El amanecer no trajo luz a Lubenia; trajo un día de azufre. La niebla de las marismas bajas, saturada por el reflujo ácido de las esclusas profundas, se mezcló con el humo negro de los residuos de carbón bituminoso de la forja, creando un techo bajo, denso y amarillento que confinaba el sonido de la artillería en el claro del Bastión con la acústica reverberante de un tambor de cantera. El suelo de la plaza de armas, batido por las orugas de los caballos de hierro inoperativos y las botas de los Truncheos, se había transformado en una ciénaga de cieno gris, una amalgama de arcilla expandida, cal viva hidratada y la sangre fría de la vanguardia que no llegaba a filtrarse en el estrato de pizarra profunda.
Kaelen de Astora permanecía de pie sobre la plataforma superior de la Torre de Toberas, la estructura de mampostería seca que protegía el tiro forzado del horno alto. Su silueta de hierro y lino roto ya no mostraba la simetría del herrero que trabaja en su yunque; la rigidez mineral de su caja torácica, soldada por la calcificación gris del Cáliz de la Orden, lo obligaba a mantener los hombros alzados en un ángulo fijo, como las ménsulas de piedra que sostienen el dintel de un puente. Su brazo izquierdo, desprovisto de armadura, exhibía venas de un color plomo mate que no latían con el pulso de la sangre, sino que transmitían la vibración de baja frecuencia del Corazón de la Tierra, cuyo fragmento seguía encajado en su esternón como una cuña de fundición.
A sus pies, en el patio del taller, Garrick y sus diez mineros supervivientes terminaban de encajar los fiadores de la Tercera Batería de Ballestas Pesadas. Eran máquinas de torsión de tres metros de envergadura, construidas con los flejes de acero de suspensión de los caballos de hierro capturados y dotadas de disparadores fundidos con la aleación dorada verdosa del Cáliz.
—¡Están asentando los Morteros de Calcinación en la linde del bosque, Kaelen! —gritó Jarek desde la empalizada del norte, su voz ronca por el humo del azufre—. Son tres piezas de asedio pesado, del calibre de doce pulgadas. Si abren fuego con los proyectiles de fragmentación de cal, la mampostería compuesto del muro este no aguantará diez descargas. La onda de choque desprenderá las placas de blindaje antes de que el mortero hidráulico termine de fraguar.
Kaelen levantó su anteojo de bronce rústico, apuntando hacia la línea de los sauces de bronce.
A ochocientos metros, en una plataforma de troncos de pino negro fresados a toda prisa, tres colosos de hierro colado alzaban sus bocas cilíndricas hacia el cielo plomizo. Eran los morteros de la Inquisición, cuyas cureñas de ruedas macizas estaban fijadas al suelo mediante gatos de husillo de latón. Dos docenas de sirvientes de túnica blanca, protegidos por máscaras de lino saturadas de vinagre para evitar los gases de la pólvora rúnica, introducían los proyectiles en las bocas de las piezas utilizando cucharas de carga de tres brazos.
—No buscan la perforación limpia, Jarek —analizó Kaelen, su tono plano carente de la inflexión del pánico biológico—. Ejecutan una Descomposición Química por Impacto. Los proyectiles contienen una mezcla de cal viva pulverizada y nitrato de plata rúnico. Al estallar contra el granito, el calor de la deflagración deshidrata la piedra, rompiendo los enlaces de la sílice y transformando los bloques de cantería en un polvo de grava suelta que cede bajo el menor empuje. Su objetivo es convertir nuestra traba en un banco de arena antes de meter la infantería pesada.
¡BOOOOOOOM-CRAC!
El primer disparo de la batería de asedio sacudió el claro del Bastión con una onda de presión que hizo saltar las tejas de pizarra supervivientes del tejado de la forja. El proyectil, una esfera de hierro fundido de cien libras grabada con las runas de la parálisis térmica, trazó una parábola lenta y humeante contra el cielo de azufre, impactando directamente en la esquina superior del Muro del Este, justo por encima de las placas de blindaje compuesto que Kaelen había fijado en el capítulo anterior.
El efecto fue devastador desde el punto de vista arquitectónico.
Al chocar el hierro contra el granito, la carga interior de nitrato de plata se encendió en una llamarada blanca, desprovista de humo pero dotada de una temperatura de mil quinientos grados. La cal viva concentrada en el núcleo del proyectil reaccionó instantáneamente con la humedad de la llovizna ácida, expandiendo su volumen diez veces en una fracción de segundo.
¡CRASH-CLANG-CRAC!
Las hiladas de piedra de la cornisa no se fragmentaron en lascas limpias; se disolvieron en una nube de ceniza gris y polvo de sílice ardiente que descendió sobre la plaza de armas como una cortina de cal. Un bloque de granito de media tonelada, cuya traba triple había sido rota por la calcinación, se desprendió de la clave del dintel, cayendo sobre la segunda ballesta pesada y triturando sus flejes de acero compuesto con un crujido sordo de metal que se dobla.
—¡La segunda línea ha sido batida! —gritó Cael, intentando cubrirse el rostro con su manga de cuero para no respirar el polvo de sílice—. ¡Kaelen, la clave del muro este está mostrando una deflexión de ocho grados! Si el segundo impacto da en el mismo sector, la torre de toberas se quedará sin el soporte del contrafuerte izquierdo.
—Mantened la frecuencia de las ballestas —ordenó Kaelen, descendiendo de la torre con la regularidad de una máquina de balancín. Sus botas de hierro pavonado se hundían en el cieno gris de la plaza sin alterar su cadencia—. Garrick, apunta la primera ballesta pesada hacia elhusillo del mortero número uno. Si rompemos el gato de latón de la cureña, la inclinación de la pieza forzará la explosión por reflujo en la recámara.
Mientras los Truncheos ajustaban los tornillos de puntería de las ballestas utilizando las llaves de forja, el segundo proyectil de los morteros de la Inquisición se desvió de la línea industrial del Bastión, describiendo una trayectoria más alta que lo llevó directamente hacia el Pabellón de los Exiliados, la cabaña de troncos de pino negro y barro que servía como hospital de campaña y almacén de víveres en el flanco sur del claro.
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Editado: 22.05.2026