Pronto los alumnos llegaron al gimnasio. El profesor pareció satisfecho y empezó: —Bueno, jóvenes, hoy no les exigiré mucho, pero necesito saber sus capacidades, así que será una simple medición de fuerza, velocidad y habilidades así; por el momento, prepárense para darlo todo; en esta guerra no hay medio esfuerzo, es todo o nada, jóvenes —anunció con naturalidad el profesor Siro mientras observaba cómo los estudiantes se organizaban; la mayoría no hacía mucho.
Por otro lado, Ash ya había empezado desde mucho antes; aunque no lo pareciera, tenía un poco de músculo que no era de clases de gimnasia y caminatas por las mañanas. Cleo no era el más fuerte, pero intentó seguir el ritmo de Ash.
Después de un rato las pruebas empezaron: lanzamiento de pelotas, carreras de velocidad, obstáculos y prueba de agarre. Jayden iba delante en la primera prueba, haciendo la pelota volar a unos sólidos 7 metros, mientras que la mayoría apenas rozaba los 4 y medio, lo cual atrajo más atención hacia él. —¿Viste eso? —murmuró una chica que estaba esperando su turno—. ¡Es fuerte! —respondió la chica que tenía al lado. Ash rodó los ojos.
—Mira y aprende, niña —susurró Jayden al pasar al lado de Ash, el cual era el siguiente en la fila. —¡Ha! Eso es nada —respondió Ash mientras tomaba una pelota y se posicionaba en la línea de lanzamiento; cerró los ojos por un segundo mientras tomaba aire para hacer su mejor lanzamiento.
La pelota voló por el aire rápidamente, aterrizando a unos increíbles 8 metros y medio. Los murmullos crecieron rápidamente. —¿Cómo? —susurró alguien. —No es justo...—mencionó una chica.
Ash solo se dio la vuelta y dejo que el siguiente pasara, aunque ya habia hecho su punto claro y eso le era suficiente, ahora solo esperaria que Cleo pasara, ya que estaba 2 turnos atras, aunque no fue mucho llego a los 6 metros su pelota. —6 metros no parecen mucho encomparacion contigo— murmuro Cleo derrotado —a mi me parece... suficiente— respindio Ash antes de poder pensarlo bien.
Su mente quedó en blanco por un segundo antes de voltear a otro lado bruscamente: «¿¡Por qué dije eso?! ¡¡Maldito raro!!», pensó Ash mientras encontraba el piso muy entretenido. Cleo rio bajito, pero notó que las orejas de Ash se pintaron de un rosa suave, poco visible con su piel canela, aunque no mencionó nada al respecto.