Velkan no respondió. Se limitó a aferrarse de una rama e impulsarse hacia abajo, cayendo suavemente sobre sus pies. Al soltarla, esta se sacudió con violencia y algunas hojas se desprendieron y deslizaron sobre sus cabezas hasta dar con el suelo.
—Vine a sacarte de aquí. —dijo con la voz fría y el ceño fruncido. —Es un favor que le estoy haciendo a Anton.
El rostro de Roxandra se iluminó con sorpresa.
—¿Anton está bien? —preguntó mientras daba un paso adelante.
La mirada de Velkan se ensombreció. Pero antes de que pudiera responder, Serafina se arrimó a ellos.
—Deberíamos irnos ahora. —Alzó la mirada por encima de su hombro; todavía tenía la sensación de que alguien la estaba observando. —Antes de que Vasile se dé cuenta de que te has ido.
Roxandra se mordió el labio inferior y asintió con el rostro.
—Tengo que volver a la mansión de Marcel.
—No. —Velkan se dio vuelta y comenzó a alejarse de ellas con el paso firme. —En cuanto sepan que te has ido, irán a buscarte allí.
—Velkan. —Roxandra se adelantó y se interpuso en su camino. Intentó tomarlo de los hombros, pero él dio un paso atrás y la fulminó con la mirada. —Necesito buscar las armas que tengo allí. Será solo un momento.
Él la analizó con detenimiento. Hacía más de quince años que no la veía y a pesar de que los cazadores envejecían más lento que un humano común, podía ver pequeñas líneas dibujandose alrededor de sus ojos. Su cabello estaba suelto y enmarañado; casi le llegaba hasta los pies. Roxandra siempre había alardeado de su cabello y recordaba cómo solía cuidarlo con cariño, como si fuese el único recuerdo de su vida antes de la caza. Velkan suspiró.
—De acuerdo, pero tenemos que ser rápidos.
La mansión de Marcel no se encontraba lejos de Cluj-Napoca, pero llegar a ella a pie era un desafío incluso para los cazadores más experimentados. La noche abrazaba el bosque y los depredadores podían aparecer en cualquier momento; se debía avanzar rápido pero sigilosamente, sin dejar de mirar hacia atrás para asegurarse de que ninguna bestia los estuviera siguiendo.
La torre donde se encontraba la biblioteca se había desmoronado por completo. La entrada había colapsado y desde fuera se podían ver los pasillos y las habitaciones oscurecidas por el hollín. El olor a quemado se sentía a varios metros y todavía había delgadas columnas de humo blanco saliendo del techo. Roxandra contempló la gran casona con tristeza y dejó escapar un suspiro. Rápidamente buscó el cuerpo de Costel con la mirada. Cerca del bosque había tierra removida y alguien había clavado una cruz de madera que se había torcido ligeramente por culpa del viento. Sin quitar la mirada de aquella tumba, dio ligeros pasos hasta situarse al pie del descanso final de Costel. Sus manos temblaban levemente. Pero las aferró contra su cuerpo para no demostrar debilidad. Escuchó los suaves pasos de Serafina. Secó una lágrima que había brotado de sus ojos y, luego de inspirar hondo, se giró hacia ellos. Serafina le regaló una tenue sonrisa. Velkan no podía quitar la mirada de la mansión.
—¿Dónde están Anton y Livia? —preguntó sin rodeos.
Ambos intercambiaron una mirada.
—La chica fue llevada por los Balan y el muchacho fue a buscarla. —La voz de Velkan fue fría y distante. Tenía los brazos cruzados a la altura del pecho.
Roxandra abrió la boca, pero nada salió de ella. Sus manos, que habían estado temblando hasta ese momento, quedaron estáticas, como si el tiempo se hubiese congelado mientras ella asimilaba lo que acababa de oír.
—Es verdad. —añadió Serafina casi en un murmullo. —Yo misma lo vi con mis ojos.
Roxandra desvió su atención a ella con confusión. Su ceño se frunció.
—¿Tú mandaste a una bruja a espiarme? —señaló a Serafina, pero su mirada estaba puesta en Velkan.
—¿Por qué iba a tener interés en espiarte? —bufó y le dio la espalda.
—Lo siento. —interrumpió Serafina tímidamente —Yo estaba buscando información sobre un brujo aliado a los Balan y pensé que estando cerca de ti —Rápidamente alzó las manos. —Tenía miedo de que sospecharan de mí.
Roxandra la contempló con el ceño y la nariz arrugada.
—¿Un brujo aliado a los Balan? —preguntó con estupefacción; se llevó la mano al puente de la nariz y apretó con fuerza. —Esto se está yendo de las manos. —susurró pensativa. Pero luego volvió a alzar la mirada. —¿Por qué los Balan iban a secuestrar a Livia? No tiene sentido, ellos… —Apretó los labios con fuerza, no se atrevía a decirlo en voz alta.
—El muchacho dijo algo sobre saber quién está traicionando a los cazadores y que era probable que lo quisieran callar.
Roxandra respiró hondo, intentando que el nudo de su garganta desapareciera.
—Sigue sin tener sentido, ¿por qué no asesinarlo directamente?
Velkan alzó los hombros con indiferencia. Serafina se limitó a bajar la mirada mientras jugueteaba con el pliegue de su camisa.
—No podemos hacer nada hasta que regrese con la chica. —soltó Velkan luego de bufar. —O sin ella.
Roxandra se mordió la lengua para no maldecir. Desvió la mirada hacia la tumba de Costel y se consoló con la idea de que, si Livia estaba con Anton, debía estar bien.
—Tengo que encontrar a Luca. —soltó entre pensamientos.
—Escuché que está desaparecido. —La voz de Velkan sonó extremadamente afilada. —Y que me están culpando por ello.
Roxandra alzó la mirada y lo contempló fijamente. Él tenía esa expresión infalible que recordaba de cuando eran jóvenes. De hecho, no recordaba haber visto a Velkan sonreír ni una sola vez mientras se encontraban bajo la tutela de Marcel. Pero esta vez, notó odio en sus ojos.
De repente, su expresión se suavizó.
—¿Crees que está muerto? —dijo en voz baja.
—No. O quizás, sí. —Roxandra se pasó la mano por el cabello. —No lo sé. No hemos podido dar con él.
Velkan asintió lentamente mientras pensaba en cuáles eran las posibilidades. Conocía a Luca lo suficiente como para saber que él no se iría de esa manera, mucho menos sin avisarle a Roxandra.