•┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈•5 Años Antes •┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈•
La lluvia golpeaba con furia las calles antiguas de Florencia, haciendo que las luces doradas de los faroles se distorsionan en charcos y reflejos quebrados. Abril apretaba fuerte su abrigo, consciente de que aquella ciudad no era solo un destino, sino un laberinto donde su pasado y su futuro estaban a punto de chocar.
Caminó entre la multitud sin mirar a nadie, pero algo en el aire cambió cuando entró en la prestigiosa academia de arte. Allí, frente a una vitrina de relojes antiguos, estaba él.
Éloi Sterling, un hombre que parecía arrancado de una película de poder y violencia. Sus rasgos afilados, piel pálida y ojos helados como el acero, traían consigo un aire de peligro inminente. Era el heredero ruso de la mafia más temida, un fantasma que mandaba con mano de hierro en Europa del Este y había comenzado a extender su imperio en la ciudad.
Pero justo frente a ella, su mirada se suavizó. Fue un contraste imposible: en el mundo entero, Éloi era un tirano sin compasión, un hombre que había mandado ejecutar a sus propios aliados y dejado ciudades en ruinas por un mal paso. Sin embargo, cuando miraba a Abril, sus ojos revelaban una vulnerabilidad que nadie más había visto.
—¿Por qué me miras así? —preguntó Éloi, con un tono entre burlón y serio.
—Porque sos un misterio —respondió Abril, tratando de ocultar el temblor en su voz—. Un hombre que controla ejércitos, pero que parece perdido cuando te encuentro.
Éloi sonrió, esa sonrisa que podía congelar el alma de un hombre y derretir el corazón de una mujer.
—Con ellos soy un monstruo. Con vos, solo un hombre roto buscando redención.
Desde aquel día, la relación entre ellos fue un equilibrio peligroso entre el amor y el miedo. Él protegía a Abril de su mundo oscuro, pero su obsesión crecía con cada encuentro. No soportaba que ella estuviera cerca de otros hombres, ni siquiera de amigos.
Porque para Éloi, ella era la única razón para no perderse completamente en la oscuridad.
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Los días que siguieron a aquel primer encuentro fueron una mezcla de pasión y peligro. Abril sentía que caminaba por un filo, atrapada entre el deseo y el miedo. Éloi la llevaba a lugares ocultos de Florencia, donde el arte se mezclaba con el poder clandestino, y las sombras eran testigos silenciosos de su vínculo prohibido.
Pero fuera de ese pequeño universo, Éloi era un hombre despiadado. En el mundo de la mafia rusa, no había espacio para la piedad. Él castigaba con mano firme a quien le traicionaba, movía su imperio con un frío calculador que helaba la sangre. Sin embargo, con Abril, sus órdenes eran suaves, sus decisiones se torcían para protegerla incluso cuando ella se resistía.
Éloi no toleraba que otros hombres la miraran. Sus celos no eran solo posesivos, sino una amenaza que podía convertirse en violencia en segundos.
Una noche, en una fiesta exclusiva, Abril fue presentada a Solène Valcourt, una empresaria elegante y astuta que rápidamente se mostró interesada en los negocios de Éloi. Desde ese momento, la rivalidad no tardó en prender fuego el aire.
—Éloi no puede dejar que nadie se acerque a vos —advirtió Mikael, el amigo de Abril, cuando vio cómo el mafioso miraba con frialdad a Solène—. Este tipo es un volcán a punto de estallar.
Pero Éloi no cedía. Sabía que un matrimonio por contrato entre ellos podría unir fuerzas, consolidar su poder y proteger a Abril de los enemigos que acechaban.
—No es solo un contrato —le confesó una noche, en el silencio de su refugio—. Es mi forma de prometer que nadie podrá tocarte sin pagar caro.
Abril, con el corazón dividido, entendía que casarse con Éloi significaba entrar en un mundo donde el amor se mezclaba con la violencia, la lealtad con la traición.
El precio de ese amor era alto. Pero era el único camino para sobrevivir a la tormenta que se avecinaba.
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Los días en Florencia transcurrían entre el olor a café recién molido y la vibrante mezcla de arte y secretos que impregnaban la ciudad. Para Abril, cada paso era una lucha entre el deseo de entregarse a esa pasión prohibida y la certeza de que Éloi no era un hombre común.
A pesar de su juventud, ella empezó a ver en él una contradicción constante: la brutalidad con sus enemigos y la delicadeza reservada solo para ella. Él ordenaba desapariciones, extorsiones y golpes sin pestañear, pero cuando estaban a solas, sus manos eran cuidadosas, sus palabras suaves, casi temerosas de quebrarla.
Una tarde, después de un encuentro clandestino en una bodega abandonada, Éloi le reveló el motivo real detrás del matrimonio por contrato.
—No es solo por el poder, Abril —dijo, su voz cargada de una mezcla de determinación y miedo—. Es por venganza. Mi padre fue traicionado, asesinado por aquellos que ahora buscan lo que es nuestro. Si no nos unimos, todo se perderá.
Abril sintió cómo el peso de esas palabras se clavaba en su pecho. Sabía que no solo estaba entregando su libertad, sino también su vida.
—¿Y qué hay de mí en todo esto? —preguntó con un hilo de voz—. ¿Soy solo un peón en tu juego?
Éloi la miró con una intensidad que la hizo temblar.
—No. Sos la única que me mantiene cuerdo. Pero también la única que podría destruirme si me traiciona.
Los celos de Éloi se hicieron evidentes cuando Abril intentó acercarse a Mikael, su amigo de confianza. Una noche, durante una reunión privada, Éloi explotó en un arrebato de ira controlada.
—¿Quién es ese para vos? —le preguntó, con una voz baja y amenazante.
Abril sostuvo su mirada, decidida a no ceder.
—Es mi amigo. Y confío en él.
Éloi apretó los puños, luchando contra la tormenta que ella despertaba en su interior.
—Ten cuidado —susurró—. Porque en este mundo, la confianza puede ser mortal.