La semana transcurrió con tranquilidad en Grupo Velasco.
Valeria seguía esforzándose al máximo en cada proyecto. Desde la cena de negocios, Adrián comenzó a confiarle tareas un poco más importantes, aunque siempre manteniendo la misma actitud profesional frente a todos.
Aquella tarde, Sofía se sentó junto a Valeria durante el descanso.
—Te ves muy feliz últimamente.
Valeria intentó disimular.
—¿Yo?
—Sí. Sonríes cuando miras el celular.
Valeria soltó una pequeña risa.
—Es que sigo hablando con el chico de la aplicación.
—¿Y cuándo van a conocerse?
—Todavía no lo sé.
—Pues yo ya estaría organizando la boda.
—¡Sofía!
Las dos comenzaron a reír.
En el último piso del edificio, Mateo también tenía una conversación parecida con Adrián.
—¿Ya sabes cómo es tu match?
—No.
—¿Ni una foto reciente?
—Solo la del perfil.
—¿Y una videollamada?
Adrián guardó silencio.
—No lo había pensado.
—Pues piénsalo. Así sabrás si realmente existe.
Esa idea quedó dando vueltas en su cabeza.
Esa noche, como ya era costumbre, ambos comenzaron a conversar.
Hablaron de sus comidas favoritas, de los lugares que soñaban visitar y de las series que les gustaban.
Después de un rato, apareció un nuevo mensaje.
A. V.: ¿Qué te parece si hacemos una videollamada este fin de semana?
Valeria abrió mucho los ojos.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Si aceptaba, por fin conocería el rostro del hombre con el que hablaba todas las noches.
Respiró hondo y escribió:
Valeria: Me gustaría... pero tengo un poco de vergüenza.
Adrián sonrió.
A. V.: No hay prisa. Solo fue una idea.
Valeria pensó unos segundos.
Valeria: ¿Podemos esperar un poco más? Quiero que el momento sea especial.
A. V.: Claro. No pienso presionarte.
Ella sonrió aliviada.
Cada vez estaba más convencida de que había conocido a alguien diferente.
A la mañana siguiente, Valeria llegó a la empresa con una enorme sonrisa.
Al doblar un pasillo, chocó accidentalmente con alguien.
Los documentos que llevaba salieron volando.
—¡Lo siento muchísimo!
Se agachó rápidamente para recogerlos.
Otra persona hizo lo mismo.
Cuando levantó la vista, encontró los ojos de Adrián frente a los suyos.
Durante unos segundos, ninguno dijo una palabra.
Adrián tomó una de las carpetas y se la entregó.
—Aquí tiene.
—Gracias, señor Velasco.
—¿Está bien?
—Sí... solo estaba distraída.
Él asintió con una ligera sonrisa.
—Procure caminar mirando al frente.
Valeria sintió que sus mejillas se calentaban.
—Lo haré.
Adrián continuó su camino.
Desde el otro extremo del pasillo, Camila Duarte observó toda la escena.
Frunció el ceño.
—¿Desde cuándo el señor Velasco sonríe de esa manera?
Por primera vez, comenzó a sospechar que algo estaba cambiando entre el CEO y la becaria.
Y estaba decidida a descubrir qué era.
Editado: 24.07.2026