Cenizas De Seda (İpek KÜlleri)

CAPÍTULO 10: EL REFUGIO DE LAS ALMAS

Ayas Sabancı, consumido por una rabia que le quemaba las entrañas, no tuvo piedad. En un estallido de furia, lanzó las maletas de Dila por la terraza de su ático.
—¡Lárgate! —rugió él, con los ojos inyectados en sangre—. Eres una mentirosa, una cazafortunas... ¡No te quiero volver a ver ni en pintura!
Dila, humillada y recogiendo sus pertenos de la acera mientras gritaba que él era un "poco hombre", se vio acorralada. Sin dinero y sin techo, recurrió a su última carta: la señora Neriman.
Neriman recibió la llamada como una oportunidad caída del cielo.
—Ven de inmediato a la mansión Koç, querida. Aquí estarás protegida —dijo la vieja, ignorando las advertencias de su esposo, quien no podía creer que su mujer fuera capaz de semejante bajeza estando la boda de su hijo a solo cinco días.
Al llegar la noche, el plan de Neriman se puso en marcha. Mientras Özgür cenaba con sus padres en un silencio tenso, Dila permanecía oculta en la habitación de invitados. Özgür, agotado tras contarle a Harika lo sucedido con Ayas y prometerle que nada los separaría, se retiró a sus aposentos. Se bañó y se dejó caer en la cama, cayendo en un sueño profundo y pesado.
A medianoche, la puerta se abrió con un gemido casi imperceptible. Dila, envuelta en una bata de seda negra que resbalaba por sus hombros, se deslizó bajo las sábanas. Comenzó a acariciar el torso de Özgür, susurrando su nombre. Él, entre el sueño y la vigilia, sintió el calor de un cuerpo y, en su inconsciente, murmuró el único nombre que habitaba en su corazón:
—Harika…
Dila, llena de rabia pero decidida a atraparlo, le mintió al oído:
—Sí, amor… soy Harika.
Pero en cuanto el beso se volvió real, el instinto de Özgür despertó. Ese aroma no era el de las rosas frescas de Harika; era el perfume sintético y denso de su pasado. Encendió la luz de un manotazo y empujó a Dila fuera de la cama.
—¡¿Qué haces aquí?! ¡Lárgate de mi habitación! —gritó con una voz que hizo temblar las paredes.
El escándalo atrajo a los padres. El señor Koç, al ver a Dila de rodillas suplicando y a su hijo temblando de asco, comprendió la magnitud de la traición de su esposa. Sin mediar palabra, el viejo le dio una bofetada a Neriman que dejó el salón en un silencio sepulcral.
—¿Dónde están tus principios, Neriman? —le increpó su esposo—. ¡Tu hijo va a casarse y dejas que esta mujer entre en su cama!
Özgür, decepcionado hasta la médula, se vistió a toda prisa.
—Hijo, ¿a dónde vas? —preguntó Neriman, sujetándose la mejilla.
—No es tu problema, mamá. Has muerto para mí esta noche.
Özgür llamó a Harika y le contó la verdad, sin adornos. Ella, sintiendo el dolor de su hombre, no dudó.
—Quédate en el hotel Palace Bósforo. Yo voy para allá.
Llegaron casi al mismo tiempo. En una suite espectacular, rodeados de cortinas de seda blanca que bailaban con la brisa nocturna, Harika abrazó a Özgür.
—Confío en ti plenamente —susurró ella contra su pecho—. Sé que esto es una trampa de tu madre, pero no dejaré que nos destruya.
Fue entonces cuando el aire cambió. La música del Bósforo parecía filtrarse por sus oídos, envolviéndolos en una atmósfera de entrega sagrada. Özgür se quitó la camisa, revelando un cuerpo marcado por la fuerza de sus convicciones, y Harika lo contempló bajo la suave luz de la luna que entraba por el ventanal.
Se fundieron en un abrazo que ya no era solo de consuelo, sino de posesión absoluta. Sus manos comenzaron a explorar territorios conocidos pero nunca tan deseados. En esa cama, entre sábanas de hilo que Harika apretaba con fuerza mientras el placer la desbordaba, ambos se entregaron a una pasión que trascendía lo físico. Fue una danza de almas, un encuentro donde cada beso borraba las heridas del pasado. En esa penumbra azulada, se convirtieron en un solo ser, sellando con su piel lo que el destino ya había escrito. Harika se entregó a él con la confianza de quien ha encontrado su verdadero hogar, perdiéndose en la mirada de un hombre que la amaba por encima de imperios y cenizas.
Al amanecer, mientras Estambul despertaba, ellos seguían envueltos el uno en el otro, sabiendo que después de esa noche, ya nada —ni Ayas, ni Neriman, ni Dila— podría romper el vínculo inquebrantable de los futuros señores Koç.



#2952 en Novela romántica
#285 en Thriller
#126 en Misterio

En el texto hay: traicion, fuego, triunfo

Editado: 10.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.