El día de su graduación universitaria fue uno de los momentos más
emotivos para Zach y Lía. Ver a su hija recibir su título, con honores, fue
la prueba de que todo su esfuerzo y su redención habían valido la pena.
—Estoy muy orgulloso —le dijo Zach cuando ella bajó del escenario,
con la voz ronca por la emoción—. Has superado todo lo que yo podría haber imaginado. —Todo lo que soy se lo debo a ustedes —respondió Esperanza,
abrazándolos fuerte.
Después de la universidad, se integró a la empresa familiar. Mostró
tener el carácter decidido de su padre y la visión estratégica de su
madre, convirtiéndose rápidamente en una pieza clave. Fue entonces
cuando conoció a Marcus, un ejecutivo trabajador y honesto que
comenzó a trabajar con ellos.
Zach lo estudió durante meses. Lo investigó hasta el último detalle, lo
puso a prueba en situaciones difíciles, lo miró con desconfianza en cada
cena familiar. Pero Marcus demostró ser un hombre íntegro, que amaba
a Esperanza de verdad y la respetaba.
Finalmente, Zach lo aceptó, aunque con su advertencia habitual:
—Si alguna vez le causas la menor tristeza, recuerda que yo vi el fin del
mundo. No me asusta nada. ¿Entendido?
Marcus asintió con seriedad.
—Entendido, señor. Y le prometo que la haré feliz siempre.