El sábado llegó más rápido de lo que Valeria esperaba.
Después de probarse varios conjuntos de ropa, eligió un vestido color crema, un saco beige y unos zapatos cómodos.
—¿Lista para tu cita misteriosa? —preguntó Sofía con una sonrisa.
—Estoy muy nerviosa.
—Tranquila. Todo saldrá bien.
Al mismo tiempo, Adrián terminaba de arreglarse en su departamento.
Mateo, que había pasado a recoger unos documentos, no perdió la oportunidad de bromear.
—Nunca te había visto tardar tanto en elegir una corbata.
—No estoy tardando.
—Claro que sí.
Adrián soltó una pequeña risa.
—Solo quiero verme presentable.
—Eso significa que esa chica ya te importa.
Adrián no respondió, pero su sonrisa fue suficiente.
La exposición estaba llena de visitantes.
Los empleados de Grupo Velasco atendían el estand de la empresa mientras los clientes recorrían el lugar.
Valeria se concentró en explicar los proyectos a los asistentes.
A unos metros de ella, Adrián conversaba con algunos inversionistas.
Durante toda la mañana estuvieron muy cerca, pero ninguno tuvo tiempo de hablar con el otro.
Al terminar el evento, Valeria recibió un mensaje.
A. V.: Ya terminé. ¿Sigue en pie nuestra cita?
Ella respondió enseguida.
Valeria: Sí. Estoy saliendo de un compromiso de trabajo. Llegaré en unos veinte minutos.
A. V.: Perfecto. Yo también voy en camino.
El punto de encuentro era una acogedora cafetería.
Tal como habían acordado, cada uno se sentaría en una mesa distinta para seguir hablando por la aplicación sin revelar quién era.
Valeria llegó primero.
Pidió un café y eligió una mesa junto a la ventana.
Unos minutos después, Adrián entró al lugar.
Antes de poder buscar una mesa, su teléfono comenzó a sonar.
Era Elena Velasco.
—¿Mamá?
Su expresión cambió por completo.
La llamada era urgente.
Un asunto familiar requería su presencia inmediata.
Adrián miró el interior de la cafetería con decepción.
Sin entrar, escribió un mensaje.
A. V.: Lo siento mucho. Surgió una emergencia familiar y tengo que irme. ¿Podemos intentarlo otro día?
Valeria leyó el mensaje y, aunque sintió un poco de tristeza, comprendió la situación.
Valeria: Claro. Lo importante es que todo esté bien. No te preocupes.
Adrián sonrió al leer su respuesta.
A. V.: Gracias por entenderme. Te debo una cita.
Valeria: Trato hecho.
Guardó el teléfono y salió rápidamente.
En ese mismo instante, Valeria levantó la vista y alcanzó a ver un automóvil negro alejarse de la cafetería.
Le pareció conocido, pero no le dio importancia.
Pagó su café y salió unos minutos después.
Habían estado separados por apenas unos segundos.
Una vez más, el destino había jugado con ellos.
El lunes, de regreso en la empresa, Adrián convocó una reunión para felicitar al equipo por el éxito de la exposición.
—Quiero agradecer el esfuerzo de todos. En especial, el de la señorita Cruz por su excelente desempeño.
Los compañeros comenzaron a aplaudir.
Valeria se puso de pie, un poco avergonzada.
—Gracias, señor Velasco.
Camila observó la escena en silencio.
Cada vez era más evidente que el CEO prestaba especial atención a la becaria.
Y estaba decidida a descubrir el verdadero motivo.
Editado: 24.07.2026