Cenizas De Plaguelands

28. El Trono De Hierro Negro

La base de la Catedral de Hierro Negro no descansaba sobre la roca; se abría paso a través de ella mediante un sistema de Zapatas de Asiento de Bronce Rúnico que se hundían cincuenta metros en la veta madre de la fosa. Al aproximarse la cuadrilla por el ramal de las vagonetas muertas, la masa de la edificación borraba el horizonte como un acantilado artificial de metal texturizado. El hierro de los muros exteriores no era liso; exhibía las estrías del desmolde en arena gorda y las marcas de los millares de remaches de cabeza de hongo que unían las chapas de tres pulgadas. El frío del invierno de la plaga se concentraba aquí con una densidad molecular que congelaba el aceite de las lámparas de los mineros, transformando el lubricante en una resina sólida que bloqueaba las llaves de paso de latón.

Kaelen de Astora lideraba la marcha por el foso de la primera línea de esclusas. Su cuerpo calcificado ya no pertenecía a la simetría de los nacidos de barro. Las costras de calcio gris habían colonizado por completo su cuello y la base del occipital, obligándolo a girar todo el torso cada vez que modificaba su línea de mira. Su brazo izquierdo, permanentemente acortado por la compresión del muro este, iba acoplado al deflector de placa compuesta mediante dos pernos de expansión que Jarek había remachado en caliente antes de abandonar el desfiladero. En su mano derecha, la Rompe-Catedrales vibraba con una frecuencia de cuarenta hercios, sintonizada con el zumbido sónico que el Gran Faro proyectaba desde la cúspide de la fortaleza.

Detrás de él, Jarek y Cael empujaban la parihuela logística del caballo de hierro, cuya caldera bufaba un vapor húmedo y grisáceo a través de las juntas de amianto rotas. Sobre la chapa del hogar, la Hermana Martha sostenía el Cáliz de la Orden envuelto en lienzos de lino rúnico, utilizando el calor residual de la combustión de pino negro para evitar que el bronce rúnico de la reliquia sufriera criptocristalización por el frío extremo de la fosa.

—El portón del primer nivel es una Esclusa de Guillotina de Acción Neumática —susurró Bram desde las mantas, su voz sibilante por la parálisis pulmonar—. No intentéis forzar el pasador central; está conectado a una línea de vapor de alta presión que proviene de las calderas de destilación del tercer nivel. Si el perno sufre una variación de carga de más de diez libras, la válvula de seguridad liberará un chorro de agua alcalina que disolverá la carne y el hierro en cinco segundos de descarga.

Kaelen se detuvo a tres pasos de la enorme chapa de hierro negro que bloqueaba el paso. Sus ojos dorados, fijos detrás de la rejilla de su casco, analizaron el sistema de cierre con la frialdad de un tasador de desguace.

—No romperemos el pasador, Bram —diqu el Arquitecto, y su voz plana resonó dentro del metal con la fijeza del granito—. Utilizaremos la Inversión de Carga Estática. Si fijamos la primera ballesta pesada contra la guía lateral de la guillotina y disparamos el fiador de acero compuesto, la elasticidad del bronce del Cáliz absorberá la tensión del contrapeso, forzando a la esclusa a elevarse por el propio reflujo de su línea de presión. Cael, monta el husillo de la ballesta número tres.

Cael y Garrick levantaron el bastidor de la ballesta pesada, encajando los extremos de su fleje de acero compuesto contra las lajas de pizarra que formaban el marco de la esclusa. Jarek aplicó la llave de forja al tornillo de torsión, haciendo que los cables de lino rúnico crujieran con un gemido agudo que delataba el límite de la resistencia elástica del cáñamo.

—El fiador está en la muesca de disparo, Kaelen —informó Garrick, limpiándose la escarcha de pizarra de las cejas—. La línea de mira está alineada con el perno de descarga de la válvula neumática.

—Efectúa la descarga —ordenó Kaelen.

¡TWANG-CLANG!

El fiador de la aleación del Cáliz silbó en el espacio estrecho del foso, impactando con precisión quirúrgica en el cuello de bronce de la válvula de alta presión. El encuentro de los dos metales rúnicos no produjo una rotura limpia; produjo una Deflagración Armónica. El bronce del Cáliz absorbió la vibración sónica del faro imperial, transmitiendo la energía de parálisis directamente al fluido de la caldera interior. El vapor de agua alcalina sufrió un proceso de condensación instantánea, reduciendo su volumen mil veces en una fracción de segundo y creando un vacío neumático absoluto dentro del cilindro de elevación.

¡GRRRRRRRR-BOOM!

La enorme esclusa de guillotina de dos toneladas se elevó de golpe por la acción del contrapeso descompensado, subiendo por las guías de hierro negro hasta encajarse en el dintel superior con un golpe que sacudió los cimientos de la primera galería. Una cortina de vapor frío y hollín de resina brotó del interior de la catedral, inundando el foso con el olor a grasa de máquina y cal viva que caracterizaba las factorías del Imperio.

—¡Dentro, antes de que la presión vuelva a equilibrarse! —gritó Kaelen, cargando con el escudo compuesto en su hombro deformado mientras abría la marcha hacia el pasillo de la Primera Guarnición.

El interior de la catedral de Vane era una negación de la luz orgánica. Las paredes de hierro colado estaban cubiertas por una capa de alquitrán negro que impedía la oxidación por condensación, reflejando de forma lúgubre el resplandor violeta de las lámparas de fósforo que colgaban del techo cada veinte pasos. El suelo estaba formado por rejillas de hierro dulce calado, a través de las cuales se alcanzaba a ver el flujo constante del agua ácida que corría por los canales de purga inferiores, arrastrando los lodos de la destilación de la provincia hacia los pozos de cal del fondo de la fosa.

Al final de la primera galería de trescientos metros, la cuadrilla se topó con el primer cordón de defensa activo: la Guardia de Élite de la Tercera División.




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