La música terminó y los empleados regresaron poco a poco a sus mesas.
Valeria agradeció el baile a Alejandro.
—Gracias. Fue muy divertido.
—El gusto fue mío, Valeria.
Ambos sonrieron con cordialidad antes de regresar con sus respectivos compañeros.
Desde su lugar, Adrián respiró con tranquilidad. No había ocurrido nada fuera de lo normal, pero no pudo evitar sentirse un poco incómodo al verla bailar con otro.
Mateo le dio un ligero golpe en el hombro.
—Ya pasó.
—¿Qué cosa?
—Los celos.
Adrián negó con una sonrisa.
—No fueron celos.
—Claro... entonces tampoco miraste la pista durante toda la canción.
Adrián soltó una pequeña risa y decidió no responder.
Al otro lado del salón, Sofía se acercó a Valeria.
—¿Viste la cara del director de operaciones cuando terminaste el baile? Creo que le caíste muy bien.
—Solo fue un baile.
—Lo sé, pero eres muy agradable.
Valeria sonrió.
—No inventes historias.
La fiesta continuó entre conversaciones y risas.
De pronto, el maestro de ceremonias volvió a tomar el micrófono.
—Antes de terminar la noche, el señor Velasco quiere hacer un último brindis.
Todos levantaron sus copas.
Adrián subió nuevamente al escenario.
—Quiero agradecerles por el compromiso que demuestran cada día. Espero que el próximo año esté lleno de nuevos proyectos y éxitos para todos.
Los asistentes levantaron sus copas.
—¡Salud!
—¡Salud! —respondieron al unísono.
En ese momento, Valeria levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de Adrián.
Fue apenas un instante.
Los dos sonrieron con discreción antes de volver a mirar al frente.
Sin embargo, Camila alcanzó a ver ese pequeño intercambio.
No era una prueba definitiva.
Pero para ella, era una señal más.
Cuando la celebración terminó, los empleados comenzaron a despedirse.
Valeria salió junto a Sofía.
—¿Necesitas que te lleve? —preguntó su amiga.
—No, gracias. Pediré un taxi.
Mientras esperaba en la entrada, comenzó a llover con fuerza.
Los pocos taxis disponibles tardaban demasiado.
Desde el estacionamiento, Adrián observó la escena.
Se acercó con total naturalidad.
—Señorita Cruz.
Valeria volteó.
—Señor Velasco.
—La lluvia parece empeorar. Voy hacia esa zona de la ciudad. Si le parece bien, puedo acercarla.
Antes de que Valeria respondiera, Sofía intervino con una sonrisa.
—Sería de gran ayuda. Gracias, señor Velasco.
Valeria no tuvo más opción que aceptar.
—Muchas gracias.
Camila, que todavía no se había marchado, observó cómo Valeria subía al automóvil del CEO.
Frunció el ceño.
—Así que también la lleva a casa...
Sin hacer ruido, subió a su propio automóvil y decidió seguirlos desde una distancia prudente.
Durante el trayecto, Adrián y Valeria mantuvieron una conversación completamente profesional.
Hablaron del evento, del reconocimiento que había recibido Valeria y de los próximos proyectos de la empresa.
Cuando llegaron al edificio donde vivía Valeria, Adrián detuvo el automóvil.
—Felicidades otra vez por tu reconocimiento.
Valeria sonrió.
—Gracias... y gracias por traerme.
Por un momento, ninguno quiso bajar la mirada.
Entonces, Valeria abrió la puerta.
—Buenas noches, Adrián.
Él sonrió.
—Buenas noches, Valeria.
Ella descendió del automóvil y entró rápidamente al edificio para protegerse de la lluvia.
A unos metros de allí, Camila observó toda la escena desde su vehículo.
No había visto nada comprometedor.
Pero ya estaba completamente convencida de que la relación entre el CEO y la becaria iba mucho más allá de lo profesional.
Con una sonrisa decidida, tomó su teléfono.
—Es hora de averiguar desde cuándo empezó todo.
Editado: 24.07.2026