Ceo busca esposa por app. Hizo macht con su becaria: yo

Capítulo 8: Nombres reales

Después de la reunión, Valeria regresó a su escritorio con una mezcla de orgullo y nervios.

No todos los días el CEO felicitaba públicamente a alguien.

—Creo que alguien es la favorita del jefe —bromeó Sofía.

—No digas eso.

—Solo digo lo que veo.

Valeria negó con la cabeza, aunque una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Desde el otro lado de la oficina, Camila observaba en silencio.

Las piezas seguían sin encajar, pero estaba decidida a descubrir qué estaba pasando.

Aquella noche, Valeria abrió la aplicación como de costumbre.

Un nuevo mensaje la esperaba.

A. V.: Creo que ya es momento de contarnos nuestros nombres.

Valeria se quedó inmóvil.

Durante semanas habían compartido secretos, sueños y momentos importantes sin saber realmente quién era la otra persona.

Tal vez había llegado el momento.

Valeria: Tienes razón.

Pasaron unos segundos.

Ninguno parecía atreverse a escribir primero.

Finalmente, Adrián tomó aire y escribió:

A. V.: Me llamo Adrián.

Valeria sonrió.

Le gustaba ese nombre.

Sin pensarlo demasiado, respondió:

Valeria: Mucho gusto, Adrián. Yo me llamo Valeria.

Al leer el mensaje, Adrián se quedó congelado.

Volvió a leerlo.

Y otra vez.

—No puede ser...

Valeria.

¿La misma Valeria que trabajaba en su empresa?

Intentó convencerse de que era una coincidencia.

Pero algo dentro de él le decía lo contrario.

Mientras tanto, Valeria también se había quedado inmóvil frente a la pantalla.

Adrián.

No era un nombre extraño.

Pero automáticamente recordó a Adrián Velasco.

Sacudió la cabeza.

—No. Debe haber miles de Adriánes.

Sin embargo, una extraña sensación apareció en su pecho.

Al día siguiente, ambos llegaron a la empresa con más preguntas que respuestas.

Valeria intentó concentrarse en su trabajo.

Adrián hizo exactamente lo mismo.

Ninguno sabía cómo actuar.

Cuando se cruzaron en el pasillo, sus miradas se encontraron por apenas unos segundos.

—Buenos días, señorita Cruz.

—Buenos días, señor Velasco.

Los dos siguieron caminando.

Pero por primera vez, aquella simple conversación se sintió diferente.

Esa tarde, Adrián recibió un mensaje.

Valeria: Creo que deberíamos decir nuestros apellidos también.

Adrián observó la pantalla durante varios segundos.

Sabía que después de eso ya no habría vuelta atrás.

Finalmente escribió:

Adrián: De acuerdo. Mi apellido es Velasco.

Valeria sintió que el corazón se detenía por un instante.

Sus ojos se abrieron por completo.

Volvió a leer el mensaje.

Velasco.

No podía ser.

No podía ser su jefe.

¿O sí?

Con las manos temblando ligeramente, escribió:

Valeria: Mi apellido es Cruz.

Ahora fue Adrián quien quedó completamente inmóvil.

Ya no había dudas.

La persona de la que se había enamorado durante semanas era exactamente quien pensaba.

Su becaria.

Y la joven que cada día veía en la oficina acababa de descubrir que él era el misterioso hombre con quien hablaba todas las noches.

Ambos observaron sus teléfonos en silencio.

Ninguno sabía qué escribir después.

Porque acababan de descubrir una verdad capaz de cambiarlo todo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.