Nací en el año 2005, en una familia humilde, siendo una de cinco hermanos. Desde muy pequeña conocí lo que era la escasez, porque hubo días en los que en casa no había qué comer. Aun así, crecí rodeada de amor, aunque no siempre fuera fácil verlo.
Mis recuerdos comienzan desde muy temprano, incluso más de lo que muchas personas suelen recordar. Recuerdo a mi mamá cuidándome, dándome de lactar con cariño, haciendo todo lo posible por mí, incluso en medio de las dificultades. También recuerdo cuando me llevaba a la finca porque no tenía con quién dejarme. Yo era apenas una niña, pero ya estaba aprendiendo lo que era acompañar y adaptarse a la vida que nos tocaba.
Muchas veces, mis hermanas mayores, Estefany y Azu, eran quienes me cuidaban. Ellas también formaron parte importante de mi infancia, siendo un apoyo en medio de todo lo que vivíamos.
Cuando cumplí cinco años, comencé a participar en pequeños concursos de belleza en mi pueblo. Era algo que me hacía sentir especial. Desde niña, siempre me dijeron que era muy linda, y eso, de alguna manera, me hacía sentir segura por momentos.
Pero no todo era bonito. Al entrar a la escuela, mi vida tomó otro rumbo. Aunque mi profesora, la licenciada Mayu, me tenía mucho cariño y yo era su favorita, también tuve que enfrentar cosas difíciles. Algunos niños me molestaban, se aprovechaban de que yo era una niña tímida y débil. Me robaban besos, me incomodaban y yo no sabía cómo defenderme.
Sentía enojo, tristeza e impotencia. Había momentos en los que simplemente los odiaba, porque no entendía por qué me hacían eso. Yo solo era una niña.
Mi papá, al darse cuenta de lo que pasaba, muchas veces iba a quejarse a la dirección. La directora, curiosamente, era la misma profesora Mayu, quien también trataba de protegerme.
Ella me apreciaba mucho, y yo también le tenía un gran cariño. Tal vez porque solo tenía un hijo, me brindaba una atención especial que yo sentía muy cercana.
Recuerdo que una vez, me llevo a su casa un fin de semana y me quede hasta el Domingo. Todo parecía estar bien, pero al llegar la noche y el silencio, comencé a extrañar profundamente a mis padres. Era una niña pequeña, y el corazón no entiende de razones. Lloré, sintiendo ese vacío que solo el hogar puede llenar.
Al día siguiente fui con ella al colegio, y finalmente regresé a casa. Recuerdo ese momento con alivio, como si volviera a mi lugar seguro.
Mi vida en el pueblo también tenía momentos bonitos. Caminaba de regreso a casa junto a mis amiguitos, vecinos con quienes crecí como si fuéramos familia. Éramos niños, compartiendo juegos, risas y caminos.
En la escuela, muchos me querían. Tenía el cabello muy largo, algo que llamaba la atención. Algunas niñas decían cosas, quizá por envidia o curiosidad, comentaban que mi cabello no era natural. Pero en ese entonces, yo no le daba mucha importancia.
Sin embargo, no todo era inocencia. Hubo momentos en mi vida que cambiaron mi forma de ver el mundo. Situaciones que no entendía en ese tiempo, pero que con los años comprendí que no eran correctas.
Como niña, hubo experiencias que me hicieron sentir confundida, vulnerable y en silencio. Cosas que no sabía cómo expresar, pero que dejaron huellas en mi interior.
A veces, las heridas más profundas no se ven, pero se sienten. Y aunque en ese momento no tenía palabras para explicarlo, mi corazón ya empezaba a cargar con algo más que solo recuerdos de infancia.
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está historia es basada en echos reales, esta es una historia con muchos secretos
Editado: 01.04.2026