La mañana del martes comenzó con una fuerte lluvia.
Valeria llegó a la empresa empapada a pesar de llevar paraguas.
—¡Qué clima! —dijo Sofía mientras le ofrecía una taza de café caliente.
—Pensé que el viento iba a romper mi paraguas.
Las dos rieron antes de comenzar a trabajar.
Desde el ventanal de su oficina, Adrián observó la lluvia caer sobre la ciudad. Sin darse cuenta, buscó con la mirada a Valeria cuando la vio entrar al edificio.
Solo sonrió al comprobar que había llegado bien.
Horas después, Camila tocó la puerta de la oficina del CEO.
—Adelante.
Entró con una carpeta en la mano.
—Señor Velasco, estos son los informes que pidió.
—Déjelos sobre el escritorio, por favor.
Camila obedeció, pero antes de salir decidió hacer una pregunta.
—¿Puedo decirle algo personal?
Adrián levantó la vista.
—La escucho.
—Hay personas que podrían aprovecharse de su posición... solo tenga cuidado en quién confía.
Adrián entendió de inmediato que aquellas palabras tenían una intención oculta.
—Agradezco su preocupación, señorita Duarte, pero sé tomar mis propias decisiones.
Camila sonrió con cortesía.
—Solo quería advertirle.
Salió de la oficina, convencida de que el CEO estaba ocultando algo.
Al mediodía, Valeria recibió un mensaje de Adrián.
Adrián: ¿Ya almorzaste?
Valeria: Todavía no.
Adrián: Yo tampoco. ¿Qué te parece si hoy cada uno come con su equipo? Así evitamos levantar sospechas.
Valeria sonrió.
Valeria: Buena idea.
Aunque le habría gustado pasar un rato con él, sabía que era lo más prudente.
Esa tarde, el departamento de marketing terminó un importante proyecto antes de lo previsto.
La gerente reunió al equipo.
—Excelente trabajo. El señor Velasco quedó muy satisfecho con los resultados.
Los empleados aplaudieron.
—Como recompensa, este viernes la empresa organizará una cena de celebración para todos los departamentos.
Al escuchar la noticia, Valeria intercambió una rápida mirada con Sofía.
Una cena con todos los empleados significaba que Adrián y ella tendrían que cuidar aún más cada uno de
sus movimientos.
Al finalizar la jornada, Adrián esperaba el elevador cuando las puertas se abrieron.
Dentro estaba Valeria.
Por un instante quedaron solos.
—Buenas noches, señorita Cruz.
—Buenas noches, señor Velasco.
El elevador comenzó a bajar.
Ninguno dijo una palabra.
Sin embargo, cuando llegaron al estacionamiento y las puertas estaban por abrirse, Adrián habló en voz muy baja.
—Nos vemos esta noche... por mensaje.
Valeria sonrió apenas lo suficiente para que solo él pudiera notarlo.
—Ahí estaré.
Las puertas se abrieron y ambos salieron en direcciones distintas.
Desde el otro extremo del estacionamiento, Camila observó la escena.
No había escuchado lo que dijeron.
Pero vio esa pequeña sonrisa.
Y para ella, esa era una prueba más de que entre el CEO y la becaria existía un vínculo especial.
Esa misma noche, decidió hacer algo que podría cambiar el rumbo de la historia.
Abrió la aplicación de citas donde había conocido a varias personas tiempo atrás.
—Si ellos se conocieron ahí... encontraré la forma de comprobarlo.
Con una sonrisa decidida, comenzó a crear un nuevo perfil.
Editado: 24.07.2026