Cementerio de deidades

CAPÍTULO CUATRO

En su forma animal, Arica corría apresurada por el bosque acudiendo al llamado de Pascal. Este la había alertado por completo, la noticia de que en el bosque, recién llegadas, habían llegado atemorizas e incluso, una de ellas se encontraba herida, pero sobre todo lo que más alertó a la guardiana fue la mención de los cazadores.

 

Sentía estar fallando en su deber, por primera vez después de tantos años: mantener a salvo a su especie.

 

Aún recordaba perfectamente cuando nació de las cálidas raíces de Ruh. Si bien había nacido con la apariencia de una mujer, idéntica a como se veía en esos momentos, poseía una mente ingenua que era incapaz de comprender las cosas del todo. Con el paso del tiempo, su ingenuidad la abandonó y emprendió un proceso hasta convertirse en la piadosa líder que era.

 

Ruh la había creado a base de su magia por órdenes mayores —  Arica no terminaba de entender eso ¿porque le encomendaron a Ruh crearla? ¿Quién era aquel ser desconocido para ella, para considerar sus órdenes “mayores”? Ella sabía que sus dudas serían resueltas en algún momento, cuando sea el indicado — para que protegiera a una nueva especie que estaba naciendo en el mismo momento en el que ella surgió de las raíces aferradas a la tierra poderosa.

 

Con el paso del tiempo, luego de un largo proceso, logró controlar y entender su poder y capacidades mágicas y fue allí, cuando conoció a su más fiel compañera. Nieve.

 

Una mañana se había despertado y a su lado descansaba una pequeña cría de Tigre de Bengala, su emoción cuando la vio fue inmensa y no tardó en crear una conexión con dicho animal. Fue allí cuando Ruh le explicó que este era su espíritu animal y todo lo que aquello abarcaba, así que desde ese entonces se enfocaron en fortalecer su relación, mejorar su conexión y capacidades físicas hasta que Nieve estuvo lo suficientemente desarrollada para fusionarse con ella.

Poco a poco los demás comenzaron a llegar al bosque en busca de refugio evitando la curiosidad de los humanos y las amenazas que recibían de aquellos que sabían de su existencia, creando una comunidad en donde cada habitante se sentía cómodo y bienvenido.

 

Ahora esas amenazas que antes eran aisladas se habían potenciado a tal grado en que todos sentían que el peligro los acechaba y esperaba en la vuelta de la esquina. Esperando al mínimo error para atacar.

 

Llegó rápidamente a una de las cabañas y al entrar, se encontró en una esquina a dos hermosas jóvenes las cuales descansaban en una cama. Al otro lado de la habitación se encontraba Marlon, el cual esperaba su llegada.

 

 — Hola ¿cómo se sienten?  — les preguntó dulcemente sin poder evitar desprender cariño por aquellas extrañas que habían llegado a ella en busca de protección y es que siempre que alguién nuevo llegaba al bosque, un instinto sobreprotector le invadía y más si se encontraban heridos y asustados.  

 

La más joven miraba a Arica interesada, atentamente con un brillo en los ojos que ella pudo identificar como emoción. La joven creyó que jamás lograría llegar al bosque y mucho menos ver en persona a Arica, pero ahora que la tenía enfrente no podía lograr ignorar todo lo que la peliblanca irradiaba.

 

Luz, esperanza, poder, fuerza.

 

 — Estamos mejor ahora, gracias  — respondió su hermana, sacándola del trance en el que se encontraba.

 

 — ¿Cómo se llaman?

 

 — Soy Ayra y ella es mi hermana pequeña, Daya  — señaló a la joven que estaba a su lado. La hermana mayor tenía su cabello marrón y ojos de un gris tan claro que casi parecían blancos. Arica sonrió tontamente al ver en uno de sus brazos una serpiente tatuada. Algunas veces los cambiaformas hacían aquello para que otros supieran cual era su espíritu animal. Una forma de presentarse que pasaba totalmente desapercibida al ojo humano.

 

 — Es un gusto conocerlas, yo soy…

 

 — ¡Arica!  — interrumpió la menor, feliz  — Lo sabemos.

 

Ayra le dio una mirada mordaz, enfadada por la interrupción. Mientras que Arica se reía, enternecida por el comportamiento de las hermanas.

 

 — Me gustaría…que me contaran que fue lo que ocurrió, por favor.

 

Esta vez fue la menos de las hermanas la que tomó la palabra con un tono serio.

 

 — Estábamos de camino aquí, llevábamos días casi sin descansar ni comer. Vimos una cafetería en una carretera y nos pareció bonita así que decidimos dejar nuestra forma animal y salir de entre los árboles para comer algo y descansar  — sus ojos estaban perdidos, como si estuvier rememorando aquello que contaba  — Al comienzo no notamos nada extraño o fuera de lugar pero después de un rato sentimos unas miradas sobre nosotras. Eran dos hombres y…

 

Ayra fue quien interrumpió a su hermana esta vez, viendo que era incapaz de seguir su relato, puesto que había comenzado a temblar y balbucear palabras incoherentes.

 

 — Creímos que solo nos observaban por interés, pero cuando nos marchamos nos dimos cuenta de que nos seguían. Estábamos indefensas y no podíamos cambiar de forma así que nuestra mejor idea fue correr. Ese fue nuestro error, quizás si no lo hubiéramos hecho habrían creído que solo éramos dos chicas desayunando en la cafetería  — el corazón de Arica se apretujó al presentir lo que se avecinaba mientras que Marlon fruncía el ceño, una clara señal que representaba su concentración  — Nos siguieron y en la huida tropecé con una piedra, ellos aprovecharon eso para atraparme.




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