Sabía que podía confiar en Valeria.
Después de todo, ella le había demostrado muchas veces que era una persona sincera y dedicada.
Aun así, la distancia hacía que cualquier situación pareciera más grande de lo que realmente era.
Mateo entró a su oficina y notó su expresión pensativa.
—¿Todo bien?
Adrián dejó el teléfono sobre el escritorio.
—Sí. Solo recibí un mensaje sobre Valeria y Nicolás.
Mateo levantó una ceja.
—¿Y ya estás imaginando cosas?
Adrián negó rápidamente.
—No. Confío en ella.
—Entonces no hay problema.
Adrián sonrió.
—Tienes razón.
Mientras tanto, en Monterrey, Valeria regresaba al hotel después de terminar sus actividades.
Su teléfono vibró.
Era un mensaje de Adrián.
Adrián: ¿Cómo estuvo tu tarde?
Valeria sonrió.
Valeria: Muy bien. Visitamos algunos lugares antes de regresar. Compré algunos recuerdos para la oficina.
Después de unos segundos, llegó otra respuesta.
Adrián: Me alegra que hayas disfrutado el viaje.
Valeria notó algo diferente en su mensaje.
No era enojo, pero sí parecía un poco distante.
Valeria: ¿Está todo bien?
Adrián miró la pantalla.
Sabía que debía hablar con honestidad.
Adrián: Sí. Solo me sorprendió saber que salieron a conocer la ciudad.
Valeria entendió de inmediato.
Valeria: Adrián, fue solo porque teníamos unas horas libres antes del vuelo. Todo fue por el proyecto.
Hubo una pequeña pausa.
Adrián: Lo sé. Perdón. No quería hacerte sentir incómoda.
Valeria sonrió.
Valeria: Gracias por decírmelo. Prefiero que hablemos de estas cosas.
Esa noche, durante la videollamada, ambos hablaron con calma.
—No quiero que la distancia nos haga pensar cosas que no son —dijo Adrián.
—A mí tampoco me gustaría.
—Prometamos algo.
—¿Qué?
—Siempre preguntar antes de imaginar.
Valeria sonrió.
—Prometido.
Al día siguiente regresaron a la ciudad.
Cuando Valeria llegó a la oficina, Sofía corrió hacia ella.
—¡Por fin regresaste!
—Te traje un recuerdo.
Sofía sonrió.
—Sabía que no te olvidarías de mí.
Mientras conversaban, Nicolás se acercó.
—Buen trabajo en el viaje, Valeria.
—Gracias. Tú también hiciste un gran trabajo.
Adrián observó la escena desde lejos.
Esta vez no sintió preocupación.
Solo orgullo.
Había aprendido que confiar también significaba dejar que la otra persona creciera y tuviera sus propias experiencias.
Al final de la jornada, Adrián y Valeria se encontraron en una sala de reuniones vacía para revisar algunos documentos.
Mantuvieron la distancia y hablaron únicamente de trabajo.
Pero antes de salir, Adrián sonrió.
—Me alegra que hayas vuelto.
Valeria respondió con una sonrisa.
—A mí también.
Cuando las puertas se cerraron, ambos supieron que habían superado una pequeña prueba en su relación.
Pero todavía quedaban muchos retos por delante.
Porque mientras ellos aprendían a equilibrar el amor y el trabajo, una nueva noticia estaba por llegar a Grupo Velasco.
Editado: 24.07.2026