Cenizas de una luna olvidada

Capítulo Especial

¿Svetlana?

Sentía una brisa refrescante abarcar todo mi cuerpo, pero todo lo que había a mi alrededor era solo oscuridad absoluta.

No había estrellas, no había lunas, no había partículas, y no sentía dolor.

Incluso la sensación de haber sido traicionada había desaparecido de mi pecho, solo había paz absoluta, una tranquilidad que nunca antes había sentido.

Respiré hondo y con cuidado, con el miedo de no sentir aire en absoluto, ya que hace unos momentos solté mi último respiro.

Pero me sorprendió sentir el aire limpio, libre de cualquier olor metálico que era usual en Chernóbil, y libre del olor radioactivo que desprendía mi propia sangre.

Eso me hizo reaccionar y llevar ambas manos a mi estómago, esperando encontrar la tela rasgada o pegajosa por el charco de sangre, pero no había nada, incluso me sorprendí por tener movimiento en mi cuerpo.

Solo entonces abrí lentamente mis ojos, extrañada por sentirme más viva que antes.

La luz del sol iluminaba con fuerzas el lugar, y no era desagradable su calor, se sentía bien sobre mi piel. El cielo azul estaba libre de estrellas, libre de nubes grises que abarcaran todo el cielo, simplemente se encontraba despejado y con pocas y esponjosas nubes blancas que muy difícilmente se veían en Pripyat, o por lo menos en la zona donde habitaba.

Me incorporé sobre el césped, recorrí con la mirada el lugar que estaba lleno de flores hermosas que nunca antes había visto, flores de todos los colores y todos los tamaños posibles.

¿Dónde estaba?

—Svetlana. —Volví a escuchar el llamado, era una voz masculina que por alguna razón sentía que la conocía, pero no sabía de dónde.

Observé una y otra vez el lugar, definitivamente no estaba en Chernóbil, y tampoco había un depredador de ojos grises que me observara desde una esquina.

De pronto sentí mi garganta arder y mi nariz picar, lo último que recuerdo es haber confiado en Nikolai y que luego me apuñalara en el estómago, llevándome directo a mi muerte.

¿Entonces lo estoy? ¿O simplemente desperté de un sueño extraño?

Volteé a ver al dueño de la voz y, sentí una sensación extraña en mi pecho al ver al hombre frente a mí.

Era un hombre alto, de piel cálida y ojos oscuros. Recordaba a ese hombre de otra manera, lo recordaba... de piel gris.

Pero su piel estaba intacta y libre de ampollas.

Llevaba puesto un traje blanco que lo hacía contrastar con su color de cabello oscuro, la sonrisa que ensanchó en su rostro causó que sus ojos se achicaran y arrugaran.

De pronto lo recordé, y las lágrimas se hicieron notar.

—¿Papá? —solté en un hilo de voz, con la garganta incinerando todo a su paso.

El hombre extendió sus brazos mientras sus ojos de igual forma se llenaban de lágrimas, parecía que me había estado esperando todo este tiempo, y no demoré en correr hacia sus brazos y fundirnos en un fuerte abrazo que no recordaba habernos dado nunca.

Sentí las pequeñas gotas de sus lágrimas caer sobre mi cabeza, y seguramente de igual forma estaba empapando su suéter blanco con mis lágrimas, pero eso a ninguno de los dos nos importó, solo estábamos ahí, abrazándonos como si hubiésemos esperado tanto tiempo por hacerlo.

—Te extrañé mucho, mi pequeña —susurró papá sobre mi cabeza, y yo lo apreté más a mí en respuesta—. No sabes cuánto lamento haberte abandonado por mucho tiempo.

—No fue tu culpa, de ninguno de los dos —murmuré, negando con la cabeza mientras las lágrimas seguían cayendo, eso me hizo despegar unos pocos centímetros mi cabeza de su pecho—. ¿Dónde está mamá?

Mi padre acomodó algunos mechones rebeldes detrás de mis orejas, lo sorprendente es que no las sentí puntiagudas, de inmediato llevé mis dedos y efectivamente mis orejas se sentían normales.

Papá apuntó con la mirada detrás de mí, y giré tan rápido como mi cuerpo me lo pudo permitir.

Ahí estaba ella, con sus mejillas enrojecidas, con su piel lisa y su cabello rubio oscuro flotando por el viento.

Llevaba puesto un vestido blanco que también se sacudía en compás al viento, sus ojos oscuros me miraban con felicidad y a la vez, con miedo.

No me importó lo que había hecho, corrí también hacia ella con una enorme sonrisa y ambas nos dimos un fuerte abrazo en la que las dos lloramos hasta arrodillarnos al suelo.

Mamá me abrazaba y apretaba con fuerzas, como si temiera que al soltarme desaparecería, pero eso no iba a suceder.

—Lo siento mucho, mi niña. Fui una madre terrible —sollozó, mientras ambas nos miramos y chocamos nuestras frentes. Sus mejillas estaban pobladas de lágrimas.

—No te preocupes por eso, mamá. Sí estaba enojada, pero eso ya no me importa en lo absoluto.

Sequé sus lágrimas con cuidado, y solo entonces detallé que mi piel ya no era gris, era totalmente blanca.

No había ampollas, no había garras.

Me observé las manos con detenimiento y cuidado, estaba sorprendida por este color que había en mí, incluso mis uñas eran naturalmente rosas y cortas.

De inmediato pasé las manos por mi cabeza y ya no había cuernos ni ramas.

Mamá sonrió ampliamente, mostrando su pequeña hilera de dientes.

—Aquí somos normales, no tenemos esa apariencia.

—¿Qué es aquí? —murmuré, acariciando con sorprendente cuidado mi cabello.

—Estás en el cielo.

Sonreí, pero la misma sonrisa se borró al segundo al darme cuenta de la cruda realidad; realmente estaba muerta, y dejé solos a mis abuelos.

De nuevo mi garganta comenzó a quemar, y comencé a sollozar y llorar con fuerzas, cubriendo mi rostro con las palmas de mi mano.

Soy una estúpida, ellos me los advirtieron tantas veces y no hice caso, ahora los dejé solos y solo Dios sabe qué sucederá con ellos, ¿y si Nikolai los encuentra? Dios, ¿qué he hecho?

Sentí la presencia de mi padre detrás, pero eso no fue suficiente para parar de llorar, aunque sus manos sostuvieran con firmeza mis hombros en un intento de consuelo.




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