Cazadores de Sombras: Ciudad de los Ángeles Caídos (yeongyu)

Capítulo 19: El infierno se siente satisfecho

El inimaginable brillo impreso en el dorso de los párpados de Beomgyu se convirtió en oscuridad. Una oscuridad sorprendentemente prolongada que dio paso, muy poco a poco, a una luz grisácea intermitente, manchada de sombras. Había algo duro y frío presionándole la espalda y le dolía todo el cuerpo. Oía voces murmurando por encima de él, que le provocaban punzadas de dolor en la cabeza. Alguien le tocó el cuello con delicadeza y acto seguido retiró la mano. Respiró hondo.

Sentía punzadas por todos lados. Entreabrió los ojos y miró a su alrededor, intentando no moverse demasiado. Estaba tendido sobre las duras baldosas del jardín de la terraza; una de las piedras se le clavaba en la espalda. Había caído al suelo en el momento de la desaparición de Asa y estaba lleno de cortes y magulladuras, descalzo, las rodillas ensangrentadas y el traje rasgado por donde Asa le había cortado con el látigo mágico; la sangre brotaba entre los desgarrones de su traje de seda.

Jake estaba arrodillado a su lado, con el rostro ansioso. La Marca de Caín destacaba todavía en su frente con un resplandor blanquecino.

- El pulso es regular. - Estaba diciendo. - Pero vamos... se supone que tienes un montón de runas de curación. Algo podrás hacer por él...

- No sin una estela. - La voz era la de Yeonjun, baja y tensa, reprimiendo su angustia. Estaba arrodillado delante de Jake, al otro lado, con el rostro oculto por las sombras. - ¿Puedes bajarlo en brazos? Si pudiéramos llevarlo al Instituto...

- ¿Quieres que yo lo lleve? - Preguntó Jake sorprendido; Beomgyu no lo culpó por ello.

- Dudo que quiera tocarme. - Yeonjun se levantó, como si no soportara permanecer ni un segundo en el mismo sitio. - Si tú pudieras...

Se le quebró la voz y se volvió para mirar el lugar donde había estado Asa hasta hace tan sólo un instante: unas losas desnudas, plateadas ahora y con algunas moléculas de sal. Beomgyu oyó un suspiro de Jake -un sonido intencionado-, que se inclinó sobre él, cogiéndolo en brazos.

Abrió los ojos el resto del camino, y sus miradas se encontraron. Aunque Beomgyu sabía que Jake se había dado cuenta de que estaba consciente, ninguno de los dos dijo nada. A Beomgyu se le hacía difícil mirarlo, observar ese rostro familiar con la Marca que él le había dado brillando como una estrella blanca más arriba de sus ojos. Por un momento, se quedaron mirándose.

Sabía, al darle la Marca de Caín, que estaba haciendo algo descomunal, algo aterrador y colosal cuyo resultado era prácticamente impredecible. Y volvería a hacerlo, para salvarle la vida. Pero aún así, cuando lo vio con la Marca ardiendo como un rayo blanco mientras Asa -un demonio mayor tan antiguo como la especie humana- se chamuscaba hasta quedar convertida en sal, había pensado: "¿qué he hecho?"

- Estoy bien. - Dijo. Se apuntaló sobre los codos, que le dolían terriblemente. En algún momento debía de haber caído al suelo sobre ellos y se había levantado la piel. - Puedo caminar sin ningún problema.

Al oír su voz, Yeonjun se volvió. Verlo de aquella manera le partió el corazón. Estaba tremendamente magullado y ensangrentado, una herida le recorría la mejilla en toda su longitud, el lado inferior estaba hinchado y tenía una docena de desgarrones ensangrentados en la ropa. No estaba tan acostumbrado a verlo tan maltrecho aunque, claro estaba, si no tenía una estela para curarlo a él, quería decir que tampoco la tenía para curarse a sí mismo.

La expresión de Yeonjun era completamente vacía. Incluso Beomgyu, acostumbrado a leer su cara como si leyera las páginas de un libro, era incapaz de interpretar nada. La mirada de Yeonjun descendió hasta su cuello, donde él sentía aún un dolor punzante, la sangre secándose en el punto donde le había hecho un corte con el cuchillo. La ausencia de expresión se vino abajo, pero Yeonjun volvió la cabeza antes de que él pudiera observar el cambio en su rostro.

Desdeñando la oferta de Jake de una mano que pudiera ayudarlo, intentó ponerse en pie. Un dolor punzante le atravesó el tobillo; gritó, y a continuación se mordió el labio. Los cazadores de sombras no gritaban de dolor. Lo soportaban estoicamente, se recordó. Nada de gimoteos.

- Es el tobillo... - Dijo. - Creo que me lo he torcido, o roto.

Yeonjun miró a Jake.

- Llévalo en brazos. - Dijo. - Como te he dicho.

Esta vez, Jake no esperó la respuesta de Beomgyu; deslizó un brazo por debajo de sus rodillas y le rodeó los hombros con el otro brazo. Lo levantó y Beomgyu enlazó las manos por detrás de su cuello y se sujetó con fuerza. Yeonjun echó a andar hacia la cúpula y las puertas de acceso al interior del edificio. Jake lo siguió, transportando a Beomgyu como si fuese una pieza de frágil porcelana. Beomgyu casi había olvidado lo fuerte que era desde que se había convertido en vampiro. Ya no olía como él, pensó con cierta melancolía... aquel olor a Jake, a jabón y loción para después del afeitado barata (que no necesitaba en realidad) y a su chicle de canela favorito. El pelo seguía oliendo a su champú, pero por lo demás era como si careciera por completo de olor, y su piel resultaba fría al tacto. Se presionó más contra él, ansiado un poco de calor corporal. Tenía las puntas de los dedos azuladas y el cuerpo entumecido.

Yeonjun, por delante de ellos, abrió las dobles puertas de cristal dándoles un golpe con el hombro. Y entraron en el edificio, donde la temperatura ambiente era algo más elevada. Resultaba extraño, pensó Beomgyu, estar en brazos de alguien cuyo pecho no se movía para respirar. Jake tenía aún una electricidad rara, un remanente de la luz brutalmente brillante que había envuelto la terraza en el momento de la destrucción de Asa. Deseaba preguntarle cómo se sentía, pero el silencio de Yeonjun resultaba tan devastadoramente absoluto que le daba miedo romperlo.

Fue a pulsar el botón del ascensor, pero antes de que lo rozara con el dedo, las puertas se abrieron solas e irrumpió ante ellos Niki, con su látigo de plata y oro arrastrándose tras él como la cola de un cometa. Lo seguía Huening Kai, pegado a sus talones; al ver a Yeonjun, a Beomgyu y a Jake, Niki derrapó hasta detenerse y Huening Kai estuvo a punto de chocar contra él. En otras circunstancias, la escena casi habría resultado graciosa.




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