Los preparativos para la boda comenzaron oficialmente el fin de semana.
Valeria había preparado una lista con varios lugares que podían visitar junto a Adrián.
—Tenemos tres opciones —dijo mientras revisaba su libreta—. Un jardín, una hacienda y un salón moderno.
Adrián sonrió.
—¿Por cuál empezamos?
—Por el jardín.
—Entonces vamos.
El primer lugar estaba a las afueras de la ciudad.
Era un jardín lleno de árboles, flores de distintos colores y un pequeño lago.
La encargada los recibió con amabilidad.
—Bienvenidos. Si gustan, puedo mostrarles todas las instalaciones.
Mientras caminaban, Valeria imaginaba cómo sería la ceremonia.
—Es muy bonito.
Adrián observó el lugar.
—Me gusta que todo sea tan tranquilo.
Llegaron hasta un kiosco rodeado de rosas.
Valeria sonrió.
—Podría imaginar nuestra ceremonia aquí.
Adrián la miró.
—Yo también.
Después visitaron una antigua hacienda.
El edificio tenía grandes arcos de piedra, patios amplios y un hermoso jardín interior.
—Tiene un estilo muy elegante —comentó Adrián.
Valeria asintió.
—Sí, pero siento que es demasiado grande para la boda que queremos.
La encargada les mostró los salones y la terraza principal.
Aunque todo era hermoso, ambos sintieron que no era el lugar indicado.
La última visita fue a un salón moderno.
Contaba con tecnología de última generación y una decoración minimalista.
—Es muy bonito —dijo Valeria.
—Sí, pero...
Ella sonrió.
—Estás pensando lo mismo que yo.
—Le falta ese ambiente cálido que buscamos.
Los dos rieron.
Al terminar las visitas, fueron a una cafetería para descansar.
Sofía llegó unos minutos después.
—¿Entonces?
Valeria respondió sin dudar.
—El jardín.
Sofía sonrió.
—Lo imaginaba.
—Sentimos algo especial desde que llegamos.
Adrián tomó la mano de Valeria.
—Fue el único lugar donde ambos pudimos imaginarnos diciendo "sí".
—Entonces no hay más que pensar.
Al día siguiente regresaron al jardín para confirmar la reserva.
La encargada los recibió con una sonrisa.
—¿Ya tomaron una decisión?
Adrián miró a Valeria.
Ella asintió.
—Sí.
—Queremos celebrar nuestra boda aquí.
La mujer sonrió emocionada.
—Será un honor recibirlos.
Les mostró el calendario de fechas disponibles.
Después de revisar varias opciones, eligieron una fecha a principios de la primavera.
—Es perfecta —dijo Valeria.
Adrián sonrió.
—Será un día inolvidable.
Esa tarde comenzaron a pensar en la lista de invitados.
—No queremos una boda muy grande —comentó Valeria.
—Solo las personas que realmente han formado parte de nuestra historia.
Entre los primeros nombres aparecieron Sofía, Mateo, Elena Robles, Camila, Nicolás y los compañeros más cercanos de la empresa.
Todos habían sido testigos, de una u otra forma, del camino que habían recorrido.
Cuando el día terminó, Adrián y Valeria caminaron una vez más por el jardín donde celebrarían su boda.
El sol comenzaba a ocultarse entre los árboles.
—¿Te das cuenta? —preguntó Valeria.
—¿De qué?
—Hace un tiempo soñábamos con nuestro futuro.
Adrián sonrió.
—Y ahora estamos empezando a hacerlo realidad.
Se abrazaron mientras la brisa movía suavemente las flores del jardín.
Cada paso que daban los acercaba un poco más al día con el que ambos habían comenzado a soñar.
Editado: 24.07.2026