Cenizas de una luna olvidada

Capítulo 2

Corrí lo más rápido que pude lejos del bosque en dirección a la aldea, jamás en mis veintiún años había sentido esta adrenalina que estoy sintiendo ahora, no sé si es miedo, emoción o confusión, lo único que sé con certeza es que mis alarmas se activaron en cuanto aquella cosa giró su cabeza en lo que parecía ser mi dirección. Por primera vez obedecí a mis abuelos en algo y fue el no acercarme a nadie o nada que pareciera fuera de lugar, así que en ningún momento detuve mis pies.

Mi respiración se sentía pesada y mi corazón estaba a punto de romper mi tórax, varias veces volteé a ver —aún sin detenerme— para comprobar que esa cosa no me estaba siguiendo, y no, no lo hacía. Prefería estar yo en peligro que poner en peligro a todo el pueblo por mis fantasías infantiles.

Sentí un gran alivio cuando en mi campo de visión ya estaba la aldea, ahí estaban todos ellos aún, haciendo lo que hacían diariamente, mientras que yo parecía una loca desquiciada corriendo como si mi vida dependiera de ello.

El sudor que resbalaba de mi frente amenazaba con caer sobre mis ojos, por lo que creí que ya era momento de detenerme, de todos modos desde hace unos cuántos pasos atrás nadie me estaba siguiendo.

Una vez que me detuve, no tardé en inclinarme y recargar mis manos sobre mis rodillas. Tomé una gran bocanada de aire, intentando llenar de oxígeno mis pulmones y alivianar mi agitada respiración, pero la sed comenzaba a secar mi garganta.

—Regresaste rápido —Me levanté con rapidez y pegué un pequeño sobresalto al ver a mi abuelo en frente de mí, ¿cómo llegó tan rápido? ¿O es que estaba tan asustada y emocionada que no lo vi cerca?—. ¿Va todo bien? ¿Por qué venías corriendo?

—Yo... ah... —Mi voz se entrecortaba, aún me encontraba exhausta—. Creí que se me hacía demasiado tarde y no quería preocuparlos después de lo que me contaste.

Mi abuelo entrecerró los ojos y yo tragué grueso, decirle que vi algo extraño allá afuera sería mi sentencia para no volver a salir en lo que me resta de vida, y por supuesto que no quería eso, necesitaba saber quién o qué era aquello.

—Antes llegabas tarde sin problema —Cuestionó.

—Sí, como te dije... después de lo que me contaste, no he querido preocuparlos más. Reflexioné bastante en el bosque.

Sus ojos oscuros se quedaron viéndome un par de segundos que se sintieron eternos, sé muy bien que él sabía que yo mentía, pero también sabía que no iba a tocar el tema, no hasta que yo le dijera una palabra.

—Está bien. Ve con tu abuela, te ha estado esperando, y por favor ayúdala con la cena, si no te molesta —Agregó sin más, dándose la media vuelta para marcharse con un grupo de hombres que lo estaban esperando, seguramente irían de caza ya que la carne estaba faltando, así que no quise contradecir su petición.

Me encaminé hasta nuestra pequeña casa hecha de piedras, saludando por el camino a unos cuántos vecinos que conversaban fuera de sus casas o tomaban un pequeño paseo, mismo saludo que era devuelto con entusiasmo

—Adiós, Lana —Me gustaba que me llamaran por ese diminutivo.

No sé cuánto tiempo pasó desde que estuve en el parque de atracciones y luego en el bosque, pero el ver el cielo atardeciendo lentamente me hacía saber que estuve muchas horas fuera.

Me abracé a mí misma ya que estaba haciendo un poco de frío, por mi lado pasaron unos cuántos niños gritando y riendo a la vez, entre ellos se encontraba Olena, quién me saludó con la mano en cuanto me vio y siguió su destino, yo solo le dediqué una pequeña sonrisa y me acerqué a la puerta de roble oscuro que pertenecía a mi casa, giré el pestillo y me adentré a la misma, mirando con atención cada rincón de la pequeña sala y percatándome de la ausencia de mi abuela.

—¿Abuela? —Llamé en voz alta, cerrando la puerta detrás de mí y buscando con la mirada a la susodicha.

—En la cocina —Escuché decir. Caminé con rapidez a la pequeña cocina que mi propio abuelo hizo con esfuerzo y dedicación, quería hacer parecer esta casa lo más cercano a un hogar posible sólo para que todos nos sintiéramos cómodos.

La visualicé de espaldas, se encontraba frente a los mesones de madera que mi abuelo detalló. Tenía puesto su vestido favorito, era uno bastante simple, pero le gustaba, era color blanco, largo y liso. Estaba picando algunas verduras y, en cuanto sintió mi presencia, no dudó en girar sobre la punta de sus pies y dedicarme una enorme sonrisa, arrugando sus comisuras.

Ella también tenía una piel bastante gris, con manchas y quemaduras por todos lados. Se encontraba tan delgada que la hacía parecer frágil, sentías que con un simple abrazo la podrías romper, es por eso que yo tenía bastante cuidado con ella, aunque ella dice ser muy fuerte y sé que lo es, pero igual prefiero cuidarla.

Su cabello estaba blanco por todas sus canas, no había rastro de color alguno y sus ojos oscuros me observaban con ternura y preocupación.

—Querida, ¿dónde estabas? No te había visto en todo el día —Añadió con voz preocupada, acercándose a mí mientras limpiaba sus manos con el mantel rosa pálido que rodeaba su cintura.

—Lo sé y te pido disculpas. Estuve toda la mañana en el parque de atracciones y toda la tarde en el bosque —Me acerqué a darle un abrazo delicado, el cual ella correspondió con fuerzas. Siempre olía a galletas aún cuando no las estaba horneando.

—¿Y encontraste algo interesante en el bosque? —Preguntó con curiosidad, a lo que yo evité responder a toda costa alejándome de ella y acercándome al mesón, tomando algunos vegetales que descansaban en una canasta y comenzar a lavarlos.

—No... ya sabes, lo mismo de siempre, ardillas por doquier, el agua correr, el viento mover las plantas, nada fuera de lo común —Me encogí de hombros, espero que no ahondara en el tema porque no me gustaba mucho mentirles.

—Comprendo —Guardó un pequeño silencio, sentía que quería decirme algo más, pero no encontraba la forma de decirlo, aunque intuía el qué—. Tu abuelo me dijo que ya te contó sobre...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.