El viernes por la noche, el salón donde se celebraría el aniversario de Grupo Velasco estaba completamente decorado.
Las mesas estaban listas, la música sonaba suavemente y los empleados comenzaban a llegar.
Valeria respiró hondo antes de entrar.
Llevaba un vestido color verde esmeralda de corte sencillo y un peinado elegante que Sofía había insistido en hacerle.
—Te ves hermosa —dijo Sofía mientras acomodaba un mechón de su cabello.
—Gracias. Espero que la noche transcurra sin problemas.
—Si alguien puede mantener la calma, eres tú.
Las dos entraron al salón.
Minutos después, Adrián llegó acompañado de Mateo.
Vestía un traje azul oscuro que llamaba la atención por su elegancia.
Al entrar, saludó cordialmente a los empleados.
—Buenas noches a todos.
—Buenas noches, señor Velasco —respondieron varios al mismo tiempo.
Valeria lo observó desde la distancia por un instante.
Él también la vio.
Pero ambos desviaron la mirada enseguida para no llamar la atención.
Camila, que acababa de llegar, notó aquel breve intercambio.
—Interesante... —pensó.
La cena transcurrió entre conversaciones, risas y reconocimientos para los distintos equipos.
Cuando llegó el momento de los discursos, Adrián subió al escenario.
—Quiero agradecerles el esfuerzo y la dedicación que demuestran cada día. El crecimiento de esta empresa es posible gracias al trabajo de todos ustedes.
Los asistentes aplaudieron.
—Este año también quiero reconocer a quienes, aun siendo nuevos, han demostrado un compromiso excepcional.
Tomó una pequeña pausa.
—Señorita Valeria Cruz, ¿podría acompañarme un momento?
Valeria abrió los ojos con sorpresa.
Los aplausos la acompañaron hasta el escenario.
Adrián le entregó un diploma de reconocimiento.
—Gracias por su dedicación y excelente desempeño durante su beca.
—Muchas gracias, señor Velasco. Es un honor.
Se dieron un apretón de manos completamente profesional.
Las cámaras de la empresa capturaron el momento.
Camila observaba cada detalle.
No había nada fuera de lo normal.
Y eso comenzaba a desesperarla.
Después de la cena, la música cambió a un ritmo más alegre y varios empleados comenzaron a bailar.
Sofía tomó de la mano a Valeria.
—Vamos.
—No soy muy buena bailando.
—Nadie te pidió que fueras profesional.
Entre risas, ambas se unieron al resto.
Mateo también convenció a Adrián de permanecer unos minutos en la pista junto con algunos directivos.
El ambiente era relajado.
Entonces, el maestro de ceremonias anunció una dinámica.
—¡Ahora elegiremos parejas al azar para el siguiente baile!
Los empleados comenzaron a aplaudir.
Valeria sintió un pequeño nerviosismo.
Uno a uno fueron mencionando nombres.
—Sofía Herrera con Diego Salinas.
Ambos sonrieron.
Después...
—Valeria Cruz con...
Todo el salón guardó silencio unos segundos.
—...el director de operaciones, Alejandro Ferrer.
Valeria respiró aliviada.
Alejandro sonrió con amabilidad y le ofreció la mano.
—¿Me concede este baile?
—Con mucho gusto.
Desde unos metros de distancia, Adrián observó la escena.
Aunque intentó mantener la calma, sintió una inesperada punzada de celos al verla sonreír mientras bailaba con Alejandro.
Mateo, que estaba a su lado, no tardó en notarlo.
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—La de alguien que quisiera estar ocupando ese lugar.
Adrián soltó una leve risa.
—Estoy bien.
—Claro... y yo soy astronauta.
Los dos sonrieron.
Mientras tanto, Camila no dejó de observar la reacción del CEO.
Por primera vez, creyó ver un sentimiento que nunca antes había aparecido en su rostro.
Y esa pequeña expresión fue suficiente para convencerla de que sus sospechas iban por el camino correcto.
La noche aún no terminaba... y alguien estaba a punto de cometer un error que podría poner en riesgo el secreto de Adrián y Valeria.
Editado: 24.07.2026