Cenizas de una luna olvidada

Capítulo 4

Desde la noche anterior me encontraba inquieta.

Si la primera vez que vi a Nikolai estaba desesperada por volver al bosque para ver qué o quién era él, ahora, en definitiva no podía sacármelo de la cabeza.

No paraba de arreglar una y otra vez las flores mutantes en el jarrón de madera que mi abuelo talló a la perfección, no podía volver a casa con las manos vacías y darles una excusa estúpida del por qué volví tan tarde. No tenía cabeza para tantas mentiras, tanto encubrimiento, pero no podía dejar que supieran.

Estas flores eran las únicas que conocía, las únicas que crecían en esa zona del bosque, porque las demás sólo eran pequeñas flores blancas con una forma que para los mayores dicen que son bastantes deformes, pero como he repetido muchas veces, yo no las veo así.

Los girasoles que había tomado durante el camino tenían su centro pegado al centro de otro girasol, como si fueran gemelos siameses, de esa forma lo expresaba mi abuela. Sus pétalos amarillos eran escasos, mientras que otros sí tenían en abundancia e incluso les crecían en las raíces, pero todas eran distintas a su manera.

Eran mis flores favoritas.

Las otras que había recogido solo eran blancas y rosas, cada una con una apariencia única. Acaricié uno de sus pétalos mientras dejé escapar un suspiro.

¿Estaré en la cabeza de Nikolai de la misma forma en la que él aparece en la mía? Apareciendo como un intruso en mis sueños y robándose mis pensamientos la mayor parte del día, y ahora que había confirmado que sus ojos eran grises... me gustaría poder verlos realmente, ver si son como mis sueños, con ese brillo extraño e indescriptible.

¿Qué pasaba por su mente? ¿Qué pensaba realmente? Me era frustrante no ver sus facciones y tratar de leerlo. Su rostro era una niebla oscura en mi cabeza con dos orbes de plomo ubicados en donde deberían estar sus cuencas.

—Llevas mucho tiempo ahí, mi niña —la voz de mi abuela se hizo notar en la sala, por lo que dejé las flores tranquilas y me volteé a verla. Su rostro era de preocupación absoluta, y eso podía ser bueno o malo.

—Estaba distraída con las flores, no te escuché —balbuceé, si intentaba que no descubriera que escondía algo, estaba haciendo un pésimo trabajo.

Mi abuela deslizó sus manos por su cabellera blanca en un intento de acomodar las hebras sueltas, pero estas siguieron en su mismo lugar. Su cabello ya no era el mismo de antes, había perdido su color y vida con el tiempo, así que ahora sólo era una enredadera sobre su cabeza.

Se acercó hacia mí, aún en sus ojos se veía la preocupación y por Dios que no estaba preparada para una conversación ahora sobre el bosque.

—Estás así desde que Bohdan habló contigo sobre tus padres, ¿verdad? —Suavizó el tono, y de nuevo sentí cómo mi garganta se cerraba y mi estómago se hacía un nudo.

Me sabía fatal tener que excusarme todo el tiempo con ese tema, pero también me había salvado muchas veces de una conversación mucho peor, y por más que intentara olvidarlos, ese tema me seguiría por siempre, ¿verdad?

¿Acaso mis padres quieren que no olvide lo que les pasó? ¿Por eso aparecen de boca en boca una y otra vez?

—Quiero evitar esa conversación, abuela... no me siento cómoda hablando de ello —Le volví a dar la espalda, volviendo a acomodar las flores que no necesitaban ser acomodadas, pues era cierto que llevaba mucho tiempo haciéndolo.

Pude escuchar los pasos cautelosos de mi abuela tras de mí, seguido de su mano gris y arrugada posarse sobre mi hombro izquierdo.

—Yo tampoco pude superarlo en mucho tiempo, y es evidente que aún me cuesta —admitió—. Tampoco quería tocar el tema, pero no guardes tus sentimientos, no está bien ocultarte de todos nosotros y reprimirte.

—No me reprimo. Si voy al bosque es para no preocuparlos con mi tristeza —Mentí, esperando que creyera esa historia, últimamente las mentiras se estaban volviendo una rutina para mí—. Por eso no quiero que estén enviando a Ollie por mí, ni que estén preocupados. Estaré bien.

De nuevo me di la vuelta para verla directamente a sus ojos oscuros. Si seguíamos dándole rosca a este tema de mis padres no aguantaría seguir escudándome o mintiendo por mucho más tiempo, me parecía una total falta de respeto hacia la memoria de ellos, yo no soy así.

—Pasas demasiado tiempo en el bosque, Bohdan ha respetado esa decisión porque sabe el impacto que tuvo esa conversación en ti, pero tememos que...

—¿Qué? —Interrumpí—. ¿Que haga lo mismo que ella? ¿O que me deprima tanto como él, que mis defensas bajen y la mutación me mate? Te dije que no los abandonaría, y mucho menos de una manera tan atroz.

Ambas nos quedamos en silencio, uno bastante incómodo. Me comenzaba a molestar que ahora todo el tiempo fuese así, llevaban tantos años cuidándome y pareciera que eso no les fuese suficiente al siempre verme volver, así pase unas cuántas horas perdida, así sea Ollie que me busque y siempre me encuentre dentro de la zona, sola, fuera de peligro.

Entendía perfectamente el temor de ellos, ¿pero no me podían regalar un pequeño voto de confianza?

Mi abuela soltó un suspiro de cansancio, cerrando sus ojos oscuros en el proceso mientras sus hombros se relajaban, no me gustaba discutir con ella, pero no lo estábamos haciendo realmente, ¿verdad? Quizás me exalté un poco, pero quería hacerle entender que estaba bien.

—Sé que se preocupan por mí, pero les he dado suficiente evidencia por tantos años que no he estado haciendo nada más que caminar y explorar, ¿cuándo Ollie me ha atrapado viendo a alguien, a un turista? —Inquirí, esperando su pronta respuesta y comprensión.

—Nunca —murmuró, así que le sonreí cuando sus ojos fueron abiertos, esperando tranquilizarla.

—¿Cuándo les he dicho que me odio y odio este pueblo?

—Nunca...

—Entonces no hay nada que temer... amo lo que somos, aunque a ustedes les cueste verse de esta manera a pesar del tiempo que pasó y fueron olvidados aquí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.