómulo, otra en su sien. Sus pestañas de un tono más oscuro que su cabello. Sus ojos cafés. Eso sí que era distinto, pensó. Seguía pareciéndose a Yeonjun, pero sus ojos eran más inexpresivos, era como estar mirando una habitación vacía a través de una ventana.
- Tengo miedo. - Dijo.
Él le acarició el hombro, enviando con ello oleadas de chispas a todas sus terminaciones nerviosas; con una sensación de náuseas, se dio cuenta de que su cuerpo seguía respondiendo a sus caricias.
- No permitiré que nada te pase.
Beomgyu se quedó mirándolo. "Lo piensas en serio, ¿verdad? Por el motivo que sea, eres incapaz de ver la desconexión entre tus actos y tus intenciones. No sé cómo, pero ella te ha robado esa capacidad".
- No podrás detenerla. - Dijo. - Me matará, Yeonjun.
Él negó con la cabeza.
- No. Eso no lo haría.
Beomgyu deseaba gritar, pero se obligó a mantener la voz serena.
- Sé que estás ahí, Yeonjun. El Yeonjun de verdad. - Se acercó más a él. La hebilla del cinturón de Yeonjun se hundió en su cintura. - Podrías luchar contra ella...
Se equivocó al decir aquello. Yeonjun se tensó, y Beomgyu percibió un destello de angustia en sus ojos, la mirada de un animal que ha caído en una trampa. En un instante, había vuelto a su dureza anterior.
- No puedo.
Beomgyu se estremeció. Aquella mirada era horrible, tremendamente horrible. Pero viéndolo estremecerse, la mirada se suavizó.
- ¿Tienes frío? - Le preguntó, y por un momento volvió a sonar como Yeonjun, preocupado por su bienestar. Yeonjun notó un intenso dolor en la garganta.
Asintió, aunque el frío físico era lo que menos le importaba en aquellas circunstancias.
- ¿Puedo poner las manos dentro de tu chaqueta?
Yeonjun movió afirmativamente la cabeza. Llevaba la chaqueta abierta y él deslizó los brazos hacia el interior, sus manos le acariciaban ligeramente la espalda. Reinaba un silencio fantasmagórico. La ciudad parecía congelada en el interior de un prisma de hielo. Incluso la luz que irradiaba de los edificios era inmóvil y gélida.
Él respiraba despacio, regularmente. A través del tejido rasgado de su camiseta, Beomgyu vislumbró la runa dibujada en su pecho. Era como si latiera al ritmo de su respiración. Resultaba mareante, pensó, estar pegado a él de aquel modo, como una sanguijuela, absorbiendo todo lo bueno de él, todo lo de él que era Yeonjun.
Recordó lo que Minho le había explicado sobre cómo destruir runas: "si las desfiguras lo suficiente, puedes minimizar o destruir su poder. A veces, en batalla, el enemigo intentará quemar o cortar la piel del cazador de sombras con la única intención de privarlo del poder de sus runas".