Ceo busca esposa por app. Hizo macht con su becaria: yo

Capítulo 18: Un rumor inesperado

El lunes por la mañana, Valeria llegó a Grupo Velasco de muy buen humor.

El recuerdo de la cita del sábado seguía haciéndola sonreír.

Aunque el beso no había ocurrido, ambos sabían que cada día estaban más cerca de dar ese paso.

—Buenos días —saludó Sofía al verla entrar.

—Buenos días.

—Esa sonrisa dice que la cita salió muy bien.

Valeria asintió.

—Fue mejor de lo que imaginaba.

—¿Y hubo beso?

Valeria negó con una pequeña risa.

—Casi... pero una llamada lo arruinó.

—¡No puede ser!

Las dos comenzaron a reír.

Mientras tanto, en el último piso, Adrián revisaba algunos contratos cuando Mateo entró con una taza de café.

—¿Ya le diste el primer beso?

Adrián levantó la vista y sonrió.

—Casi.

—¿Qué pasó?

—El teléfono sonó en el peor momento.

Mateo no pudo contener la risa.

—Eso parece sacado de una comedia romántica.

—También me dio risa... después.

A unas calles del edificio donde vivía Valeria, una vecina conversaba con el portero.

—¿Viste el automóvil negro del sábado por la noche?

—Sí.

—El hombre que venía manejando me pareció conocido.

El portero pensó unos segundos.

—Creo que es el joven empresario que sale en las revistas... Adrián Velasco.

—¡Ese mismo!

Sin darle importancia, ambos continuaron conversando.

Sin embargo, una mujer que esperaba un paquete escuchó parte de la conversación.

Casualmente, era amiga de una empleada de Grupo Velasco.

Al día siguiente, esa historia llegó a la empresa convertida en un simple comentario.

—Dicen que vieron al señor Velasco por la zona donde vive una de las becarias.

—Seguramente fue una reunión.

—Sí, seguro es una coincidencia.

Camila, que pasaba por el pasillo, alcanzó a escuchar aquellas palabras.

Se detuvo de inmediato.

—¿Qué becaria? —preguntó con aparente curiosidad.

—No sabemos. Solo escuchamos el comentario.

Camila sonrió con discreción.

No tenía una prueba definitiva.

Pero cada pequeño rumor parecía apuntar hacia la misma persona.

Esa tarde, Adrián llamó a Valeria a su oficina para revisar una propuesta de marketing.

Como siempre, la puerta permaneció abierta y la conversación fue completamente profesional.

—Su idea para la campaña es muy buena.

—Gracias, señor Velasco.

—Solo haría un pequeño ajuste en la presentación.

—Lo tendré listo antes del viernes.

—Perfecto.

Cuando Valeria salió de la oficina, Camila estaba al final del pasillo.

Había esperado varios minutos para observar la reunión.

No vio nada fuera de lo normal.

Sin embargo, cuando Valeria pasó junto a ella, Camila habló con una sonrisa amable.

—Felicidades.

Valeria la miró confundida.

—¿Por qué?

—Cada vez recibes proyectos más importantes.

—Solo intento hacer bien mi trabajo.

—Estoy segura de eso.

Camila siguió su camino.

Pero en realidad, aquella conversación solo había sido una forma de observar la reacción de Valeria.

Y lo único que consiguió fue convencerse aún más de que la joven ocultaba algo.

Esa noche, Adrián y Valeria hablaron por videollamada por primera vez desde que descubrieron sus identidades.

Hablaron durante casi dos horas.

Rieron, recordaron su primer match y hasta imaginaron cómo habría sido si se hubieran reconocido desde el principio.

Antes de despedirse, Adrián sonrió.

—La próxima vez no dejaré que una llamada interrumpa ese beso.

Valeria sintió que sus mejillas se sonrojaban.

—Entonces... espero que la próxima vez nadie llame.

Los dos rieron.

Sin saberlo, esa oportunidad llegaría mucho antes de lo que imaginaban.




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