A la mañana siguiente, Camila Duarte no podía quitarse de la cabeza lo que había visto el día anterior.
Había trabajado con Adrián Velasco durante años y conocía perfectamente su forma de ser. Siempre era educado, pero mantenía una distancia profesional con todos.
Por eso, verlo sonreír frente a Valeria le resultó extraño.
—Debe ser una coincidencia... —murmuró, aunque en el fondo no estaba convencida.
Mientras tanto, Valeria revisaba los últimos detalles de una campaña publicitaria cuando su teléfono vibró.
Era un mensaje de la aplicación.
A. V.: Tengo una idea.
Valeria sonrió de inmediato.
Valeria: Te leo.
A. V.: Todavía no quiero que revelemos nuestras identidades. Pero... ¿qué te parece si nos conocemos sin saber quién es el otro?
Valeria frunció el ceño, divertida.
Valeria: ¿Cómo funcionaría eso?
A. V.: Podríamos ir al mismo lugar, sentarnos en mesas diferentes y hablar por mensaje. Así compartiríamos el mismo momento sin romper la promesa.
Valeria soltó una pequeña risa.
Nunca había escuchado una idea así.
Valeria: Suena extraño... pero también divertido.
A. V.: Entonces es una cita.
Ella dudó unos segundos antes de responder.
Valeria: Acepto.
Los dos sonrieron al mismo tiempo, sin imaginar que el destino ya tenía otros planes.
Esa tarde, Adrián reunió al equipo de marketing.
—Este sábado asistiremos a una exposición organizada por uno de nuestros clientes. Algunos empleados representarán a la empresa.
Valeria levantó la vista cuando escuchó su nombre.
—Señorita Cruz, usted también irá.
—Sí, señor.
Camila observó la escena con atención.
Otra vez, Valeria estaba entre los seleccionados.
Aquello empezaba a parecerle demasiada casualidad.
Al terminar la jornada, Sofía encontró a Valeria sonriendo frente al celular.
—No me digas... ¿ya hay cita?
Valeria asintió emocionada.
—Sí, pero será muy rara.
Después de escuchar el plan, Sofía comenzó a reír.
—¡Eso parece sacado de una película!
—Lo sé... pero me hace ilusión.
—Solo prométeme que me contarás todo.
—Lo prometo.
En otra parte de la ciudad, Mateo escuchaba el plan de Adrián con la misma expresión de sorpresa.
—¿Van a estar en el mismo lugar y no se van a mirar?
—Exacto.
Mateo negó con la cabeza entre risas.
—Ustedes dos son las personas más complicadas que he conocido.
Adrián sonrió.
—Quizá... pero quiero que las cosas ocurran en el momento adecuado.
Mateo lo miró con una sonrisa.
—Tengo el presentimiento de que ese momento llegará mucho antes de lo que imaginas.
Y, sin que ninguno de los dos lo supiera, la exposición del sábado sería el escenario de una nueva coincidencia que empezaría a cambiarlo todo.
Editado: 24.07.2026