Ceo busca esposa por app. Hizo macht con su becaria: yo

Capítulo 2: Conversaciones bajo un nombre falso

La mañana siguiente comenzó como cualquier otra en Grupo Velasco.

Valeria llegó unos minutos antes de la hora de entrada. Mientras esperaba el elevador, recordó el misterioso match de la noche anterior.

No había respondido ningún mensaje.

Cuando entró a la oficina, dejó su bolso sobre el escritorio y encendió la computadora.

—Buenos días, Valeria —saludó Sofía con una sonrisa traviesa—. ¿Ya hablaste con tu misterioso galán?

—Todavía no.

—¿Qué esperas?

Valeria sonrió con nerviosismo.

—No quiero parecer desesperada.

Mientras tanto, en el último piso del edificio, Adrián Velasco revisaba la agenda del día.

Mateo entró a su oficina con una taza de café.

—¿Ya le escribiste a tu match?

—No.

—¿Por qué?

—No sé qué decir.

Mateo soltó una carcajada.

—El gran CEO de Grupo Velasco no sabe iniciar una conversación.

Adrián negó con la cabeza, tomó su teléfono y escribió un mensaje.

A. V.: Hola. Parece que el destino decidió que hiciéramos match.

Unos segundos después, el teléfono de Valeria vibró.

Leyó el mensaje y sonrió sin darse cuenta.

Pensó unos instantes antes de responder.

Valeria: O quizá la aplicación solo hizo bien su trabajo.

Adrián dejó escapar una pequeña risa.

La conversación continuó durante varios minutos.

Hablaron sobre música, películas, comida y viajes.

Ninguno mencionó su trabajo ni su nombre completo.

Solo sabían que disfrutaban hablar con la otra persona.

Horas más tarde, Valeria recibió un correo donde le pedían entregar unos documentos personalmente en la oficina del CEO.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

—¿Yo? —preguntó sorprendida.

—Sí —respondió su supervisora—. Es una entrega importante.

Valeria respiró hondo y caminó hasta el último piso.

Tocó la puerta.

—Adelante.

Entró con cuidado.

Adrián levantó la vista de los documentos.

Por un instante, ambos quedaron en silencio.

—Buenos días, señor Velasco. Traigo los informes que solicitó.

—Déjelos sobre el escritorio, por favor.

Valeria obedeció y se dio la vuelta para salir.

—Señorita Cruz.

Ella se detuvo.

—Su trabajo ha sido muy bueno. Continúe así.

Valeria abrió los ojos con sorpresa.

—Muchas gracias, señor.

Salió de la oficina con una sonrisa imposible de ocultar.

Desde el otro lado del escritorio, Adrián observó cómo la puerta se cerraba.

—Es una buena empleada —murmuró.

Esa noche, ambos volvieron a conectarse a la aplicación.

Sin saber que habían pasado frente a frente durante el día, continuaron hablando durante horas, riendo y compartiendo pequeños detalles de sus vidas.

Cada mensaje hacía crecer una conexión que ninguno de los dos podía explicar.

El destino acababa de dar un paso más para unirlos.




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