Cenizas de una luna olvidada

Capítulo 1

Esta zona del bosque era bastante verde en comparación de otros sitios, donde la negrura y lo gris abunda. Era aquí donde vivíamos nosotros, lejos de la otra pequeña población, quienes no podían saber de nosotros ni mucho menos acercarse. O quizás sí saben de nosotros, pero prefieren mantenerse al margen.

Mis rodillas dolían por estar tanto tiempo recargada al suelo, debía ayudar al pueblo con la comida que aquí crecía, era lo único que podíamos comer o también cuando algunos se dedicaban en cazar animales, pero no lo hacían todo el tiempo, así que mayormente comíamos lo que crecía del suelo o los árboles.

Mientras metía las hojas verdes y tomates en la canasta, le dediqué una pequeña mirada a nuestra pequeña aldea; las casas eran hechas con madera, muchas de ellas estaban podridas debido al tiempo que pasaron sin uso y por la humedad, pero resistían lo suficiente como para refugiarse en ellos. Otros estaban hechos de piedra, de hecho, en la que yo vivía era de piedra.

Todos los aldeanos trabajaban a su manera, ya sea cortando madera para el fuego y mantenernos calientes por la noche, otros cazaban como mencioné antes o tomando las frutas y vegetales que milagrosamente crecían sin dificultades, con alguno que otro detalle deforme, pero era nuestro alimento después de todo.

A pesar del paisaje verde y rústico, hacía bastante contraste con el tipo de clima que se veía en Chernóbil. Mayormente estábamos bajo un cielo gris, lo que hacía ver el lugar en general más apocalíptico de lo normal, esa definición la saqué de uno de los libros que hay en casa. Lo curioso es que no hay ni una fotografía o dibujo de cómo eran nuestros predecesores o nuestros antiguos, y llegué a la conclusión de que quizás querían borrar cualquier rastro de lo que alguna vez fueron para no entrar en la nostalgia, pero me entristecía un poco no saber nada más. Ese era un tema que no todos querían tocar.

—¿Otra vez te perdiste en la rueda de la fortuna? —Escuché la tierna voz de Olena, una dulce niña a la cual consideraba mi pequeña amiga. Estaba tan absorta a mis pensamientos que no la oí llegar.

Moví mi cabeza a su dirección, al estar de rodillas al suelo su cabeza me llegaba por los hombros, normalmente su altura era hasta mi estómago, sus enormes ojos amarillos me observaban con curiosidad. Al igual que yo, le crecían ramas y flores en su cabeza, tenía unas pequeñas pecas adornando sus mejillas grises y una tierna sonrisa a la cual le faltaba un diente. A veces la quería llevar conmigo para que conozca el parque de atracciones, pero sus padres son mucho más estrictos que los míos, y eso que soy trece años mayor que ella.

—Sabes que me gusta explorar —Respondí con voz suave, acariciando las raíces de su cabellera rubia—. ¿Tú cuándo me acompañas?

—Creo que ni teniendo treinta años —Rodó los ojos, su respuesta causó que de mis labios brotara una sonrisa—. Ya sabes cómo son mis papás, por lo menos me conformo con tus historias.

—Te entiendo, sabes que así es mi abuelo.

—Él por lo menos te deja salir —Se encogió de hombros, eso no era del todo cierto, siempre acababa escapándome, pero sí tenía un poco de razón con que mis abuelos me dejaban un poco más de libertad.

—Ya tomarás tus propias decisiones y serás mi pequeña compañera de aventuras.

—Eso espero, me gustaría que el tiempo pasara rápido, es un poco aburrido ver lo mismo aquí en el pueblo —También le dedicó una mirada a la aldea—. A veces ni siquiera quiero jugar con mis amigos.

Dirigí la mirada en dirección donde se posaba la suya, estaba observando a los otros críos jugando todos tomados de la mano y formando un círculo, ellos corrían mientras se sujetaban con firmeza y reían a carcajadas, poco después uno de ellos cayó con fuerzas al suelo, pero en lugar de llorar, sólo comenzó a reír más fuerte, eso definitivamente me hizo recordar cuando yo también jugaba de esa forma o me dedicaba en hacer coronas de flores para todos.

—Oh, no. Allá viene Bohdan, creo que mejor te dejo sola —Balbuceó, rápidamente mis ojos buscaron a mi abuelo, quien se encaminaba hacia mí a grandes pasos. Iba a llamar cobarde a Olena, pero esta ya se había ido corriendo a jugar con sus amigos.

Traidora.

Traté de ignorar a mi abuelo y seguí con lo mío con mis rodillas en tierra, recogiendo las verduras del suelo para llevarlas a la cocina general, después de todo no tenía sentido intentar huir y esconderme para no escuchar sus sermones, porque de igual forma me los daría al regresar a casa, y no lo culpo realmente, él sólo quiere cuidarme, después de todo soy lo único que les queda a ellos y no les importa que haya cumplido veintiún años.

—¿Svetlana? —Preguntó mi abuelo, sonaba un poco preocupado y a su vez, mezclado con alivio. Cuando su presencia se hizo notar muy cerca de mí, dejé de recoger las verduras, tomando con firmeza mi canasta y levantándome del suelo sucio para quedar frente a él, sus arrugas eran muy notorias ya.

—Ya sé, vas a regañarme por haberme escapado de nuevo —Me adelanté—. ¡No me fui lejos! Lo prometo.

—Sí, Ollie me dijo que estabas en el parque de atracciones, Lana —Dijo con sorprendente dulzura, por supuesto elevé mis cejas bastante sorprendida. Él tendía a ser un poco más gruñón cuando me iba sin decirles nada.

—¿No estás molesto? —Pregunté con sorpresa, a lo que sus ojos cansados me miraron con paciencia, haciendo que sus arrugas fueran menos notoria.

No recuerdo muy bien cómo era mi abuelo antes, pero estoy segura que su piel era mucho más clara, fue oscureciéndose con el tiempo hasta volverse mucho más gris que la de todos nosotros, a de ser por la vejez.

A diferencia de todos nosotros, ellos sólo tenían las pieles desprendidas o con muchas quemaduras, y sus ojos estaban más oscurecidos de lo normal, ellos no tenían los ojos amarillos como nosotros, pero de alguna forma igual se deformaron, otros incluso quedaron con ceguera.

—No lo estoy, pero, por favor, avísanos si quieres salir —Alegó, colocando la palma de su mano en mi espalda para guiarme hacia uno de las bancas que se encontraban al fondo, dejando una vista más amplia del pueblo, si me guiaba hacia allá quiere decir que quería hablar conmigo, quizás esta era mi oportunidad de preguntarle todas las dudas que corrían por mi mente y no se dignaban a responder, incluso las que eran importantes para mí.




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