Valeria estaba concentrada en una campaña publicitaria cuando Sofía se acercó a su escritorio.
—No me digas que anoche volviste a hablar con tu misterioso match.
Valeria sonrió sin levantar la vista.
—Solo un rato...
—¿"Solo un rato"? ¿A qué hora te dormiste?
Valeria bajó la voz.
—A la una de la mañana.
Sofía abrió los ojos con sorpresa.
—¡Eso no es un rato!
Las dos rieron antes de volver al trabajo.
En el último piso del edificio, Adrián terminaba una reunión con los directivos.
—Has estado de buen humor estos días —comentó Mateo.
—¿Sí?
—Se nota. Incluso sonreíste durante la reunión.
Adrián negó con una ligera sonrisa.
—No exageres.
—Tiene nombre y apellido... aunque todavía no los conozcas.
Adrián prefirió cambiar de tema.
Aquella noche, como ya se había vuelto costumbre, ambos abrieron la aplicación casi al mismo tiempo.
A. V.: ¿Cómo estuvo tu día?
Valeria: Muy ocupado, pero sobreviví. ¿Y el tuyo?
A. V.: También. A veces siento que el trabajo consume demasiado tiempo.
Valeria: Entonces tenemos algo en común.
La conversación continuó durante horas.
Hablaron de sus sueños.
Valeria confesó que deseaba crecer por mérito propio y algún día dirigir grandes proyectos.
Adrián admitió que extrañaba hacer cosas sencillas sin que todos esperaran algo de él.
Por primera vez, sintió que alguien lo escuchaba sin juzgarlo.
Después de unos minutos de silencio, apareció un nuevo mensaje.
Valeria: ¿Te gustaría conocernos algún día?
Adrián observó la pantalla durante varios segundos.
Sonrió.
A. V.: Sí... pero cuando los dos estemos preparados. Quiero que sea un momento especial.
Valeria sintió un ligero cosquilleo en el estómago.
Valeria: Prometido.
A. V.: Prometido.
Los dos sonrieron frente a sus teléfonos sin imaginar que, apenas unas horas después, volverían a encontrarse en la empresa.
A la mañana siguiente, Valeria entró al elevador justo cuando las puertas estaban por cerrarse.
Una mano detuvo el movimiento.
Era Adrián.
Los dos quedaron solos dentro del elevador.
—Buenos días, señor Velasco.
—Buenos días, señorita Cruz.
El silencio llenó el pequeño espacio.
Cuando el elevador llegó al piso de marketing, Valeria salió primero.
Antes de que las puertas se cerraran, Adrián dijo con voz tranquila:
—Buen trabajo con la campaña de ayer.
Ella giró sorprendida.
—Muchas gracias, señor.
Las puertas se cerraron lentamente.
Ninguno de los dos podía imaginar que la persona que acababan de saludar era la misma con la que, cada noche, compartían sus pensamientos más sinceros.
Editado: 06.07.2026