Cazadores de Vampiros

Capítulo 30

Olga caminaba por las pobladas calles de Bucarest. Había estado caminando de un lado a otro, informando a cada cazador que se encontraba que esa noche velarían a Dimitri. La ceremonia se había pospuesto debido a los cambios de mando. Pero, por fin, tendría su merecido reconocimiento y sería llevado al lugar de su eterno descanso. Cada vez que pensaba en Dimitri, sentía un extraño picor en su garganta. Por un lado, estaba contenta de todo el reconocimiento y aprecio que los cazadores le daban. Por otro lado, le hubiese gustado tener más tiempo con él. Desde su muerte, Olga no dejaba de pensar en el pasado. Era como si esos recuerdos hubiesen estado en un cofre bajo llave por años y recién ahora se hubiese atrevido a abrirlo.

Divisó a Emil y Larisa conversando en un rincón. A su alrededor, personas comunes y corrientes que deambulaban por las calles de la ciudad para llegar a sus trabajos, para realizar las compras o para acompañar a sus niños a los colegios.

Contempló el gran reloj que había en una de las antiguas iglesias de la ciudad y notó que solo faltaban pocas horas. Se acercó a Emil y Larisa y se arrimó con paso decidido. Larisa fue la primera en verla y rápidamente cerró los labios. Emil, sorprendido ante la expresión de su compañera, se giró y, al notar a Olga, emitió una falsa sonrisa.

—Emil, Larisa. —Olga los contempló con cierta desconfianza. —La ceremonia será un poco antes del anochecer.

—Allí estaremos. —dijo Larisa.

Olga alzó una ceja con curiosidad. Luego posó sus ojos en Emil.

—¿Has visto a Raul?

Emil la contempló con los ojos abiertos y alzó la mirada por encima de su hombro, contempló a Larisa fijamente y luego se acercó a Olga con timidez.

—Raul está detenido. —murmuró luego de contemplar de un lado a otro.

—¿Qué? —Olga clavó su mirada en él.

—Lo detuvieron luego de que hablara a favor de los dhampiros. Está retenido y lo van a juzgar luego del entierro de Dimitri.

—No es posible.

Emil y Larisa intercambiaron miradas. Olga frunció el ceño; tenía una extraña sensación en su espalda. Instintivamente, alzó la mirada por encima de su hombro. De repente, se sentía amenazada. Pero no sabía a qué enemigo se enfrentaba. Buscó entre la multitud algún rostro familiar, alguien que tuviera la mirada clavada en ellos.

—Olga. —Larisa se arrimó aún más y bajó la voz. —No es el único en esa situación…

—¿Quién más? —preguntó con la voz más firme de lo que esperaba.

—Mihail, Viorica y algunos otros.

Olga dio un paso atrás y los contempló a ambos por varios minutos. Se dio cuenta de que estaba clavándose las uñas en las palmas de sus manos, por lo que tuvo que respirar hondo y relajar su cuerpo. Asintió en silencio mientras pensaba en qué hacer. ¿Cómo era posible que hubiese cazadores en prisión por dar una mera opinión? Ella misma había sido abanderada de integrar a los dhampiros a su organización. Sintió un escalofrío.

—Yo me encargo de eso. —susurró.

Cuando se alejó de Emil y Larisa, notó que ambos desaparecieron entre el gentío. Olga caminó con el paso firme, esquivando a los ciudadanos que se interponían en su camino. Necesitaba llegar a la base de los cazadores y hablar con Teodor. Sabía que él tenía una opinión muy diferente sobre los dhampiros, incluso habiendo compartido tiempo con Marcel. Pero encerrar a aquellos que no pensaban como él era una completa locura.

Cuando llegó al gran edificio, notó que varios cazadores ya se encontraban allí. El velorio de Dimitri comenzaría en pocas horas y quienes realmente apreciaban su liderazgo querían ubicarse en los primeros lugares. A Olga le hubiese encantado ser parte de ellos, pero tenía que hablar con Teodor lo antes posible. Avanzó entre los cazadores; algunos se volteaban para saludarla con una sonrisa, otros desviaban la mirada y apretaban las mandíbulas. Subió por las elegantes escaleras ante los ojos de los presentes. Su mano se aferró a la barandilla de madera mientras intentaba no perder el equilibrio. Pero estaba tan furiosa que podía sentir sus piernas temblando bajo sus pantalones; sus pies luchaban por llegar al último piso de aquel edificio. El murmullo de la planta baja se fue apagando y pronto Olga dejó de escuchar las voces.

Avanzó por un delgado pasillo bien iluminado. La puerta del final era grande, oscura y maciza. Olga se paró delante de ella con el ceño fruncido. Cerró la mano en un puño y estuvo a punto de tocar, cuando de repente escuchó voces en el interior de aquella habitación.

—El norte pronto va a caer.

Su mano quedó paralizada a escasos centímetros de la madera. Su corazón comenzó a latir con fuerza y una delgada gota de sudor se deslizó por su espalda. Se arrimó más a la puerta, intentando apoyar la oreja sobre la fría superficie. Pero las voces habían comenzado a susurrar, como si supieran que alguien se encontraba cerca. Olga escuchó los pasos y rápidamente retrocedió unos metros.

La puerta se abrió y Galo apareció en el umbral. Intercambiaron miradas. La sorpresa se reflejó en su rostro, pero Olga intentó mantenerse tranquila. Le regaló una tranquila sonrisa. Él parpadeó varias veces; la preocupación reflejó su rostro. Posiblemente se estaba preguntando cuánto tiempo llevaba allí. Pero Olga, relajó la mirada y dijo:

—Necesito hablar con Teodor, ¿está ahí? —su voz salió tan aterciopelada, que creyó estar fingiendo demasiado.

Galo, quien con su delgado cuerpo cubría el umbral de la puerta, estuvo a punto de decirle que no. Pero fue el mismo Teodor quien dio un paso al frente.

—Estoy aquí.

Su voz era firme y clara. Teodor siempre había emanado liderazgo, incluso cuando eran jóvenes; pero desde que Dimitri había muerto y él había asumido su rol, parecía más rígido, como si su energía se hubiese vuelto más autoritaria. Galo lo contempló por encima de su hombro y asintió. Rápidamente, se hizo a un lado para que ella pudiera ingresar y cuando Olga se encontró en el interior de aquella habitación, cerró la puerta con suavidad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.