Mientras caminaban al edificio de primero, Ash notó cómo nadie se acercaba a menos de medio metro de él; no los culpaba. «Tsk... no muerdo por si lo preguntan», apuntó mentalmente con sarcasmo, aunque también notó que Cleo aún caminaba junto a él, incluso pelliscando ligeramente la camisa de Ash mientras su mirada se distraía, aunque parecía tenso, aunque Ash no lo notó.
Al salir a los patios que dividían los edificios, el sol asfixiante se había desvanecido, escondido entre nubes que se tornaban grises. Aunque la mayoría se quejaba, «genial, va a llover», pensó Ash mientras veía con satisfacción genuina. «Por fin dejará de hacer calor», continuó con un suspiro relajado.
Cuando bajó su mirada, notó la expresión de Cleo; era una que conocía bien y era una que hacía que su estómago diera un vuelco: la forma en la que se aferraba a él, cómo apartaba la mirada y sobre todo cómo estaba tan callado. Era claro que había miedo e incomodidad.
«¿A este qué le pasa?», pensó Ash. «¿Por qué se ve así? ¿Fue mi culpa? ¿Ya no quiere estar a mi lado?». Su mente empezó a correr en contra de su voluntad mientras su respiración se cortaba. —O-oye, ¿e-estás bien? —Su voz salió pequeña, cargando con la ansiedad que se disparaba dentro de él.
Cleo levantó la mirada al escuchar a Ash, pero tardó unos segundos en responder. —Sí, todo bien —murmuró con una sonrisa, pero Ash notó la grieta; le estaba mintiendo. Sus emociones tomaron un giro: «¿Por qué me miente? No es justo, no me mientas». La ansiedad se torció en algo diferente: «Odio las mentiras».
—No mientas, ¿por qué estás así? —Ash continuó; no quería presionar, pero necesitaba la respuesta. —No es nada, lo juro —respondió Cleo agitando ambas manos, intentando restarle importancia, pero Ash no se retractó, su mirada fija en la de Cleo. —Ah... bueno... es que n-no me gustan los ruidos fuertes... —Murmuró Cleo bajando la cabeza un poco; su voz cargaba pena, como si hubiera admitido tener miedo al cielo.
—¿No te gustan los ruidos fuertes…? —repitió Ash como si así hiciera una diferencia o le diera sentido. Cleo negó con la cabeza: —Tengo oídos muy sensibles... globos, gritos, maquinaria, es molesto... es... incómodo —explicó un poco más Cleo, sus manos instintivamente intentando cubrir sus oídos. —Ya veo... —Murmuró Ash, tomando un segundo para pensar—. Entonces sí fui yo... pero... ¿Por qué sigue aquí si eso le molesta? ¿Por qué si lo molesté...?» Este era terreno nuevo para Ash y no comprenderlo lo intrigaba.