El jueves por la mañana, Valeria llegó al aeropuerto con una pequeña maleta y una carpeta llena de documentos del proyecto.
Era la primera vez que viajaba por trabajo, y la emoción se mezclaba con los nervios.
Al entrar a la sala de espera encontró a Nicolás revisando unos archivos en su tableta.
—Buenos días, Nicolás.
Él levantó la vista y sonrió.
—Buenos días, Valeria. ¿Lista para esta aventura?
—Más que lista.
Poco después anunciaron el abordaje y ambos subieron al avión.
Durante el vuelo repasaron la presentación y realizaron algunos cambios de último momento.
—Creo que ahora está mucho mejor —comentó Nicolás.
—Yo también lo pienso.
Mientras tanto, en Grupo Velasco, Adrián continuaba con sus reuniones.
Mateo entró a su oficina con una taza de café.
—¿Cómo va todo?
—Bien.
—¿Y cómo estás tú?
Adrián sonrió.
—Extrañándola un poco.
Mateo soltó una risa.
—Solo son dos días.
—Lo sé, pero la oficina se siente muy diferente sin ella.
—Eso significa que estás completamente enamorado.
Adrián no respondió.
Su sonrisa fue suficiente.
Al llegar a Monterrey, Valeria y Nicolás fueron recibidos por representantes de la empresa con la que trabajarían.
Después de dejar el equipaje en el hotel, se dirigieron directamente a la primera reunión.
La presentación fue un éxito.
Los clientes hicieron varias preguntas y Valeria respondió con seguridad.
Al terminar, uno de los directivos comentó:
—Nos gusta mucho la propuesta. Esperamos trabajar con ustedes.
Nicolás estrechó la mano del cliente.
—Será un placer.
Al salir del edificio, sonrió.
—Lo hiciste excelente.
—Gracias. Formamos un buen equipo.
Esa noche, después de cenar con los clientes, Valeria regresó a su habitación.
Su teléfono comenzó a sonar.
Era una videollamada de Adrián.
—Hola.
—Hola. ¿Cómo estuvo el primer día?
—Muy bien. La reunión salió mejor de lo que esperaba.
—Sabía que sería así.
Valeria sonrió.
—¿Y cómo va todo en la empresa?
—Más tranquilo de lo normal.
Hablaron durante casi una hora.
Antes de despedirse, Adrián dijo:
—Te extraño.
Valeria sintió una cálida emoción.
—Yo también te extraño.
—Nos vemos muy pronto.
—Falta solo un día.
Los dos sonrieron antes de terminar la llamada.
A la mañana siguiente, Nicolás y Valeria realizaron la segunda reunión del viaje.
Todo salió según lo planeado.
Cuando terminaron, aún tenían algunas horas libres antes de regresar al aeropuerto.
—¿Te gustaría conocer un poco el centro de la ciudad? —preguntó Nicolás.
Valeria dudó unos segundos.
—Solo un rato.
Recorrieron algunas calles, visitaron una cafetería y compraron recuerdos para sus compañeros de la oficina.
Fue una salida completamente profesional y relajada.
Sin embargo, mientras caminaban por una plaza, un antiguo conocido de Adrián los vio por casualidad.
Reconoció inmediatamente a Valeria.
Y, sin pensar mal, decidió enviarle un mensaje a Adrián.
"Acabo de encontrarme a Valeria en el centro de Monterrey. Parece que está pasando un buen rato con el señor Ferrer."
Adrián leyó el mensaje.
Sonrió con tranquilidad.
Confiaba plenamente en Valeria.
Aun así, sintió curiosidad por saber cómo había ido el resto del viaje.
Sin imaginarlo, ese mensaje sería el inicio de un pequeño malentendido que ambos resolverían con una conversación sincera.
Editado: 24.07.2026