Cazadores de Sombras - El Dorado 1: Sueños Buscados

19- Nuevas Alianzas

2012, Actualidad.

Instituto de Cuzco

"¡APESTAS JAIRO!"

"LOS ODIO"

El papel se rasgaba un poco por la fuerza con la que apretaba el lapicero, su caligrafía era descuidada y agresiva. En su defensa, ella intentaba tomarse bien las cosas, pero entonces le salían con este tipo de ideas que consideraba por demás tontas, claramente sin intenciones de ofender a quien se lo había sugerido.

Aún recordaba a Crystal, con los hombros hacia atrás con una postura erguida y decidida, entrando a su cuarto y tratando de regañarla, sin embargo, toda apariencia de autoridad que conseguía se opacaba por su calmado tono de voz, que incluso conservaba al estar enojada.

Había abierto las cortinas de golpe de la habitación, luego le había dicho que si no quería ser tratada como una niña dejará de hacer berrinches dignos de una, le ordenó vestirse y acompañarla. No había un verdadero tono de orden en su voz o ira alguna en su mirada, tampoco caminaba dando grandes zancadas, era todo lo contrario a un ser intimidante. Su intento de sermón pareció más una sugerencia.

Aun así, Yaja le hizo caso, pues no sé necesita gran autoridad cuando hay verdad en las palabras. Sabía que su forma de comportarse desde que fue "exiliada" de la búsqueda no había sido la correcta. Pero no lo podía evitar, estaba muy molesta y no quedaba con quién desahogarse.

Esa mañana siguió a Cristal por todo el instituto, desayunaron, luego se vio obligada a limpiar y después fue a un entrenamiento. Todo el día concluyó en silencio hasta la cena donde Crystal rompió el silencio, Yaja creyó que era para quizá disculparse, pero era, al contrario. Le entregó a la niña una libreta forrada en cuero y un lapicero color azul.

— A veces es más fácil escribir como nos sentimos...—intentó explicar con una sonrisa amable.

— Prefiero desquitarme matando demonios —negó Yaja y extendió la libreta de regreso.

— Si tú dices, yo creo que la violencia no soluciona todo —confesó, aunque no era una gran revelación. De todos ellos, Crystal era la más tranquila. Yaja se preguntó si realmente apreciaba las batallas. Puede que estuviera más cómoda en un lugar como el Escolomántico—, es cierto que lo alivia un tiempo, mientras el acero de tu arma choca contra aquel ser, corres y te mueves con rapidez. Cada segundo es clave y las runas te fortalecen. Es casi imposible no sentirte invencible ante la adrenalina de una batalla, pero luego, luego acaba todo y comienzas a sentir el dolor de las heridas, observas los destrozos a tu alrededor. En tu cerebro pasan miles de alternativas que antes te habrían servido, pero las pensaste tarde —sus ojos se iluminaron al describir una batalla, pero se fueron apagando de a poco mientras continuaba—. Yaja al final de la batalla notas que aún te queda la peor de las guerras, contra ti misma. Y eso no se puede resolver con violencia porque acabaría por destrozarte a ti misma.

Hablaba con tanta honestidad y conocimiento para Yaja que casi dolía escucharla.

—Entonces, hay que procurar que las batallas no escaseen, y la paz no es algo que se le dé bien a nuestra especie —fue lo único que Yaja atinó a decir. A veces odiaba sus propias contestaciones apresuradas sin previa meditación.

— No siempre tienes que escribir acerca de ti, quizá puedes intentar con cosas que quisieras decirle a otra persona por algún motivo...—Crystal optó por ignorar el comentario de la niña y dejar el libro cerca otra vez, en un tono amable pero firme, no aceptaría un no.

—No soy alguien quién se guarde las cosas que piensa del resto, así que no necesito eso —Yaja no quería ser grosera, pero empezaba a cansarse de su insistencia, se puso de pie empujando un poco la silla hacia atrás. Las dividían unos centímetros de mesa y dos platos ya vacíos.

— ¿Segura? ¿Dices todo, incluso aquello que deberías callar? —preguntó en tono curioso, apoyando su codo sobre la mesa y usando su puño cerrado para mantener su propio mentón en alto.

— Por supuesto que sí ¿Por qué habría de callarme? —Yaja se cruzó de brazos endureciendo su postura para verse más intimidante.

— Quizá para proteger los sentimientos de otra persona —Crystal aún continuaba tranquila. Miraba a Yaja en busca de respuestas como si fuera un acertijo imposible de descifrar.

— ¿Y se supone que mentirles los protegería? —sacudió la cabeza incrédula y enojada, nunca creyó que justo ella estaría a favor de las mentiras.

— No dije que esté a favor, pero hay quienes creen que ciertas cosas...

— No tiene nada de amable dejarlos ser idiotas y que se crean geniales. Jairo es algo idiota y siempre he pensado que es mejor que lo sepa de mí propia boca, es mi hermano puedo decírselo cuando quiera no tengo necesidad de escribirle una carta. Y si mi palabra le duele, tal vez eso, lo haga mejor persona, es mejor decir la verdad de una vez que dejar a una persona creerse una mentira —sin notarlo Yaja había alzado la voz. Le tomó dos bocanadas de aire darse cuenta de lo que había dicho.

El rostro de Crystal se transfiguró por unos instantes y luego regresó a una mueca ya algo apagada.

— Pues tienes suerte, no todos tienen esa honestidad tan innata —Crystal ya se había levantado de la mesa—, ni la ventaja de aún poder decírselo en persona —su voz temblando en la última frase.

Yaja intentó disculparse, pero ella se negó, ya era tarde.

— De todas formas, quédatelo puede que algún día quieras usarlo —dijo sin mirar atrás antes de salir por la puerta de la cocina e irse hacia su habitación. Su voz hizo un gran esfuerzo por no quebrarse, Yaja lo advirtió, pero ignoró el esfuerzo que le llevaba el solo caminar lejos de allí. Mover su cuerpo, obligarlo a no paralizarse y a sus lágrimas a no salir, al menos no aún.

Eso último la dejó con un sabor amargo y la hizo sentirse por primera vez en mucho tiempo una niña tonta. No lo había hecho con esas intenciones, pero ya lo había dicho "puedo decírselo cuando quiera, no tengo necesidad de escribirle una carta".




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