Conforme Esperanza crecía, la ciudad se reconstruía por completo. La
empresa de seguridad de Zach se convirtió en Briggs Security, una
compañía reconocida, respetada y temida, con contratos importantes y cientos de empleados. Zach se transformó de superviviente a hombre
de negocios, aunque nunca perdió su esencia.
Esperanza, ahora adolescente, se convirtió en una joven impresionante:
alta, elegante, con una mirada inteligente y una fuerza tranquila. Era el
orgullo absoluto de sus padres.
Zach, sin embargo, sufrió la etapa más difícil: ver a su niña convertirse
en mujer. Cuando comenzaron a aparecer los primeros pretendientes,
su instinto protector se disparó al máximo.
—¿Ese chico qué quiere? —preguntaba cada vez que alguien venía a
buscarla, mirando al joven con tal intensidad que casi salía corriendo.
—Papá, solo vamos a estudiar —se quejaba Esperanza, aunque con
cariño.
Lía siempre intervenía con una sonrisa, acariciando el brazo de su
esposo.
—Recuerda cuando yo era joven. No puedes protegerla del mundo para
siempre. Solo enseñarle a navegarlo.
Y Zach, a regañadientes, lo entendía. Aceptaba que ella creciera,
aunque nunca bajaba del todo la guardia.